domingo, 12 de julio de 2026

19/36. “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR”, por LUIS BRICEÑO.

ENSEÑANZAS. y 2ª PARTE

«”Al llegar a esta parte de la lectura, la interrumpe el profesor, indicando un descanso. La madre de la discípula interviene, haciendo la interrogación:

¿Estás cansá, hija mía?

No, mamá; de leer no me canso tan fácilmente, y, mucho menos, si la lectura es tan curiosa, instructiva y tan sustanciosa, como la que he interrumpido. ¿Te gusta, papá, tan inclinado a la arboleda?

Lo que de ella comprendo, me resulta la mar de interesante, despierta en mí curiosidá y acentúa esa afición que has nombrao.

Pues entonces, sigo.

Y en efecto, continúa leyendo:

La primera observación que hay que hacer es que la incipiente encina ha verdeado en su extremo superior, mientras que en la parte inferior continúa siendo blanca.

En experiencias consolidadas, ha quedado demostrado que esas partes blancas exhalan ácido carbónico durante la germinación. Exhalar ácido carbónico es quemar, arder. Luego allí ha habido una combustión, una combustión de los elementos hidrocarbonados de que se compone la albúmina, hasta el punto de que alrededor de la semilla en germinación, se opera a veces un desprendimiento calórico. La parte inferior desprende, pues, ácido carbónico. Por otra parte, se ha reconocido que la parte superior, verde, tiene el poder de asimilarse el carbono de la atmósfera y exhalar oxígeno. 

[Ambientación] Los padres de María no caben en sí al oir la correcta lectura de su hija María. Fuente: Imagen obtenida por ChatGPT. 

En la plántula encontramos, pues, dos fuerzas opuestas: una que tiende a quitarle carbono a la semilla y otra que contribuye a proporcionárselo, constituyendo esta acción uno de los fenómenos más notables y curiosos que se realizan en la germinación. Mientras la parte superior respira ya de la misma manera que el vegetal adulto, la respiración de la raíz se asemeja a la de los animales.

Ya tenemos la plántula respirando por su parte verde; esto es, por las hojas que, muy pequeñas y arrugadas en un principio, se dilatan, luego, en el aire, realizan en él sus funciones y participan de todos los privilegios de la vida atmosférica.

...

Antes de seguir en la atmósfera a este tallo que acaba de tomar posesión de ella, permanezcamos un instante en las regiones tenebrosas en que se va a desarrollar la raíz, y a formar, con sus ramificaciones innumerables, una cabeza subterránea análoga a la cima que, en el espacio, ensanchará su copa con la multiplicación anual de las ramas y de las hojas.

La prolongación inferior del tallo; es decir, la parte de la planta que se hunde en la tierra, es el tronco botánico. La raíz, o raíces, son los órganos laterales o apendiculares que emanan del tronco y de sus principales ramificaciones, en forma de fibras más o menos delgadas y alargadas. Estas fibras cilíndricas, simples o ramosas, que terminan en una extremidad redondeada y porosa llamada espongiola [o cofia], forman por su extremidad la cabellera de la raíz y representan exactamente el follaje aéreo, así por su disposición general, como por su renovación periódica.

La raíz del árbol, pata y chupador a un mismo tiempo, extiende y multiplica sus ramificaciones, que, con sus apretones, consolidan el tallo en el suelo y aspiran de él principios de nutrición hechos asimilables por el agua: vehículo universal de la creación.

Las raíces, por medio de sus espongiolas y de las células permeables de que se componen sus tejidos, absorben líquidos, que, cargados de amoníaco, de ácido carbónico y de substancias minerales disueltas, proporcionan a la célula y a los tubos vasculares de la planta combinaciones nitradas, descomposiciones de elementos terrosos o metálicos; principios hidrocarbonados y materias salinas. Estos diversos materiales inorgánicos, que a consecuencia de curiosos fenómenos de química vegetal son asimilados por los tejidos y se convierten así en elementos de vida orgánica, se elevan en los canales del tallo, son arrastrados por un líquido cuyo papel y capital importancia son de todos conocidos: la savia.

¿Cómo sube esta savia?

A esta interrogación, cuestión de las más importantes y complejas de la botánica, han respondido los fisiólogos con diversas hipótesis: sube por endósmosis, por capilaridad o a consecuencia de la atracción que desde arriba ejercen los órganos de la exhalación. 

[Ambientación] Todo se reduce a dar una buena impresión de los avances en la lectura de María. Fuente: Imagen obtenida por ChatGPT. 

La endósmosis consiste en la atracción ejercida en un líquido por otro líquido más denso que el primero. El agua gomosa encerrada en una vejiga, que se sumerge en agua pura, atrae a esta última y la hace penetrar en la disolución de goma. Este fenómeno es la endósmosis.

Los tejidos vegetales se componen, primitivamente, de células contiguas. Más adelante, estas células superpuestas producen tubos o vasos por la destrucción de paredes intermediarias.

...

La densidad de los líquidos encerrados en las células va creciendo a medida que se elevan en el tallo, de lo cual resultará necesariamente que las moléculas de agua casi limpias que proporcionan las raíces se verán obligadas a subir de célula en célula, en razón de su densidad, y he aquí la endósmosis en lo vegetal.

Es muy sabido que un tubo estrecho, del diámetro de un cabello (capillus, de donde nace capilaridad), tiene la propiedad de hacer subir entre sus paredes los líquidos en los que se sumerge por su base. Aplíquese a los tubos capilares formados por la aglomeración de las células vegetales esta propiedad de los tubos capilares y se comprenderá que la ascensión de la savia que se transmiten de una a otra las células adyacentes, se verá singularmente favorecida por la misma forma de los tubos de este tejido.

...

Pero como la capilaridad de por sí sola es impotente para explicar este fenómeno, hay que recurrir a la tercera hipótesis: a la atracción que ejercen las yemas, las hojas y aun la corteza de las ramas tiernas. Sucede, en efecto, que todas estas partes verdes, a causa de los innumerables poros con que está perforada su epidermis, son asiento de una evaporación considerable. De ahí resulta, por una parte, un espesamiento del líquido de las células, que redobla la actividad de la endósmosis y, por otra, la formación de vacíos que, en cuanto quedan llenos, por una cantidad proporcional de savia quitada del tallo, determinan, paso a paso, un flujo ascensional, a cuyas exigencias debe subvenir la raíz, por una nueva y enérgica succión de los líquidos subterráneos.

Pero no bastan estas tres hipótesis. Debe haber, a buen seguro, una fuerza que si se quiere se puede llamar dinámica vital, fuerza misteriosa cuya intensidad, aunque imperfectamente conocida, se manifiesta en todos los fenómenos de organización, y viene, por incontestables influencias, a acabar el efecto de las causas físicamente apreciables, completando y haciendo fecunda la armonía de los diversos elementos que la vida hace mover. 

[Ambientación] Esquema de parte de la lección de botánica leída por la discípula. Fuente: Imagen obtenida por ChatGPT. 

Opérase, pues, periódicamente, la ascensión de la savia en el tallo de la encina, por el concurso simultáneo de estas diversas fuerzas —endósmosis, capilaridad, atracción de las partes verdes, dinámica vital—, de manera que si nuestra mirada, atravesando la dura corteza del tronco, la capa liberiana y las primeras zonas de albura, pudiese penetrar en su interior, veríamos, durante la primavera, en ese tronco macizo e inerte en apariencia, millones de células y de tubos que, trabajando cada uno en su función, aspiran, atraen, destilan, transmiten y contribuyen respectivamente a la obra inmensa de la circulación vegetal.

La savia circula. Después de haber subido es menester que descienda y desciende.

Enriquecida con todas las materias que ha disuelto y se ha incorporado en su trayecto ascensional, ha llegado hasta las superficies superiores y, gracias a la porosidad de las mismas, se encuentra en contacto inmediato con el aire atmosférico. Allí se realizan fenómenos de alta química vegetal.

Bajo la influencia de una verdadera respiración, la savia cambia de naturaleza: se convierte en savia elaborada o descendente, y, en seguida, completamente organizada, opera una marcha hacia abajo. Ha subido por los tejidos internos del tronco y baja a través de los tejidos de la superficie; esto es, entre el leño y la corteza, depositando allí, con el nombre de cambium, masas de materias que, puestas en obra por las fuerzas plásticas de la vegetación, se convierten en elementos de dos nuevas capas anuales, una de madera y otra de corteza.

Después de haber partido de la raíz, vuelve la savia a ella, y así es como se realiza lo que se ha convenido en llamar la circulación vegetal.

...

Del cuello de la raíz, cuya importancia orgánica nos queda conocida, han partido dos corrientes de vida, dos emisiones de haces que a consecuencia de una transformación del tejido celular, se alargan, los unos de arriba hacia abajo; los otros, en sentido contrario.

...

Sobre el eje, que persiste, se forman mamelones, de donde emergen ramas y ramas. El eje primitivo, al mismo tiempo que se alarga, por el desarrollo de su yema terminal, se acrecienta en espesor. En un corte transverso, se vería que ha producido una capa de madera en el exterior de los haces leñosos, y una capa cortical, en el interior de la corteza del primer año. Iguales producciones se registran al año siguiente y en los sucesivos, en la encina, durante siglos”. 

[Ambientación] María y el profesor. Fuente: Imagen obtenida por ChatGPT. 

El profesor ha notado reiteradamente que la discípula, a la par que domina cada vez más la lectura, consigue eficacia de entonación, ajustándola a la dicción natural. Ha notado, asimismo, que “construye” rápidas oraciones, logrando “pasar” hábil y disimuladamente lo obscuro y menos comprensible para el “oyente”, mientras “entra” con impecable limpieza en lo claro y substancial de lo que lee.

Todos los acentuados progresos de su “alumna” inundan su pecho de íntima satisfacción, y como no puede expresarlo de otro modo sin descubrir la llama que le quema el alma, se limita a exteriorizar discreta sonrisa.

En esta ocasión, estima cansada a la “alumna”, debido a la mayor extensión de la lectura. Por ello, aprovecha el límite del desarrollo de la misma y exclama, dirigiéndole blanda y tierna mirada, solamente comprensible para su amor:

Basta, María; estarás fatigada.

La discípula suspende la lectura y mira, sonriéndose, a su padre, como interrogándole. Este muestra en su semblante el placer que le produce conocer a su hija tan instruida y la agradable sensación que le ha producido el tema de la lectura, tan en consonancia con sus predilecciones por la arboricultura.

Las dos comadres, que han permanecido calladas y observadoras, rompen el mutismo, manifestándose por la madre de la “educanda” a la de Ansaldo:

No podía usté decir que no. ¡Qué primó! Leyendo parece enteramente que está hablando.

A lo que la aludida contesta, suspirando:

¡Ay! ... Es verdá, es verdá. Pero ... ¡qué lástima! ...

El padre interrumpe el diálogo femenino, con el pensamiento puesto aún en su afición predilecta, preguntando al profesor:

Bueno, vamos a : ¿Y qué dice el libro, de las bellotas? También debe hablá de la maera, que es de las mejores.

Sí, señor —contesta el profesor, dándose por aludido—. Habla de ello bastante; pero si le parece bien, como María está ya cansada y es tan tarde para no reanudar nuestras faenas, lo dejaremos para otro día.

Es verdá, muchacho. ¡Cómo se va el tiempo! Dices muy bien. A la tarea. Mañana será otro día.”» 

*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 119-131. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f. 

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