jueves, 8 de enero de 2026

06/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

CARRETERA ARRIBA.

En las primeras horas de la mañana, a la nada de haber amanecido, ya estaban Ansaldo y sus padres en disposición de salir, carretera arriba, hacia sus lares.

Les entretuvo un poco la necesidad de tomar algún alimento reparador de las fuerzas y energías vitales, pues la noche anterior, bajo los efectos de la fuerte emoción de verse reunidos, luego de la ausencia conocida y del incontenible cambio de impresiones, ni nadie sintió apetito, ni nadie se ocupó de satisfacerlo.

Y, tras el entonante refrigerio, tomaron el camino público, ancho, espaciosos y bien cuidado, que los conducía hacia el hogar.

La madre iba a lomos de la borriquilla que poseían y el padre al cuidado de la esposa y guiando al animalejo, en evitación de posibles accidentes. Ansaldo caminaba, al principio, en charla continuada con sus progenitores; algo después, dejados bien atrás los últimos caseríos de la ciudad, al sentir en su rostro las heladas caricias de la brisa mañanera, y aspirar aquel airecillo fresco, sutil y penetrante, sintió en su interior una repentina sacudida nerviosa que le hizo acelerar el paso, adelantándose a sus progenitores.

[De ambientación] “Carretera moderna rodeada de montaña”. Fuente: “freepik.es”. 

-El frío me hace andar de prisa. Me adelantaré. Ya ustedes llegarán- dijo a sus mayores.

-Gasta cuidao; tápate la boca; respira por la nariz; no te fatigues … -Esas fueron las prevenciones que salieron, espontáneas y seguidas, de los labios de la madre, siempre en constante alerta en todo cuanto con el cuidado del hijo se relacionaba.

-¡Cuídate, Ansaldo; que ya no estarás acostumbrao a estos aires, libres, ni a la temperatura de la sierra! -fueron las observaciones del padre.

El hijo, asintiendo mímicamente a las advertencias paternas, comenzó a subir la pina cuesta en acelerada caminata.

La carretera serpenteaba ya entre las cadenas de montañas que se perdían en el horizonte. Abajo verdegueaban los campos, en nacida sementera. A una y otra orilla del camino contiguas al borde exterior de las limpias cunetas, entrelazaban sus ramas, como en caricia fraterna, las primeras encinas, poblando el suelo en todas direcciones. El panorama comenzaba a ser espléndido y pintoresco.

Casi no se veían aves ni caminantes; pero se notaba, no muy distante, el murmullo de las aguas que rodaban, cantarinas y veloces, por el cauce de un arroyuelo. El sol iba inundándolo todo de luz, pero sus rayos apenas calentaban, entibiados por el cierzo matutino. Alguna que otra vez, se interponían nubecillas blanquecinas, como guedejas de lana de borrego, que no le dejaban despedir sus apetecibles rayos, quitando a los mismos fuerza y claridad.

[De ambientación] Un hombre griego que monta un burro, en Amorgos, Gracia. Fuente: “es.dreamstime.com”.

Ansaldo agachaba la cabeza, buscando en las alas del sombrero -ya había abandonado el gorro militar- la defensa del rostro, batido por la brisa, y apretaba el paso, sin reparar en lo pintoresco del paraje. No pensaba nada más que en andar, aunque sentía, acelerados por el esfuerzo que realizaba, los latidos de su corazón, pero no le arredraban: su templanza corría parejas con su fuerza física. Por eso no descansaba. Encerrado en sí mismo, sólo paraba mientes en que carretera arriba estaba el hogar al que había que alcanzar cuanto antes mejor.

Ahora no tenía idea de lo que llevaba ya andado, ni el tiempo empleado en su camino. Pero sabía muy bien que allá arriba, cada vez más cercanos, estaban sus primeros y mejores amores: los suyos, su casa, sus afectos, su cariño, el medio ambiente en que había venido a la vida, que le atraían como al hierro el imán …

Ya divisaba la parte de arboleda que rodeaba, casi, el edificio en que viera la primera luz …

Aquella casita blanca en su fondo de fachada, pulcra en su interior, siempre bien adornada, que constituía un simpático y pintoresco cuadro, digno complemento del bello rincón montañoso de que era vecina, dentro de cuyos muros le aguardaban, desbordantes, el tierno cariño de sus titos, complemento, también, del sentido amor de aquellos padres, por los que acababa de sacrificar, gustosísimo, el regalo, la comodidad y tal vez el risueño porvenir con que la capital en que había residido le podía obsequiar.

CONTINUARÁ CON “LA VENTA DEL RESPIRO”, EL 23 enero 2026. 

*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMORnovela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 39-41Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f.  

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