La historia
de los pueblos suele estar jalonada por personajes cuya memoria, con
el paso del tiempo, queda injustamente relegada al olvido. Sin
embargo, sus obras permanecen como testigos silenciosos de una vida
dedicada al servicio público, la fe y el progreso de su tierra. Este
es el caso de don Miguel Calderón de la Barca y Reynaltes
Herrera, ilustre conileño del siglo XVII que alcanzó una de las
más altas dignidades de la administración de la Monarquía
Hispánica al ser nombrado miembro del Real y Supremo Consejo de
Indias.
Aunque
su nombre resulta hoy desconocido para gran parte de sus paisanos, la
huella de su generosidad y de su extraordinaria trayectoria vital
sigue presente en Conil de la Frontera. Desde la restauración de
templos y la creación de instituciones educativas hasta la fundación
de un mayorazgo y la donación de valiosas obras de arte sacro,
Miguel Calderón convirtió su fortuna y su influencia en
instrumentos al servicio de la comunidad y de sus profundas
convicciones religiosas.
Las
letras que siguen nos acercan a la vida de este singular personaje,
cuyo recorrido desde las calles de la villa de Conil hasta los más
altos círculos del gobierno de las Indias constituye un ejemplo de
ascenso social, compromiso y mecenazgo. Su legado, tres siglos
después, continúa formando parte del patrimonio histórico y
cultural de la localidad, mereciendo ser conocido, recordado y
valorado por las generaciones presentes.

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original]
Emblema Real del Consejo de Indias utilizado durante el Imperio
Español. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.
“MIGUEL
CALDERÓN DE LA BARCA: un conileño en el Gobierno de las Indias”,
por FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA / Feria de Conil, 2000.
«”Descubiertas
las Américas por Cristóbal Colón, los reyes de Castilla
crearon un organismo para su gobierno, el Real y Supremo Consejo
de Indias, con absolutas facultades en lo
administrativo, judicial y militar. Era como un consejo de ministros
de hoy día para el gobierno en exclusiva del <Nuevo Mundo>.
Ser
consejero de Indias en aquella época era alcanzar el más alto rango
en la escala de la administración, con residencia en la villa y
corte de Madrid.
Ministro
togado de este consejo llegó a ser un conileño a principios del
siglo XVIII, Miguel Calderón de la Barca y Reynaltes
Herrera, desconocido en su pueblo natal y del que alguno ha oído
hablar por ser quien donó a la Catedral de Cádiz la <Custodia
del Millón>.
Nació
Miguel en Conil el día 8 de octubre de 1653
siendo sus padres Don Sebastián Calderón,
regidor del Cabildo Municipal, y Doña Sebastiana
Reynaltes Herrera, nieto de Don Alonso Calderón
Bocanegra, Escribano Público y del Cabildo y nieto también, por
parte de madre, de Don Pedro de Reynaltes,
Alguacil Mayor de la Villa de Chiclana.

[Ambientación;
imagen no contenida en el artículo original] Partida de Bautismo de Miguel Calderón de la Barca.
Fuente: Archivo Parroquial Santa Catalina. Libro Bautismos Núm. 6
(1648-1664), Folio 79. “MIGUEL. / Fue del Consejo de S.M. / En la
Villa de Conil, Torre de Gusman, en ocho dias del mes de octubre de
mil seiscientos y sinquenta y tres años, yo el Presbítero
Geronimo Camelo de Mendoza Vicario de las
Yglesias desta dicha Villa, baptisé a Miguel, hijo de
Sebastian Calderon Bocanegra y de Doña
Ysabel de Mendoza, su legitima mujer, fue su padrino Don
Andres de Molina Espino, presvitero de la Villa de
Chiclana, al qual adverti el parentesco espiritual
y la obligacion de la doctrina christiana, y en fe de lo qual lo
firme. Presbitero y Vicario Camelo.” (Fotografía y
transcripción de Rafael Coca López, 26 agosto 2021).
La
buena posición económica y social de su familia debió permitirle
estudiar leyes, trasladándose con posterioridad al <Nuevo
Mundo>, ejerciendo de oidor de la Real Audiencia de la ciudad
de México durante muchos años.
Fue
nombrado miembro del Real y Supremo Consejo de
Indias regresando a Madrid a vivir a la corte de forma
definitiva.
De
su estancia en México adquirió gran devoción a la Virgen de
Guadalupe, a la que se encomendaba cada vez que realizaba sus
viajes de ida o vuelta a las Américas.
En
uno de estos viajes de vuelta hacia España le sorprendió una gran
tempestad, viendo seriamente amenazada su vida, haciendo promesa de
hacer un gran regalo a la Iglesia Mayor del primer puerto a que
arribase y otro a la Iglesia de Santa Catalina de su villa natal de
Conil.
Casó
con Doña Ana de Pividal de la que no tuvo
hijos, lo que le permitió vincular todos sus bienes con una
finalidad netamente piadosa a través de la institución del
Mayorazgo. De esa forma sus bienes se transmitirían
de persona en persona sin que estos pudiesen enajenarlos,
dividirlos o cualquier otra cosa que no fuese disfrutar de sus rentas
y atender las cargas que el fundador instituyese.
Como
primer poseedor de este mayorazgo nombró a su sobrino político Don
Juan de Dorronzoro y por falta de este a su hijo mayor y así
sucesivamente.
Su
testamento fue desarrollado en virtud de un poder por el también
conileño Don Cristóbal García Morejón,
oidor en la Chancillería de Granada y en la Audiencia de la Casa de
Contratación de Cádiz, amigo y compañero del testador. Por este
testamento conocemos todos los detalles de la obra póstuma de Don
Miguel Calderón.
Mandó
construir de nueva planta una casa principal en la calle Hospital nº
2 de Conil para que sirviese de vivienda al poseedor del mayorazgo,
que se conserva hoy día tal cual.
Compró
unas tierras en el Pradillo, cercándolas de vallados propios,
labrando en ella una esplendida casa de labor de dos plantas,
oratorio, casa para el guarda, alberca y noria.

Portada
de acceso que, durante muchos años, mantuvo un inestable equilibrio
hasta que colapsó. Imagen:
“PATRIMONIO
CULTURAL DE CONIL DE LA FRONTERA”, ANTONIO
SANTOS GARCÍA,
FRANCISCO
GONZÁLEZ UREBA, ANTONIO
MUÑOZ RODRÍGUEZ.
Edita: G.D.R. Litoral de la Janda. 2007, pág.
63.
Tantas
mejoras hizo a la finca que recibió el nombre de <La
Mejorada>, hoy día conocida por <El Mayorazgo>,
situada en la cuesta de Verón y que se conserva en buen
estado después de casi 300 años.
Durante
la ocupación francesa de Conil en 1810 y 1811 esta hacienda sufrió
importantes daños en su capilla y demás aposentos, siendo
restaurada en 1821 por Don José Joaquín de
Dorronzoro y Parra, teniente de navío que en aquel año era
quien disfrutaba de las rentas del mayorazgo, invirtiendo 20.000
reales en las reparaciones.
Se
trajo Don Miguel de México un lienzo de la
Virgen de Guadalupe y habiendo obtenido del Sr. Obispo
de la Diócesis la oportuna licencia, restauró totalmente la ermita
de Nuestro Padre Jesús Nazareno construyendo una
nueva capilla bajo la advocación de Guadalupe, en cuyo retablo
colocó el lienzo de México, solando la capilla de mármol de
Génova, dos cancelas de hierro forjado, nueva sacristía con
cajoneras de caoba y un sinfín de utensilios de culto y vestimentas
sagradas.
La
Parroquia de Santa Catalina también fue objeto
de la gratitud de Don Miguel que remozó la
sacristía existente, construyendo nuevas dependencias encima, nuevo
coro, altar mayor, las maderas para el techado de las dos naves
laterales y la casi completa reedificación de la torre campanario.
Dispuso
que el día 12 de diciembre de cada año, aniversario de la aparición
de la Virgen al indio Juan Diego, se celebrase en la capilla
de Guadalupe una solemnísima función religiosa, con asistencia de
todo el clero regular y secular, el cual debía salir en procesión
desde la parroquia hasta la ermita. Para costear este gasto dejó una
generosa suma de dinero que desde el cabildo catedral de Cádiz
enviaban a Conil puntualmente todos los años hasta incluso fechas
muy recientes.
Compró un
solar frente a la parroquia en el cual levantó un colegio para
enseñar de forma gratuita la gramática y de quién fue primer
maestro Don Diego de Fuentes. Lo dotó con 200
ducados anuales de salario, vivienda gratis y el disfrute del resto
del edificio para otros fines. Este edificio es el que actualmente
ocupa el Pub <El Castillito>.

Custodia de plata, donada por Miguel Calderón de la Barca,
del tesoro de la Parroquia de Santa Catalina de Conil de la Frontera.
Fuente: “Catálogo de los Monumentos Históricos y Artísticos de
la Provincia de Cádiz”, Enrique Romero de Torres,
1907-1908. Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes,
Madrid, 1934.
Para
rematar el agradecimiento a la Santísima Virgen por salvarlo del
naufragio, encargó al taller del orfebre madrileño Pedro Vicente
Gómez de Ceballos dos custodias. Una de ellas
espléndida obra barroca, fue realizada en oro, esmeraldas, rubíes y
brillantes y la otra fue labrada en plata sobredorada, más modesta
pero de gran belleza.
La
muerte sorprendió a Don Miguel en Madrid el día
14 de diciembre de 1720 sin poder realizar la
entrega de estas joyas. Por él lo hizo Don Cristóbal
García Morejón, su apoderado, quien el día 7 de junio de 1721
entregó la primera de ellas conocida por la <Custodia del
Millón>, al Deán y Cabildo de la Catedral de Cádiz, en cuyo
museo podemos verla hoy día.
La
segunda custodia fue entregada al vicario y párroco de Santa
Catalina de Conil, por el mismo Don Cristóbal en
junio de igual año, procesionando por primara vez en el día del
Corpus Cristi.
Don
Miguel Calderón ha sido el mayor benefactor de las iglesias de
Conil en todos los tiempos y en su memoria colgaba de la bóveda de
la parroquia un barco, réplica del que le trajo de México y en una
de sus paredes un exvoto, cuadro pintado al óleo, representando a un
barco navegando por un mar embravecido, en el centro la imagen de la
Virgen y en el otro extremo una procesión con la custodia. Al pie
del cuadro un pequeño texto explicaba la promesa de Don
Miguel a la Virgen.
Tanto
el barco como el cuadro se encuentran hoy en paradero
desconocido pero figuraban en
los inventarios de la parroquia a principios del siglo recientemente
pasado.”»
***
Fuente: Blog de Pepe Gil, “Programas de Feria de Conil y El
Colorado”. Archivo Municipal de Conil, Isabel González Ramírez.