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viernes, 31 de julio de 2026

20/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

MADRE E HIJA.

«”Es por la mañana. El cielo está claro; el viento, en calma. El sol, levantándose sobre la cresta de las montañas, al par que lo inunda todo con su luz esplendorosa, caldea el ambiente. La temperatura sube al mismo tiempo que se eleva el sol sobre el horizonte, y sus rayos son más perpendiculares.

La madre y la hija han salido a la terraza posterior del edificio, buscando el frescor de la sombra de un emparrado, y se dedican a coser. La madre repasa y prepara para la plancha la ropa que ha poco recogió de los tendederos; la hija la que acaba de confeccionar a máquina.

Durante un gran rato, han hablado de lo que hacen: de confección de prendas de ropa y de costura.

En el momento en que las sorprendemos, callan.

De pronto, el relincho de una caballería, les anuncia la vuelta del profesor de la hija —seguiremos llamándole así, para nombrarle o designarle—, que regresa de la ciudad cercana, a la que había ido, en el quitrín [Carruaje abierto, de dos ruedas, con una sola fila de asientos y cubierta de fuelle. RAE] de la Casa, por “avíos” y “provisiones”.

Las dos abandonan sus respectivas tareas y acuden a recibir los encargos. 

[Ambientación] Madre e hija en interesante y profunda conversación. Fuente: Imagen obtenida con la ayuda de ChataGPT. 

El profesor los va extrayendo de la caja del carruaje y colocándolos en una mesa cercana. Al propio tiempo, va enumerando las compras hechas:

Dos paquetes de velas; dos docenas de pastillas de jabón de tocador; la caja de medias corrientes; los frasquitos de esencia; los cadejos [Madeja pequeña de hilo o seda, RAE] y bobinas de hilo; los seis metros de tela blanca; las especias; los zapatos arreglados; el reloj despertador...

¿Y la sal? ... ¿Y el vino? ...

Llegarán en el carro de Julián, esta tarde. Julián traerá, también, las sacas de harina de “flor” y la cerveza en barriles y en botellas. Solamente falta la expedición de chacina, que esperan que llegue pasado mañana.

Bien, hombre, bien. Nada se te olvida: tan eficaz y completo eres para esto como en todo.

Gracias, señora.

A tí, por tu diligencia y buena voluntad.

Señora, de alguna manera he de pagar sus bondades.

Bueno, hombre, hasta luego.

El profesor mira disimuladamente a su discípula y se marcha a encerrar el cochecillo y a continuar sus ocupaciones mañaneras.

La madre y la hija, una vez hechas cargo de las mercancías, tornan a la terraza y reanudan sus labores.

María está preocupada. Su ánimo está en más cuidado que en otras ocasiones. De allí atrás, acudía sola a recibir los encargos y aprovechaba la coyuntura para charlar a solas unos momentos con su galán. Ahora la madre no la dejaba ni a sol ni a sombra: la seguía y acompañaba a todas partes ...

Cosen, sin hablar apenas. La preocupación de María se acentúa a medida que piensa en la contingencia que embarga su ánimo. Llega a ponerse nerviosa y, aunque dominándose por la energía de su férrea voluntad, se decide a hablar y dice, aparentando una calma que no tenía:

Me celas sin ningún disimulo, madre. ¿Tan poca confianza merece ahora tu hija?

¿Qué dices, muchacha?

Digo lo que escucharás ahora mismo, sin rodeos de ninguna clase.

¡Hola, hola! ... ¿Tú también? ...

Sí, madre: desde que Ansaldo volvió, repuesto de su aparatosa indisposición, y empleaste a la madre, que me vigila tan a la descubierta que se necesita ser necia o estar tonta para no darse cuenta. No puedo reprochártelo porque eres mi madre, pero sí me veo precisada a hacerte ver que con ello me honras bien poco.

To lo que haga una madre por el bien de su hija es insuficiente.

Pero ... procediendo así, ¿me haces algún beneficio? Yo entiendo lo contrario.

La juventud es ciega y no ve los peligros que la rodean.

Yo no sé qué peligros puedan estar tan cerca de mí.

Tú no los ves; pero tu madre los vislumbra y quiere evitarlos.

Desearía conocerlos para ayudarte en esa meritoria labor. 

[Ambientación] El profesor descarga parte de la compra de suministros para la Venta. Fuente: Imagen obtenida con la ayuda de ChataGPT. 

Aunque estés bastante desarrollá, eres aún una niña y tu edá es todavía la de las ilusiones. Cuando se es joven no se ve la verdadera realidá de las cosas y sin proponérselo pué emprenderse un camino que no conduzca na más que a un precipicio, por el que fácilmente puea una rodá. Las madres, que sabemos de las cosas del mundo más que los hijos, estamos en la ineludible obligación de prevení esos peligros, pa poderlos evitá. Ahí ties explicao to eso que tanto te extraña.

Pero, madre, ese peligro de que hablas, caso de existir, ¿ha nacido en unos días?

Si no ha nacío tan cercano, de poco tiempo acá lo he visto claro.

Desde el bocinazo de lo de Ansaldo: celos de ese mentecato y de la bruja de su madre, tan metidos en una ilusión que no verán nunca realizada.

En que le hagas o no caso a Ansaldo, no pueo yo meterme: allá tú con tus razones. Pero en que pueas dejarte ir del encantamiento de un desconocío, que él mismo confiesa que no sabe quiénes fueran sus padres ...

¡Dios mío! Ya veo claro: todos conjurados contra ese infeliz, cuando todos reconocen al primer instante la nobleza de sus sentimientos, la bondad de su corazón, lo limpio de su proceder. Intriga de la envidia y del despecho, porque ven que es más merecedor que todos juntos ...

¿Eh, eh? ... ¿Tanto te interesa? ...

Me interesa sencillamente como puede interesar un desvalido, digno de toda ayuda y protección por su saber y por su comportamiento.

Pues a mí lo que más me interesa es la honra y el porvenir de mi hija; su bienestar, su buen nombre y su felicidá. Por eso estoy resuelta a impedí to lo que puea estorbá esa finalidá

[Ambientación] María analiza, algo decepcionada, el resultado de la conversación con su madre. Fuente: Imagen obtenida con la ayuda de ChataGPT. 

María no ha contestado. Le ha desagradado profundamente el resultado de aquella conversación, de la que se figuró sacar mejor partido, y ha optado por callar. La madre tampoco ha añadido ninguna otra manifestación. ¿Para qué más claridad en sus decisiones? El diálogo entre la madre y la hija se ha dado implícitamente por terminado.

La madre, interiormente inquieta, piensa en el calor de la defensa que del profesor ha hecho su hija. Su mente, se pregunta:—¿Tendrá razón la comadre? ... Aquella explicación de que del roce nace la inclinación; que de ésta sale la simpatía; que la simpatía engendra el afecto; que de éste se salta fácilmente al queré, y del queré a la pasión de amor, ¿iría teniendo realidá en el caso del profesor y su hija? ... ¡Tendría que ver! Pero ... no. Ella no había observado nada anormal en las naturales relaciones de ambos. ¿Serían cosas de la comadre? ¿Estaría la razón de parte de su hija? ... ¡Qué confusión la de su mente! ... Por sí, o por no, resolvió extremar la vigilancia de que los hacía objeto, y si con la medida no evitaba lo que hubiera habido de aquellas relaciones, si algo hubiere habido, al menos estorbaría lo por haber en lo sucesivo. Esta reflexión la tranquilizó algo, permitiéndole darse cuenta de la cercanía de la hora del almuerzo, por lo cual expresó:

¡Ah! Se acerca la hora del almuerzo, niña. Recojamos la costura y pongámonos en disposición de comé.

La hija, luego de recoger su costura y de tapar la máquina en que trabajaba sus labores, se ha retirado a sus habitaciones particulares, mientras no está servida la comida; la madre arregla, para el almuerzo, la mesa privada del comedor, desde cuya pieza, contigua a la de la hija, no pierde de vista a la misma.

Ésta, sentada en la calzadora [Taburete bajo o butaca que se emplea para sentarse. RAE] cercana a la cabecera de su lecho; apoya la cabeza en la palma de la mano, como si dormitara, y piensa con angustia en todo el amor que siente por su profesor, a quien quiere con toda la fuerza de su primer amor ... Piensa, también, en la recién descubierta oposición de su madre a su pasión amorosa; en el desagrado y profundo descontento con que la recibiría, si la descubriera; en la imposibilidad absoluta de intentar, siquiera, su disminución … ¡Oh! ... Eso nunca. ¡Nunca! Y en la necesidad de disimularla, por el pronto, mientras que el tiempo no ofreciera ocasión de ir convenciendo a la que le llevó en sus entrañas.

En esta preocupación de su ánimo, sólo acertó a proveer la decisión de extremar el disimulo de su amor y la de urdir a toda costa el medio de avisar a su amado, a fin de afrontar en común los nuevos peligros que amenazaban la exteriorización de aquel mutuo y amargo querer.

Véase por qué circunstancias tan especiales, dentro de la vulgaridad general, vivían tan lejos de la felicidad terrenal los miembros de estas familias que, para los que desconocieran la polilla que carcomía su interior, pasarían seguramente por los más en posesión del bien deseado.”» 

*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 133-138. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f. 

domingo, 12 de julio de 2026

19/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

ENSEÑANZAS. y 2ª PARTE

«”Al llegar a esta parte de la lectura, la interrumpe el profesor, indicando un descanso. La madre de la discípula interviene, haciendo la interrogación:

¿Estás cansá, hija mía?

No, mamá; de leer no me canso tan fácilmente, y, mucho menos, si la lectura es tan curiosa, instructiva y tan sustanciosa, como la que he interrumpido. ¿Te gusta, papá, tan inclinado a la arboleda?

Lo que de ella comprendo, me resulta la mar de interesante, despierta en mí curiosidá y acentúa esa afición que has nombrao.

Pues entonces, sigo.

Y en efecto, continúa leyendo:

La primera observación que hay que hacer es que la incipiente encina ha verdeado en su extremo superior, mientras que en la parte inferior continúa siendo blanca.

En experiencias consolidadas, ha quedado demostrado que esas partes blancas exhalan ácido carbónico durante la germinación. Exhalar ácido carbónico es quemar, arder. Luego allí ha habido una combustión, una combustión de los elementos hidrocarbonados de que se compone la albúmina, hasta el punto de que alrededor de la semilla en germinación, se opera a veces un desprendimiento calórico. La parte inferior desprende, pues, ácido carbónico. Por otra parte, se ha reconocido que la parte superior, verde, tiene el poder de asimilarse el carbono de la atmósfera y exhalar oxígeno. 

[Ambientación] Los padres de María no caben en sí al oir la correcta lectura de su hija María. Fuente: Imagen obtenida por ChatGPT. 

En la plántula encontramos, pues, dos fuerzas opuestas: una que tiende a quitarle carbono a la semilla y otra que contribuye a proporcionárselo, constituyendo esta acción uno de los fenómenos más notables y curiosos que se realizan en la germinación. Mientras la parte superior respira ya de la misma manera que el vegetal adulto, la respiración de la raíz se asemeja a la de los animales.

Ya tenemos la plántula respirando por su parte verde; esto es, por las hojas que, muy pequeñas y arrugadas en un principio, se dilatan, luego, en el aire, realizan en él sus funciones y participan de todos los privilegios de la vida atmosférica.

...

Antes de seguir en la atmósfera a este tallo que acaba de tomar posesión de ella, permanezcamos un instante en las regiones tenebrosas en que se va a desarrollar la raíz, y a formar, con sus ramificaciones innumerables, una cabeza subterránea análoga a la cima que, en el espacio, ensanchará su copa con la multiplicación anual de las ramas y de las hojas.

La prolongación inferior del tallo; es decir, la parte de la planta que se hunde en la tierra, es el tronco botánico. La raíz, o raíces, son los órganos laterales o apendiculares que emanan del tronco y de sus principales ramificaciones, en forma de fibras más o menos delgadas y alargadas. Estas fibras cilíndricas, simples o ramosas, que terminan en una extremidad redondeada y porosa llamada espongiola [o cofia], forman por su extremidad la cabellera de la raíz y representan exactamente el follaje aéreo, así por su disposición general, como por su renovación periódica.

La raíz del árbol, pata y chupador a un mismo tiempo, extiende y multiplica sus ramificaciones, que, con sus apretones, consolidan el tallo en el suelo y aspiran de él principios de nutrición hechos asimilables por el agua: vehículo universal de la creación.

Las raíces, por medio de sus espongiolas y de las células permeables de que se componen sus tejidos, absorben líquidos, que, cargados de amoníaco, de ácido carbónico y de substancias minerales disueltas, proporcionan a la célula y a los tubos vasculares de la planta combinaciones nitradas, descomposiciones de elementos terrosos o metálicos; principios hidrocarbonados y materias salinas. Estos diversos materiales inorgánicos, que a consecuencia de curiosos fenómenos de química vegetal son asimilados por los tejidos y se convierten así en elementos de vida orgánica, se elevan en los canales del tallo, son arrastrados por un líquido cuyo papel y capital importancia son de todos conocidos: la savia.

¿Cómo sube esta savia?

A esta interrogación, cuestión de las más importantes y complejas de la botánica, han respondido los fisiólogos con diversas hipótesis: sube por endósmosis, por capilaridad o a consecuencia de la atracción que desde arriba ejercen los órganos de la exhalación. 

[Ambientación] Todo se reduce a dar una buena impresión de los avances en la lectura de María. Fuente: Imagen obtenida por ChatGPT. 

La endósmosis consiste en la atracción ejercida en un líquido por otro líquido más denso que el primero. El agua gomosa encerrada en una vejiga, que se sumerge en agua pura, atrae a esta última y la hace penetrar en la disolución de goma. Este fenómeno es la endósmosis.

Los tejidos vegetales se componen, primitivamente, de células contiguas. Más adelante, estas células superpuestas producen tubos o vasos por la destrucción de paredes intermediarias.

...

La densidad de los líquidos encerrados en las células va creciendo a medida que se elevan en el tallo, de lo cual resultará necesariamente que las moléculas de agua casi limpias que proporcionan las raíces se verán obligadas a subir de célula en célula, en razón de su densidad, y he aquí la endósmosis en lo vegetal.

Es muy sabido que un tubo estrecho, del diámetro de un cabello (capillus, de donde nace capilaridad), tiene la propiedad de hacer subir entre sus paredes los líquidos en los que se sumerge por su base. Aplíquese a los tubos capilares formados por la aglomeración de las células vegetales esta propiedad de los tubos capilares y se comprenderá que la ascensión de la savia que se transmiten de una a otra las células adyacentes, se verá singularmente favorecida por la misma forma de los tubos de este tejido.

...

Pero como la capilaridad de por sí sola es impotente para explicar este fenómeno, hay que recurrir a la tercera hipótesis: a la atracción que ejercen las yemas, las hojas y aun la corteza de las ramas tiernas. Sucede, en efecto, que todas estas partes verdes, a causa de los innumerables poros con que está perforada su epidermis, son asiento de una evaporación considerable. De ahí resulta, por una parte, un espesamiento del líquido de las células, que redobla la actividad de la endósmosis y, por otra, la formación de vacíos que, en cuanto quedan llenos, por una cantidad proporcional de savia quitada del tallo, determinan, paso a paso, un flujo ascensional, a cuyas exigencias debe subvenir la raíz, por una nueva y enérgica succión de los líquidos subterráneos.

Pero no bastan estas tres hipótesis. Debe haber, a buen seguro, una fuerza que si se quiere se puede llamar dinámica vital, fuerza misteriosa cuya intensidad, aunque imperfectamente conocida, se manifiesta en todos los fenómenos de organización, y viene, por incontestables influencias, a acabar el efecto de las causas físicamente apreciables, completando y haciendo fecunda la armonía de los diversos elementos que la vida hace mover. 

[Ambientación] Esquema de parte de la lección de botánica leída por la discípula. Fuente: Imagen obtenida por ChatGPT. 

Opérase, pues, periódicamente, la ascensión de la savia en el tallo de la encina, por el concurso simultáneo de estas diversas fuerzas —endósmosis, capilaridad, atracción de las partes verdes, dinámica vital—, de manera que si nuestra mirada, atravesando la dura corteza del tronco, la capa liberiana y las primeras zonas de albura, pudiese penetrar en su interior, veríamos, durante la primavera, en ese tronco macizo e inerte en apariencia, millones de células y de tubos que, trabajando cada uno en su función, aspiran, atraen, destilan, transmiten y contribuyen respectivamente a la obra inmensa de la circulación vegetal.

La savia circula. Después de haber subido es menester que descienda y desciende.

Enriquecida con todas las materias que ha disuelto y se ha incorporado en su trayecto ascensional, ha llegado hasta las superficies superiores y, gracias a la porosidad de las mismas, se encuentra en contacto inmediato con el aire atmosférico. Allí se realizan fenómenos de alta química vegetal.

Bajo la influencia de una verdadera respiración, la savia cambia de naturaleza: se convierte en savia elaborada o descendente, y, en seguida, completamente organizada, opera una marcha hacia abajo. Ha subido por los tejidos internos del tronco y baja a través de los tejidos de la superficie; esto es, entre el leño y la corteza, depositando allí, con el nombre de cambium, masas de materias que, puestas en obra por las fuerzas plásticas de la vegetación, se convierten en elementos de dos nuevas capas anuales, una de madera y otra de corteza.

Después de haber partido de la raíz, vuelve la savia a ella, y así es como se realiza lo que se ha convenido en llamar la circulación vegetal.

...

Del cuello de la raíz, cuya importancia orgánica nos queda conocida, han partido dos corrientes de vida, dos emisiones de haces que a consecuencia de una transformación del tejido celular, se alargan, los unos de arriba hacia abajo; los otros, en sentido contrario.

...

Sobre el eje, que persiste, se forman mamelones, de donde emergen ramas y ramas. El eje primitivo, al mismo tiempo que se alarga, por el desarrollo de su yema terminal, se acrecienta en espesor. En un corte transverso, se vería que ha producido una capa de madera en el exterior de los haces leñosos, y una capa cortical, en el interior de la corteza del primer año. Iguales producciones se registran al año siguiente y en los sucesivos, en la encina, durante siglos”. 

[Ambientación] María y el profesor. Fuente: Imagen obtenida por ChatGPT. 

El profesor ha notado reiteradamente que la discípula, a la par que domina cada vez más la lectura, consigue eficacia de entonación, ajustándola a la dicción natural. Ha notado, asimismo, que “construye” rápidas oraciones, logrando “pasar” hábil y disimuladamente lo obscuro y menos comprensible para el “oyente”, mientras “entra” con impecable limpieza en lo claro y substancial de lo que lee.

Todos los acentuados progresos de su “alumna” inundan su pecho de íntima satisfacción, y como no puede expresarlo de otro modo sin descubrir la llama que le quema el alma, se limita a exteriorizar discreta sonrisa.

En esta ocasión, estima cansada a la “alumna”, debido a la mayor extensión de la lectura. Por ello, aprovecha el límite del desarrollo de la misma y exclama, dirigiéndole blanda y tierna mirada, solamente comprensible para su amor:

Basta, María; estarás fatigada.

La discípula suspende la lectura y mira, sonriéndose, a su padre, como interrogándole. Este muestra en su semblante el placer que le produce conocer a su hija tan instruida y la agradable sensación que le ha producido el tema de la lectura, tan en consonancia con sus predilecciones por la arboricultura.

Las dos comadres, que han permanecido calladas y observadoras, rompen el mutismo, manifestándose por la madre de la “educanda” a la de Ansaldo:

No podía usté decir que no. ¡Qué primó! Leyendo parece enteramente que está hablando.

A lo que la aludida contesta, suspirando:

¡Ay! ... Es verdá, es verdá. Pero ... ¡qué lástima! ...

El padre interrumpe el diálogo femenino, con el pensamiento puesto aún en su afición predilecta, preguntando al profesor:

Bueno, vamos a : ¿Y qué dice el libro, de las bellotas? También debe hablá de la maera, que es de las mejores.

Sí, señor —contesta el profesor, dándose por aludido—. Habla de ello bastante; pero si le parece bien, como María está ya cansada y es tan tarde para no reanudar nuestras faenas, lo dejaremos para otro día.

Es verdá, muchacho. ¡Cómo se va el tiempo! Dices muy bien. A la tarea. Mañana será otro día.”» 

*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 119-131. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f. 

sábado, 11 de julio de 2026

19/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

ENSEÑANZAS. 1ª PARTE

«”PUEDE decirse que es todavía por la mañana, porque falta algo más de una hora para que den las doce, esa parte de las 24 del día solar en que, por hallarse el Sol en el punto más alto de su elevación sobre el horizonte, parece como que divide el tiempo que dura su claridad sobre el mismo en dos mitades: mañana y tarde.

Las faenas de preparación, aderezo, condimento y servicio de las comidas, se realizan ahora, en la Venta, con más rapidez, prontitud y puntualidad que nunca. Esta innovación la ha implantado la diligencia de la madre de Ansaldo, dedicada exclusivamente a esos menesteres. Debido a ello, no son aún las once de la mañana y el servicio ha quedado totalmente cumplido.

Esta sobra de tiempo, suele aprovecharse principalmente para las enseñanzas que recibe María. Así suelen presenciarlas sus padres y hasta la propia madre de Ansaldo.

Esta vez están todos los nombrados, con el profesor y la discípula, delante de la Venta, allá de la carretera, bajo la sombra protectora de unas corpulentas encinas, cuyas extensas copas, en perenne frondosidad, producen aquélla, bastante grande y completa.

Pasan las diarias reglas aritméticas y gramaticales, que nadie interrumpe. Continúan, en la forma alterna que corresponde a la fecha, particularidades de la Doctrina Cristiana y de Urbanidad, ésta por María [Atocha] Ossorio y Gallardo [1], cuyo texto “Las hijas bien educadas” ha sido adquirido. Siguen escritura al dictado y lectura en alta voz.

[Ambientación] Portada del libro mencionado, “guía práctica para uso de las hijas de familia”. Fuente: “todocoleccion.net”. 

Calladamente, se observan con sorpresa y placer los notables aprovechamientos de la discípula, sus rápidas asimilaciones y las dotes, poco comunes, de su gran aptitud. No dejan de admirarse, fuera como fuere, la capacidad, la ilustración y los grandes conocimientos del profesor.

El padre de María, se ve que, no muy versado en las materias que constituyen las enseñanzas del día, tiende a dormitar. No lo consigue porque cuando la somnolencia se va pronunciando, su hija ha comenzado a leer con grata entonación, voz melodiosa y clara dicción, “La fisiología del árbol”, por don Alfredo Opisso y Viñas [2], tema que, por sus grandes aficiones empíricas a la arboricultura, ha llamado su atención, prestándole todo su interés, por recaer la descripción en la encina, de la que siempre ha sido tan enamorado.

La educanda lee y el padre, con los demás, escucha atentamente:

Quinientos, cuatrocientos años atrás, caería en tierra una bellota. Arrojada al polvo por una ráfaga de viento, esperó allí, por algún tiempo, la lluvia y, después, un rayo de sol. Cayó la primera, rasgaron las nubes los rayos del sol, y en el fango tibio en que estaba sepultada la bellota, el pie distraído del leñador, del cazador o del gañán, o el picotazo de un ave, dieron principio a una serie de fenómenos, curiosos como no hay otros: los de la germinación. 

[Ambientación] Alfredo Opisso. Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. 

En la transición, sea cual fuere la escuela a que se pertenezca, hay una serie de preguntas, desde la preexistencia embrionaria al nacimiento, a las cuales no puede hoy responder la ciencia. Pero, a pesar de ello, ha podido hacerse un importante descubrimiento: la analogía existente entre la semilla y el huevo, lo mismo en la composición química como en las funciones.

Una semilla es un huevo vegetal, y los fisiólogos han podido encontrar en ciertas semillas albura, correspondiente a la clara del huevo, y vitelio, correspondiente a la yema. De este vitelio —tejido microscópico, contenido en el saco embrionario— surge una vida nueva bajo la influencia de la incubación. Esta incubación —múltiple en sus resultados— es una en su causa efectiva. Acá tiene efecto en los flancos del mamífero; allá, bajo el ala del pájaro; acullá, en el terreno que el sol calienta. Pero lo mismo en la semilla que en el huevo, y lo mismo en las primeras células del feto, se producen fenómenos análogos.

En el centro de los inertes tejidos del embrión vegetal, que en ciertas circunstancias, como en los famosos granos de trigo de los hipogeos de Egipto, donde yacen momias milenarias, hubieran podido conservar por años, y aun por siglos, la facultad germinativa, se despierta una potencia, empieza una evolución.

¿Cómo ha salido la encina de la bellota? ... Muy lejos hay que remontarse para descubrirlo. Hay que ir a buscar la explicación en medio de los tejidos mismos de la semilla, la famosa célula primera, viviente, de cuyo seno ha salido ese coloso de cinco siglos que va superponiendo, por pisos, los opulentos macizos de su poderoso ramaje.

La célula viviente a que nos referimos, llamada vesícula embrionaria, que en un principio estaba formada de una materia granulosa, se ha ido llenando poco a poco de nuevas células internas que, por sucesivas segmentaciones, han acabado por formar un pequeño cono liso, redondeado y mamelonado. Entonces es cuando en este cono se va operando una maravillosa multiplicación de fuerzas. De una unidad primitiva, habrán salido elementos diversos. 

[Ambientación] La discípula y el profesor departen sobre botánica en el interior de la Venta. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

En medio de esta bellota, cuyas células todas se nos ofrecen, en apariencia, perfectamente iguales, se opera una especie de bifurcación, cuyo resultado inmediato es la formación de una doble corriente de vida. Mientras la una sube hacia la atmósfera, la otra se hunde en las profundidades del suelo. A la primera de estas corrientes, pertenecerá el tallo; a la segunda, la raíz.

A ambos lados de la bellota, había los rudimentos de las dos primeras hojas, que se llaman cotiledonarias. En el centro está la gémmula; esto es, el germen. Debajo, una parte adelgazada que ha servido de elementos comunes para el tallito y la radícula. El todo constituía una plántula: la miniatura de la encina.

El tejido celular se ha organizado. Todos los utrículos, desempeñando sus funciones especiales, han entrado en la evolución vital. Bajo la influencia de esta fuerza plástica que se extiende desde la más ínfima molécula a la organización de las esferas, en el seno de las nebulosas, se han dedicado, las unas, a llenar su propia cavidad de substancias nutritivas; las otras, a alargar sus vasos tubulares. Éstas, a subir por el tallito; aquéllas, a bajar hacia la radícula. De manera que a una y a otra parte de una línea interna de demarcación, se han agrupado los elementos constitutivos de los dos grandes sistemas de que se compone todo vegetal.

Esta línea de demarcación, verdadera superficie matemática que el naturalista francés Lamarck [3] designó con la expresión de nudo vital, se la llama hoy cuello de la raíz. En ella se encuentra la doble base de los dos sistemas, de los dos ejes de que se acaba de hablar y que, semejantes a dos pirámides oblongas y simétricas, se extienden, la una, hacia la atmósfera, donde representa la parte aérea, y, la otra, hacia el suelo, donde constituye la parte radicular. 

[Ambientación] Jean-Baptiste de Lamarck, 1802, por Charles Thévenin. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. 

Cada una de estas dos pirámides, tiene trazado su camino y obedece a una tendencia cuya impresión nada puede vencer ni burlar: la misma obstinación despliega la una en ahondar en la tierra, que la otra en ascender hacia el cénit de la luz. Partes análogas de un mismo vegetal, especie de columna vertebral, sólo tienen de distinto las tendencias, que las obligan respectivamente a subir y a bajar.

PRIMUM VIVERE, esto es, hay que vivir. Por lo mismo, la primera en salir de la bellota ha sido la radícula. De su cubierta reblandecida y, después, desgarrada a consecuencia de la hinchazón de los tejidos interiores, se ha escapado, ávida, impaciente de vivir. Ganchuda, de un color blanco amarillento, cubierta de un ligero vello y tocada con una capa protectora, que, en recuerdo del pileo griego, se ha llamado pileorriza, se ha dirigido inmediatamente hacia la tierra.

Pronto se modifica su aspecto. Mientras su extremidad se alarga y la base se reviste de una coloración más obscura pierde una parte de los jugos acuosos que le daban aquel color blanco y aquella consistencia blanda. Sus pelos se desecan; recubren su epidermis nuevas papilas, con innumerables chupadores; raíces jóvenes, armadas de espongiobas, van buscando provisiones desde todas partes. Difícil dar idea de tan precoz voracidad; pero no es para ellas lo que tan ávidamente buscan:

es para el tallito, que, por su parte, va subiendo famélico y reclamando al aire y a la tierra, agua, gases y jugos.

¿Cómo hallarlos? ...

Ni la atmósfera ni el suelo pueden ceder a esas exigencias.

[Ambientación] Primeras fases del nacimiento de una encina. Fuente: Imágenes ofrecidas por ChatGPT. 

La plántula, para vivir vida completa y súbita, debería echar mano de la una y del otro; absorber, arriba, los fluidos aeriformes; abajo, aspirar alimentos más substanciales. Les serían menester hojas y raíces y esto es aún prematuro, puesto que éstas apenas han podido hundirse en la tierra y menos aún la extremidad de su tallito ha comenzado a verdear al contacto de la atmósfera.

La situación, pues, de nuestra encinilla sería sumamente precaria si la naturaleza no hubiera zanjado el peligro del momento crítico, promoviendo el más maravilloso de los expedientes.

El reino vegetal, como el animal, posee su fase de lactancia: la fase cotiledonaria.

A una y otra parte de la planta, hay dos depósitos, dos vasos, dos escudillas (esto significa la palabra cotiledón), llenos de una substancia albuminosa. Esta substancia, dura en un principio, se reblandece bajo la influencia de la humedad y ... hace aun más: se licua, a consecuencia de una descomposición química que provoca la germinación y, en este estado de licuefacción, casi completo, es absorbida por la joven encina. Cada una de las mitades de la bellota, resulta, pues, una verdadera nodriza del arbolillo, que, lactado de esta suerte, durante algunos días, se desarrolla prontamente, encontrando, gracias a sus raíces más robustas y a sus hojas nuevamente formadas, la fuerza suficiente para proveer a sus necesidades crecientes, poniendo a contribución en lo sucesivo el suelo y la atmósfera.

¿Qué acaba de pasar en este tallito que, destetado de su vida cotiledonaria, empieza a vivir la gran vida atmosférica?…” ”» 

NOTAS DEL TRANSCRIPTOR: [1] María Atocha Ossorio y Gallardo (1876-1938), periodista y escritora española. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.  // [2] Alfredo Opisso y Viñas (Tarragona, 1847 – Barcelona, 1924), médico, militar, botánico, periodista, escritor, crítico de arte, historiador y traductor español. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.  // [3] Jean-Baptiste-Pierre-Antoine de Monet, caballero de Lamarck (Bazentin, 1 agosto 1744 – París, 18 diciembre 1829), naturalista francés. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. 

CONTINUARÁ CONENSEÑANZAS”, 2ª parte, el 12 julio 2026. 

*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 119-131. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f. 

sábado, 27 de junio de 2026

18/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

VIGILANCIA ACOSANTE. y 2ª PARTE.

«” [Interrumpiéndole] Sí: una niña que cumplió hace ya varios meses, diez y ocho años y que, desarrollá y saludable como está, aparenta mucha más edá.

-Siempre se ha dicho que las apariencias engañan y, aunque, efectivamente, parece aventajá, la verdá es la verdá.

-Eso mismo digo yo también, comadre mía. La verdá es que su niña es ya pa toos casaera; la verdá es que Ansaldo la tié metía del en el alma; la verdá es que es muy difícil, por no decí imposible que puea encontrá otro que la quiera más que él, y ... la verdá, aunque amarga y triste, bien triste pa Ansaldo y pa mí es que aquí, entre nosotras, por conocernos toos y por conocé al mundo, sabemos, también, que en la maera de los que por aquí convivimos hay ya entrometía una cuña de otra extraña, que tó el mundo ignora del árbol que salió; que nadie hace por apartarla, impidiendo que llegue a embutirse de manera que no se quee incrustá del tó. Y toos sabemos, del mismo modo, que del roce nace la inclinación; que de ésta sale la simpatía; que de la simpatía se pasa al afecto; que de éste se salta al queré; que del queré a la pasión de amor no hay na más que un pelo de distancia y que de la pasión por uno se deriva el desplazamiento definitivo del otro. De donde resulta que si se tolera y consiente al primé eslabón de esa caena, es señá de que se está dispuesto a admití a toa ella, con sus disgustos, con sus penalidaes, y con sus esabrimientos.

-¿To ese discurso ceremonioso pa desembuchá los celos de la madre uníos a los del hijo? ...

-Celos ,no. Penetración en las cosas del viví: experiencia.

O inquietud y recelo de que vuestras ilusiones puean verse frustrás ... El gusto y la voluntá de los hijos no se deben torcé. Yo no los tuerzo, aunque de eso a las exageraciones que ustés quieren va un mundo de distancia. Que mi hija quisiera casarse así como así con un cualquiera, trataría de evitarlo. Más: pondría en mi empeño el de que siquiera llegara a enamorarse. De ello no hay dúa alguna. Pueo asegurarlo solemnemente; pero estorbá ni impedí que se instruya lo posible, como está sucediendo, y que aprenda tó lo bueno que se rodee, no soy yo la que lo evite.

-¿De modo, comadre mía, que está usté dispuesta a impedí que su niña puea enamorarse de un cualquiera, aunque su labia sea mucha y hasta grata de escuchá? …

-Conozco la verea por donde usté camina, comadre, pero le vuelvo a asegurá que sí, que intentaría evitarlo.

-¡Gracias, Dios mío! ... ¡Bendita sea tu Soberana voluntá! ¡Comadre de mi alma, venga un abrazo! Así. Con lo que ha prometío y sé que cumplirá, hay por ahora bastante. ¡Tranquilízate, pecho mío! Ya pués respirá con libertá. El bálsamo que sobre ti han derramao, ha calmao toa tu ansiedá y tus temores.

-Pero, comadre, ¿así andaban esos calores? …

-Hechos toos un puro ascua candente.

-¡Qué atrocidá!

-No tanta. Usté es madre y sabe como otra too lo que duele un hijo.

-Sí, pero esa vehemencia …

-Es hija legítima de una realidá.

[Ambientación] Larga y sincera conversación entre las dos comadres, con el tema de fondo de sus hijos. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

En el prolongado diálogo -mera exteriorización de un estado de ánimo- se ha consumido un tiempo mermado a los habituales quehaceres. Pero ni una ni otra dialogante lo han sentido. Por el contrario lo han dado por bien empleado, puesto que les ha despejado una situación embarazosa. Verdad que en algunas ocasiones, la conversación se mantuvo en un terreno resbaladizo y peligroso para la vieja amistad que unía a las dos familias. Mas también lo fue que se impuso la cordialidad y que el diálogo volvió a los cauces de la buena inteligencia.

Por último, surgió una especie de pacto implícito de guía en el orden espiritual y un acuerdo claro y concreto de ayuda material, que llegó a cristalizar en el compromiso de que la madre de Ansaldo se encargara en la Venta de todo lo relativo a la cocina. Así se lo ofrecía continua ocasión de estar más en el interior de los asuntos de la casa y permitía la mejor vigilancia inmediata de la autoridad de la madre respecto de su hija, con lo cual estaría siempre más al tanto de todos los pasos y actividades de la discípula y de su maestro y profesor.

Y en tanto se organizaban todas esas actuaciones de los unos y los otros, ¡pobre amor naciente, tan oprimido y recatado en aquellos pechos anhelantes! … ¡Pobre querer tan grande y ansioso de expansión como amenazado por tanta VIGILANCIA ACOSANTE.“» 

CONTINUARÁ CONENSEÑANZAS”, el 11 julio 2026. 

*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 113-118. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f. 

viernes, 26 de junio de 2026

18/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

VIGILANCIA ACOSANTE. 1ª PARTE. 

«”ANSALDO, sobreponiéndose a todos los impulsos de su alma, había vuelto a la Venta, reanudando las actividades del empleo que en la misma venía desempeñando.

Su rostro, pálido y demacrado, denunciaba sus sufrimientos; pero nada más, puesto que, dominando a su pasión, había sabido reprimirla, guardándola en las intimidades de su alma, y dar a todos sus actos la sensación de normalidad correspondiente.

Había llegado a la venta juntamente con su madre. No había habido necesidad de previo aviso, puesto que su notable mejoría y la decisión de reintegrarse a los quehaceres de su cometido habían sido de antemano conocidas. No obstante, hubo saludos expresivos de clientes y hasta del inclusero, como, en la inquina que le despertaban sus celos, llamaba siempre al joven profesor de la que tanto amaba, saludos a los que había correspondido con calor y firmeza. Además, los dueños del establecimiento, que les aguardaban, complacientes, les recibieron y atendieron con derroches de sentido afecto. María había acudido, también, como demandaban las circunstancias, saludando a la madre y al hijo con toda cordialidad.

La visita, por las circunstancias que la rodeaban, había provocado un alto en todas las tareas; mas, pasado el tiempo de la acostumbrada cortesía, cada cual se fue retirando a sus habituales quehaceres, hasta dejar a solas, sin nadie proponérselo, a las dos viejas amigas y comadres. La conversación de ambas, no rebasó, en un principio, los límites de lo vulgar y corriente. Ninguna de las dos se atrevió a abordar temas que pudieran llegar a lo desagradable. Sin embargo, se adivinaba, sobre todo en la madre de Ansaldo, el esfuerzo que tenía que realizar para contenerse. Por fin llegó el anuncio del propósito de dar por terminada la visita, obligando a la dueña de la Venta a poner sobre tapete la cuestión batallona:

No se vaya usté comadre. Ansaldo, aunque restablecío, afortunadamente, necesita todavía algunos cuidos. Nadie mejó que usté pa proporcionárselos en la medida necesaria. La casa y los que la habitamos sabe usté que estamos a su buena disposición. Mande y en eso toos le obedeceremos. Tal será nuestra mayor satisfacción.

La madre de Ansaldo, ante tal ofrecimiento, respira fuerte, dejando escapar un pequeño aye, que no ha podido reprimir. Una sugestión incontenible la pone al mismo borde de la exteriorización de la cuita que carcome su alma; pero logra refrenarse a tiempo y contesta, al fin:

Gracias, comadre. Ya sé que tanto usté como el compadre, han sío siempre dadivosos y espléndidos con toos y, en especiá, pa con nosotros. Pero no es de esas minucias corrientes y vulgares de lo que estamos necesitaos.

Comadre, dice usté unas cosas y de una manera que, a la verdá, no las entiendo bien.

¡Ay, comadre! ... Bástele, por ahora, con ese aye que se escapa de mi pecho, sin poderlo evitá. Hay que apartá la sartén del fuego porque el aceite está demasiao caliente y lo que se echara en él, se quemaría en lugar de freirse bien.

[Ambientación] Conversación intensa entre las dos comadres. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

Como usté quiera, comadre. Pero que conste que si no habla más claro, yo, al menos, no la entiendo ni comprendo bien ni regulá siquiera.

Pues no será seguramente ni por falta de edá ni por carencia de mundo. Será, quizá, porque Dios nos pone algunas veces una venda tan tupía ante los ojos, que no poemos vé lo que tenemos ante nosotros mismos.

Misterios y más que misterios.

Claridades y más que claridaes.

Y yo, tan a oscuras, que no veo ninguna. Dice usté que to es claridá. Pues venga, en bendita hora, sea la que fuere. Ya estoy hasta nerviosa con tanto decí tortuoso y oscuro. De modo, comadre, que venga enseguía esa luz que ilumine la tiniebla de mi comprendé.

Pero ... ¿es posible que no haya visto usté claro? ... ¿Aun no se ha dao usté cuenta de los males de Ansaldo? ... ¿No ha podío comprendé que el muchacho se muere a chorros sonoros por su hija de usté y que la niña ... entretenía con su aprendizaje, no sólo no le da ni pizca de esperanza a tanto queré hondo y sentío, sino que se complace en rechazarlo de plano, por no decí que lo desprecia, tal con la intención de reemplazarlo, si es que no lo ha reemplazao ya, como él dice, por otro que habla más y mejó?...

¡Jesús, María y José! ... Acabara de comprendé. ¿Pero es posible que no piensen ustés ná más que en la mira de ese casamiento, queriéndolo lográ contra viento y marea, sin el tiempo y la preparación que requiere una cosa tan seria y que es pa toá la vía? Pero ... ¿tanto tiempo hace, comadre de mi alma, de mi respuesta a su alusión de usté sobre ese mismo particulá? ... Es naturá que el cansancio ahogue al que quiera correr demasiao. ¡No hay que corré tan desaforadamente, que carreras de esas son las que asfixian! Le repito, de nuevo, comadre mía, lo que entonces le dije: -<No llegue usté tan lejos ni tan aprisa. Mi hija es todavía una niña.>”» 

CONTINUARÁ CONVIGILANCIA ACOSANTE”, 2º Parte, el 27 junio 2026. 

*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 113-118. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f. 

domingo, 14 de junio de 2026

17/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

JURAMENTO DE AMOR. 4ª parte.

«”TRÉMOLOS. (1) Eres, chiquilla, / bella y galana / como temprana / rosa gentil, / y son tus ojos / más hechiceros / que los luceros / del mes de abril. // Copias del cielo / son tus hechizos; / blancos granizos / tus dientes son, / y en tu boquita / flor de granado / que ha cautivado / mi corazón. / Por eso, niña, / tanto te quiero; / por eso muero / de amor por ti: / porque contigo / se me ha ido el alma / y huyó la calma / lejos de mí. // Cual errabunda / mariposilla / que, mientras brilla / la luz solar, / va por los aires / voleteando / flores buscando / donde libar. // Tras tu hermosura / mi pensamiento / cruzando el viento / siempre ha de ir: / que en tus radiantes / pupilas pardas / la esencia guardas / de mi existir. // Dame el cariño / de tu alma pura / mi desventura / trocando en bien: / yo te prometo /con las más bellas / claras estrellas / ornar tu sien.//

[Ambientación] Beso bajo el cielo estrellado. Fuente: Imagen creada por ChatGPT. 

-¡Qué lindos, qué tiernos, qué impresionantes! ... Mas ¿no te cansas?

-No. ¿Cómo voy a cantarme de hacer una cosa tan de mi predilección? Además, ¡esos versos traen tantos recuerdos a mi memoria! ... ¡Me dicen tanto! … ¿Qué sacas tú de ellos? ¿No mueven tu interior?

-¡Ah, sí, sí! Me hacen sentir, profunda, una sensación interna que no sé explicar.

-Eso mismo, cada vez que los leo, recito o recuerdo simplemente, me hacen sentir a mí. Por eso lo hago siempre con gusto y delectación. Ahora bien. En estos momentos, cada vez más deseados, en que dialogo contigo, sobre todo cuando, rodeados de árboles y matas florida, nos hallamos solo con nuestros pensamientos, experimento otra más agradable sensación: la de contemplarte a mi sabor, la de hundir la mirada en la tuya y quedarme extasiado contemplando el fondo de tu alma, donde quiero leer plácemes para nuestra felicidad. ¡María! … ¿Qué te dicen esas flores que juntan sus ramas y entre entrelazan sus tallos, confundiéndolos, como si nacieran del mismo tronco? ¿Que esos pajarillos canoros que de rama en rama dialogan, en trinos y arpegios, el lenguaje de fuego de sus amores? ¡María! … ¿No te dice nada la expresión de mi semblante, el calor ardoroso de mi mirada?

-Sí: me dicen lo mismo que el rubor que arrebola, entendiéndolas, mis mejillas.

-¡No me engaña, pues, mi corazón! ¡Correspondes a mis sentimientos! … ¡Gracias, Dios mío, bendita sea tu munificencia! ... ¡María de mi alma! … ¿Me amas?

-¿No lo adivinas? … ¿No te lo dicen mis ojos, toda mi expresión? ... ¡Con toda mi alma! Negarlo sería mentir. ¿Y por qué iba a decir mi boca lo que mi alma desmentiría? ... Te quiero como toda tu expresión me dice que me correspondes cumplidamente. ¿Me equivoco?

-¡Nunca! Te amo desde que el destino, esa disposición de la Providencia que tiene señalado lo que nos ha de suceder, me puso ante ti, en la tarde en que por primera vez nos vimos. Un incontenible impulso de simpatía, me ató a tu destino, torciendo el mío, para confundir en uno solo el de los dos. Desde entonces fui tuyo, como tú eres mía, espiritualmente, pese a esas menudas circunstancias que accidentalmente pueden oponerse a nuestra definitiva y legítima unión. ¡María ángel bendito de mi guarda! Seamos el uno para el otro y sellemos con un ósculo espontáneo el solemne juramento de nuestro puro e inmaculado amor.

Y el chasquido de un doble beso, simultáneo, fuerte, prolongado y sonoro, suspendió unos momentos el ruidoso trinar de los pajarillos que en la enramada conjugaban también, a no dudar, el verbo amar.

(1) José Briceño.- Flores de Mocedad.- Páginas 75-77. “» 

CONTINUARÁ CON “VIGILANCIA ACOSANTE”, el 26 junio 2026. 

*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 93-111. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f.