ENSEÑANZAS.
y
2ª PARTE
«”Al
llegar a esta parte de la lectura, la interrumpe el profesor,
indicando un descanso. La madre de la discípula
interviene, haciendo la interrogación:
—¿Estás
cansá,
hija mía?
—No,
mamá; de leer no me canso tan fácilmente, y, mucho menos, si la
lectura es tan curiosa, instructiva y tan sustanciosa, como la que he
interrumpido. ¿Te gusta, papá, tan inclinado a la arboleda?
—Lo
que de ella comprendo, me resulta la mar de interesante, despierta en
mí curiosidá
y acentúa esa afición que has nombrao.
—Pues
entonces, sigo.
Y
en efecto, continúa leyendo:
“La
primera observación que hay que hacer es que la incipiente encina ha
verdeado en su extremo superior, mientras que en la parte inferior
continúa siendo blanca.
En
experiencias consolidadas, ha quedado demostrado que esas partes
blancas exhalan ácido carbónico durante la germinación. Exhalar
ácido carbónico es quemar, arder. Luego allí ha habido una
combustión, una combustión de los elementos hidrocarbonados de que
se compone la albúmina, hasta el punto de que alrededor de la
semilla en germinación, se opera a veces un desprendimiento
calórico. La parte inferior desprende, pues, ácido carbónico. Por
otra parte, se ha reconocido que la parte superior, verde, tiene el
poder de asimilarse el carbono de la atmósfera y exhalar oxígeno.

[Ambientación] Los padres de María no caben en sí al oir
la correcta lectura de su hija María. Fuente: Imagen obtenida
por ChatGPT.
En
la plántula encontramos, pues, dos fuerzas opuestas: una que tiende
a quitarle carbono a la semilla y otra que contribuye a
proporcionárselo, constituyendo esta acción uno de los fenómenos
más notables y curiosos que se realizan en la germinación. Mientras
la parte superior respira ya de la misma manera que el vegetal
adulto, la respiración de la raíz se asemeja a la de los animales.
Ya
tenemos la plántula respirando por su parte verde; esto es, por las
hojas que, muy pequeñas y arrugadas en un principio, se dilatan,
luego, en el aire, realizan en él sus funciones y participan de
todos los privilegios de la vida atmosférica.
...
Antes
de seguir en la atmósfera a este tallo que acaba de tomar posesión
de ella, permanezcamos un instante en las regiones tenebrosas en que
se va a desarrollar la raíz, y a formar, con sus ramificaciones
innumerables, una cabeza subterránea análoga a la cima que, en el
espacio, ensanchará su copa con la multiplicación anual de las
ramas y de las hojas.
La
prolongación inferior del tallo; es decir, la parte de la planta que
se hunde en la tierra, es el tronco
botánico.
La raíz, o raíces, son los órganos laterales o apendiculares que
emanan del tronco y de sus principales ramificaciones, en forma de
fibras
más o menos delgadas
y alargadas.
Estas fibras cilíndricas, simples o ramosas, que terminan en una
extremidad redondeada y porosa llamada espongiola
[o
cofia],
forman por su extremidad la cabellera
de la raíz y representan exactamente el follaje aéreo, así por su
disposición general, como por su renovación periódica.
La
raíz del árbol, pata y chupador a un mismo tiempo, extiende y
multiplica sus ramificaciones, que, con sus apretones, consolidan el
tallo en el suelo y aspiran de él principios de nutrición hechos
asimilables por el agua: vehículo universal de la creación.
Las
raíces, por medio de sus espongiolas
y de las células permeables de que se componen sus tejidos, absorben
líquidos, que, cargados de amoníaco, de ácido carbónico y de
substancias minerales disueltas, proporcionan a la célula y a los
tubos vasculares de la planta combinaciones nitradas,
descomposiciones de elementos terrosos o metálicos; principios
hidrocarbonados y materias salinas. Estos diversos materiales
inorgánicos, que a consecuencia de curiosos fenómenos de química
vegetal son asimilados por los tejidos y se convierten así en
elementos de vida orgánica, se elevan en los canales del tallo, son
arrastrados por un líquido cuyo papel y capital importancia son de
todos conocidos: la savia.
¿Cómo
sube esta savia?
A
esta interrogación, cuestión de las más importantes y complejas de
la botánica, han respondido los fisiólogos con diversas hipótesis:
sube por endósmosis, por capilaridad o a consecuencia
de la atracción que desde arriba ejercen los órganos de la
exhalación.

[Ambientación] Todo se reduce a dar una buena impresión de los
avances en la lectura de María. Fuente: Imagen obtenida por
ChatGPT.
La
endósmosis consiste en la atracción ejercida en un líquido
por otro líquido más denso que el primero. El agua gomosa encerrada
en una vejiga, que se sumerge en agua pura, atrae a esta última y la
hace penetrar en la disolución de goma. Este fenómeno es la
endósmosis.
Los
tejidos vegetales se componen, primitivamente, de células contiguas.
Más adelante, estas células superpuestas producen tubos o vasos por
la destrucción de paredes intermediarias.
...
La
densidad de los líquidos encerrados en las células va creciendo a
medida que se elevan en el tallo, de lo cual resultará
necesariamente que las moléculas de agua casi limpias que
proporcionan las raíces se verán obligadas a subir de célula en
célula, en razón de su densidad, y he aquí la endósmosis en lo
vegetal.
Es
muy sabido que un tubo estrecho, del diámetro de un cabello
(capillus,
de donde nace capilaridad),
tiene la propiedad de hacer subir entre sus paredes los líquidos en
los que se sumerge por su base. Aplíquese a los tubos capilares
formados por la aglomeración de las células vegetales esta
propiedad de los tubos capilares y se comprenderá que la ascensión
de la savia que se transmiten de una a otra las células adyacentes,
se verá singularmente favorecida por la misma forma de los tubos de
este tejido.
...
Pero
como la capilaridad de por sí sola es impotente para explicar este
fenómeno, hay que recurrir a la tercera hipótesis: a la atracción
que ejercen las yemas, las hojas y aun la corteza de las ramas
tiernas. Sucede, en efecto, que todas estas partes verdes, a causa de
los innumerables poros con que está perforada su epidermis, son
asiento de una evaporación considerable. De ahí resulta, por una
parte, un espesamiento del líquido de las células, que redobla la
actividad de la endósmosis y, por otra, la formación de
vacíos que, en cuanto quedan llenos, por una cantidad proporcional
de savia quitada del tallo, determinan, paso a paso, un flujo
ascensional, a cuyas exigencias debe subvenir la raíz, por una nueva
y enérgica succión de los líquidos subterráneos.
Pero
no bastan estas tres hipótesis. Debe haber, a buen seguro, una
fuerza que si se quiere se puede llamar dinámica
vital,
fuerza misteriosa cuya intensidad, aunque imperfectamente conocida,
se manifiesta en todos los fenómenos de organización, y viene, por
incontestables influencias, a acabar el efecto de las causas
físicamente apreciables, completando y haciendo fecunda la armonía
de los diversos elementos que la vida hace mover.

[Ambientación] Esquema de parte de la lección de botánica leída
por la discípula. Fuente: Imagen obtenida por ChatGPT.
Opérase,
pues, periódicamente, la ascensión de la savia en el tallo de la
encina, por el concurso simultáneo de estas diversas fuerzas
—endósmosis, capilaridad, atracción de las partes verdes,
dinámica vital—, de manera que si nuestra mirada, atravesando la
dura corteza del tronco, la capa liberiana y las primeras zonas de
albura, pudiese penetrar en su interior, veríamos, durante la
primavera, en ese tronco macizo e inerte en apariencia, millones de
células y de tubos que, trabajando cada uno en su función, aspiran,
atraen, destilan, transmiten y contribuyen respectivamente a la obra
inmensa de la circulación vegetal.
La
savia circula. Después de haber subido es menester que descienda y
desciende.
Enriquecida
con todas las materias que ha disuelto y se ha incorporado en su
trayecto ascensional, ha llegado hasta las superficies superiores y,
gracias a la porosidad de las mismas, se encuentra en contacto
inmediato con el aire atmosférico. Allí se realizan fenómenos de
alta química vegetal.
Bajo
la influencia de una verdadera respiración, la savia cambia de
naturaleza: se convierte en savia
elaborada o descendente,
y, en seguida, completamente organizada, opera una marcha hacia
abajo. Ha subido por los tejidos internos del tronco y baja a través
de los tejidos de la superficie; esto es, entre el leño y la
corteza, depositando allí, con el nombre de cambium,
masas de materias que, puestas en obra por las fuerzas plásticas de
la vegetación, se convierten en elementos de dos nuevas capas
anuales, una de madera y otra de corteza.
Después
de haber partido de la raíz, vuelve la savia a ella, y así es como
se realiza lo que se ha convenido en llamar la circulación
vegetal.
...
Del
cuello de la raíz, cuya importancia orgánica nos queda conocida,
han partido dos corrientes de vida, dos emisiones de haces que a
consecuencia de una transformación del tejido celular, se alargan,
los unos de arriba hacia abajo; los otros, en sentido contrario.
...
Sobre
el eje, que persiste, se forman mamelones, de donde emergen ramas y
ramas. El eje primitivo, al mismo tiempo que se alarga, por el
desarrollo de su yema terminal, se acrecienta en espesor. En un corte
transverso, se vería que ha producido una capa de madera en el
exterior de los haces leñosos, y una capa cortical,
en el interior de la corteza del primer año. Iguales producciones se
registran al año siguiente y en los sucesivos, en la encina, durante
siglos”.

[Ambientación] María y el profesor. Fuente: Imagen
obtenida por ChatGPT.
El
profesor
ha notado reiteradamente que la discípula,
a la par que domina cada vez más la lectura, consigue eficacia de
entonación, ajustándola a la dicción natural. Ha notado, asimismo,
que “construye” rápidas oraciones, logrando “pasar” hábil y
disimuladamente lo obscuro y menos comprensible para el “oyente”,
mientras “entra” con impecable limpieza en lo claro y substancial
de lo que lee.
Todos
los acentuados progresos de su “alumna” inundan su pecho
de íntima satisfacción, y como no puede expresarlo de otro modo sin
descubrir la llama que le quema el alma, se limita a exteriorizar
discreta sonrisa.
En
esta ocasión, estima cansada a la “alumna”, debido a la
mayor extensión de la lectura. Por ello, aprovecha el límite del
desarrollo de la misma y exclama, dirigiéndole blanda y tierna
mirada, solamente comprensible para su amor:
—Basta,
María; estarás fatigada.
La
discípula
suspende la lectura y mira, sonriéndose, a su padre, como
interrogándole. Este muestra en su semblante el placer que le
produce conocer a su hija tan instruida
y la agradable sensación que le ha producido el tema de la lectura,
tan en consonancia con sus predilecciones por la arboricultura.
Las
dos comadres, que han permanecido calladas y observadoras, rompen el
mutismo, manifestándose por la madre de la “educanda” a
la de Ansaldo:
—No
podía usté
decir que no. ¡Qué primó!
Leyendo parece enteramente que está hablando.
A
lo que la aludida contesta, suspirando:
—¡Ay!
... Es verdá,
es verdá.
Pero ... ¡qué lástima! ...
El
padre interrumpe el diálogo femenino, con el pensamiento puesto aún
en su afición predilecta, preguntando al profesor:
—Bueno,
vamos a vé:
¿Y qué dice el libro, de las bellotas? También debe hablá
de la maera,
que es de las mejores.
—Sí,
señor —contesta el profesor,
dándose por aludido—. Habla de ello bastante; pero si le parece
bien, como María
está ya cansada y es tan tarde para no reanudar nuestras faenas, lo
dejaremos para otro día.
—Es
verdá,
muchacho. ¡Cómo se va el tiempo! Dices muy bien. A la tarea. Mañana
será otro día.”»
***
Fuente:
“LA
FUERZA DE UN PRIMER AMOR:
novela
de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter
sentimental”,
por Luis
Briceño Ramírez,
p.p. 119-131.
Diario
Jaén, Talleres Gráficos, s/f.