La Guerra
de la Independencia Española (1808-1814) supuso uno de los
episodios más trascendentales y dramáticos de la historia
contemporánea de España. La invasión napoleónica no solo alteró
el equilibrio político del país, sino que transformó profundamente
la vida cotidiana de ciudades, villas y aldeas que se vieron
arrastradas por el conflicto. Mientras los grandes acontecimientos
militares y políticos ocupaban las páginas de la historia nacional,
innumerables poblaciones sufrieron en silencio las consecuencias de
la ocupación extranjera, las requisas, la escasez y la violencia
derivada de la guerra.
Conil
de la Frontera no fue una excepción. Su posición estratégica en la
costa gaditana y la proximidad a Cádiz, último gran bastión de la
resistencia española, convirtieron a la villa en escenario y testigo
de unos acontecimientos que marcarían profundamente a varias
generaciones de conileños. Durante más de dos años, sus
habitantes padecieron las cargas de la ocupación francesa,
afrontando privaciones, abusos y tensiones que dejaron una huella
imborrable en la memoria colectiva del municipio.
El
siguiente artículo recoge, a través de documentos y testimonios de
la época, una aproximación a aquellos difíciles años de
ocupación, mostrando cómo los grandes sucesos de la historia se
reflejaron en la realidad cotidiana de Conil y de sus vecinos.

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] “Los
desastres de la guerra: Así sucedió”, Francisco
de Goya y Lucientes.,
Aguada bruñida, aguafuerte, buril, punta seca sobre papel avitelado,
ahuesado, 156x209mm. Muestra a unos soldados franceses expoliando
reliquias y objetos litúrgicos del interior de un edificio
religiosos tras agredir a un sacerdote [ALGO SIMILAR DEBIÓ PASAR EN
Conil, en el Convento de la Victoria]. Fuente: Museo del Prado,
Madrid.
“LA
OCUPACIÓN FRANCESA DE CONIL”, por FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA /
Feria de El Colorado, 2001.
«”El
día 23 de marzo de 1808, entraban las tropas francesas en Madrid y
el día 2 de mayo se produjo la sublevación del pueblo madrileño.
El movimiento de insurrección se extendió por toda la geografía
española y los sublevados, al tiempo que, manifestaban su
descontento por la presencia militar extranjera, organizaron unas
formas de gobierno que tendrían vigencia durante todo el siglo XIX.
Las juntas.
El
6 de junio la Junta Suprema de Sevilla declara formalmente la guerra
a los franceses. Andalucía, tras la victoria de Bailén,
había quedado libre del ejército invasor, pero a primeros de
noviembre, Napoleón cruzaba el Bidasoa con un ejército de
250000 hombres y la Junta Central se trasladaba de Aranjuez a
Sevilla el día 17 de diciembre de 1808. Las victorias francesas
de Medellín y Ocaña, abrían las puertas de Andalucía
al ejército invasor. A primeros de enero de 1810, una expedición.
militar encabezada por José I, hermano del emperador
Napoleón, se dirige
a la conquista sistemática de Andalucía. El mando militar
corresponderá al general Soult. En apenas quince días
las tropas francesas ocupaban toda Andalucía, salvo Cádiz.
El
24 de enero de 1810, la Junta Central se traslada de Sevilla a la
Isla de León y el 29 acuerda disolverse y nombrar
un Consejo de Regencia que acabará replegándose
a la ciudad de Cádiz.
El
día 5 de febrero de 1810, el ejército francés, al mando del
mariscal Víctor, llegaba a la Bahía, instalando su cuartel
general en El Puerto de Santa María y el
día 7 las tropas invasoras estaban en Chiclana.

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original]
“Muerte
de Velarde el
2 de mayo de 1808”, por Manuel
Castellano (1864).
Fuente: Museo de Historia de Madrid. Wikimedia Commons.
Desconocemos
por la inexistencia de actas capitulares de aquella época, el día
exacto de la entrada de los franceses en Conil, que tuvo que ser
sobre el 8 ó 9 de febrero, pues Alcalá de los Gazules lo fue el día
10.
El
acta del día 9 de junio recoge que <al tiempo de la entrada de
las tropas en este pueblo en número crecidísimo se sufrieron
destrozos y un total abandono de todos los bienes
muebles>. El Ayuntamiento, instalado entonces en el
edificio que hoy ocupa la Policía Municipal [plaza
de Santa Catalina, junto a la ermita del Jesús], fue
incendiado, sufriendo importantes daños. El convento de los frailes
Mínimos de la Victoria fue suprimido y sus frailes exclaustrados.
Los bienes del duque de Medina Sidonia fueron intervenidos por su
fidelidad a Fernando VII.
En
los meses posteriores, Conil quedó convertido en un campamento
militar, con las tropas francesas acuarteladas en el suprimido
convento, en la Casa Chanca, en las haciendas del Mayorazgo y Huerta
del Jardal, y los mandos y oficiales alojados en la casa del
Corregidor, en la calle del Hospital número dos.
La
villa quedaba obligada a abastecer a la tropa, suspendiéndose el
comercio y las faenas agrícolas. Las quejas de los vecinos no
tardaron en elevarse al Consejo Municipal, presidido por Don
Diego Crespo, denunciando <los desórdenes que cometían
las tropas, matando los ganados y atropellando huertas
y plantíos, además de muchos otros excesos>.
Dieron
comienzo las requisas que continuaron durante toda la ocupación.
Primero los carro, los bueyes, caballos y asnos. Luego la paja, la
cebada, trigo y harina. Hasta tuvieron lugar requisas de sacos,
imprescindibles para transportar el grano.
Las
bodegas fueron diezmadas de vino y vinagre, y aquel primer año de
ocupación apenas si hubo vendimia, ya que las uvas se las
consumieron en verde.
Para
atender a la tropa se habían abierto varias cantinas y ventas,
repartidas por la villa. Una de ellas instalada en la calle Chiclana
número 1, conocida por la <taberna del Infierno>,
fue el lugar de celebres algaradas y numerosas peleas, que incluso
terminaban con la muerte de alguno de los intervinientes.
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[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] “Los
Desastres de la Guerra”, Francisco
de Goya y Lucientes;
Lámina n.º 39, “¡Grande hazaña! ¡Con muertos!”; Real
Academia de Nobles Artes de San Fernando, 1863, Madrid. Fuente:
“commons.wikimedia punto org”.
Agotadas
las arcas municipales, se recurrió a la venta de bienes del
municipio. Pero siendo esto insuficiente, de implantaron
contribuciones especiales a los vecinos según
sus posibilidades. Esto dio lugar a una grave malversación de los
fondos y a una distribución injusta de los cargos impuestos a los
vecinos.
Las
actas capitulares contienen numerosas referencias a esta situación,
expresando la angustia y miseria en que vivía la población. El día
4 de junio, el Ayuntamiento se quejaba de <Las
calamidades consiguientes a la pequeñez y suma pobreza
de este pueblo con motivo de la escasez de especies de subsistencia>.
En
esta misma acta de 4 de junio, se pone de manifiesto que los vecinos
de la villa estaban organizando una resistencia ante el enemigo, al
expresar la existencia de <atropellamiento contra tropas
militares>.
Las
autoridades francesas ordenaron al Ayuntamiento la organización en
la villa de la milicia cívica, compuesta por conileños, con
expresión de nombres, oficiales, sargentos, cabos y soldados, etc.,
haciendo responsable a la municipalidad de la más leve omisión que
resulte en la organización de la expresada milicia.
De
esta manera, hacían responsable al Ayuntamiento de la represión de
estos desmanes que se cometían contra la tropa francesa, advirtiendo
<la pena en que se incurrirían
aquellas personas que impidieran o descuidaran a
las municipalidades en la justa defensa contra los guerrilleros o
cuadrillas de bandidos o insurgentes, estos
serían considerados cómplices de los atentados que se cometieran y
por tanto, juzgados por las Juntas
Criminales>.

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original]
Reproducción del acta del Cabildo de 11 de junio de 1811, donde se
recoge una orden del Comisario Regio Don Joaquín María Sotelo,
desde El Puerto de Santa maría, sobre la recogida de mieses. Fuente:
Archivo Histórico Municipal de Conil de la Frontera, libro 54-1, pp.
digitalizadas 30-31. Gentileza Isabel González Ramírez.
Hay
documentación de la época que atestigua que con motivo del atentado
que sufrió un oficial francés, en el que perdió la vida, fueron
arrestados 10 vecinos de la villa. Se dio orden de ejecutarlos uno a
uno si no se delataba a los autores del crimen. Una comisión
municipal se dirigió a Jerez de la Frontera, para pedir clemencia
para los arrestados ante el Comisario Regio Sotelo,
ya que los detenidos eran unos infelices que nada de culpa tenían.
La suerte que pudieron correr estos vecinos es desconocida por la
ausencia de documentación que nos lo aclare.
Un
caso significativo del proceder empleado con los vecinos para
obligarlos a pagar las contribuciones especiales fue el padecido por
el cura Don Diego Camelo. Sucedió que éste se negaba a pagar
más dinero, pues decía que no le quedaba ni para mantener a su
anciana madre de 76 años. Lo metieron en la cárcel por orden del
corregidor Don José Moreno Pacheco. No pagaba y
después de 2 días fue devuelto a su casa. Le pusieron dos soldados
franceses para incordiarlo, coaccionando con causar daños a su
madre, destruir todos los enseres de la casa y por fin la pobre
anciana obligada a pedir por el vecindario reunió el dinero que le
pedían.
Don
José Moreno, corregidor, hombre de agrio carácter, de proceder
despótico, insultante y retador, se hizo blanco de todas las
antipatías y odios del vecindario.
Solía
emplear la siguiente frase cada vez que los vecinos acudían a él
para pedirle una rebaja en los impuestos: <Paga y calla, que si
es menester hasta las entrañas te
tendremos que sacar>. Zamarreaba a cualquiera por lo más
mínimo, daba puntapié incluso a las mujeres, rompiéndole un brazo
a una de ellas al caer por las escaleras del Ayuntamiento después
del empujón que le dio.
Son
muchas las anécdotas que podrían contarse, pero alargaría este
artículo en exceso.
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[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original]
Interior
del patio del Hospicio de la Misericordia, varias de cuyas
habitaciones o cuartos individuales, se adaptaron como celdas de
cárcel para los detenidos del
Ayuntamiento.
Fuente: Colección fotografía Pepe
Gil Román.
Solamente
concluir que los acontecimientos vividos por los conieños durante
los 28 meses de ocupación supusieron, sin caer en
exageración, la página más negra de toda la historia de la
población. La pérdida de vidas humanas, la ruina económica y los
odios entre familias permanecieron en la memoria de los vecinos
durante años.
El
día 27 de agosto de 1812, los franceses abandonaron la villa
definitivamente. En el mes de octubre se abrió un proceso contra el
corregidor Don José Moreno y todos los concejales del
último año de ocupación, por considerarlos colaboracionistas con
el enemigo, autores de tropelías y excesos con los vecinos y
traidores a la nación.
Seis
meses estuvieron detenidos, incomunicados, en el Hospicio
de la Misericordia, que había sido habilitado para
cárcel. Al final sólo quedaron procesado Don José
Moreno, Don Antonio Borrego, Don Francisco y Don
Manuel Ramírez, Don Juan Muñoz y el Secretario Don
Fernando Pantoja.
Celebrado
el juicio fueron absueltos de los cargos que se les imputaban
al quedar demostrado que tuvieron que actuar obligados por las
autoridades militares francesas y que si su conductas parecieron
odiosas a los vecinos, gracias a su intervención libraron al pueblo
de males mayores.
Luego
se iniciaron los famosos <expedientes de purificación>
contra los que se habían destacado como afrancesados, unos con
motivos, otros sin él, pero al fin la paternal y benigna
idiosincrasia de nuestro pueblo, olvidó todo, concediendo perdones y
relegando al pasado histórico aquellos trágicos sucesos.

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original]
Firma
y rúbrica de José
Moreno Pacheco,
tomada de un acta de sesión de la municipalidad de Conil del 24 de
febrero de 1811. Fuente: Libro Capitular 54-3, hoja digitalizada 105.
Gentileza Isabel
González Ramírez.
No
podríamos finalizar esta breve reseña de la ocupación francesa de
Conil sin mencionar la gran batalla librada el 11 [5] de marzo de 1811
en el Cerro del Puerco,
en la zona comprendida entre las actuales urbanizaciones de Roche
y Novo Sancti Petri. La batalla librada
por tropas españolas e inglesas aliadas contra las francesas
acantonadas en Chiclana, fue un intento de romper el asedio a que
estaba sometida la ciudad de Cádiz. El ataque anglo-español no tuvo
todos los resultados deseados por falta de coordinación entre los
dos ejércitos. En la batalla perdieron la vida 3500 soldados
de ambos bandos. Todo un desastre dado los escasos resultados
obtenidos.
Por
último, las Cortes de Cádiz, promulgaron la famosa
Constitución liberal de 1812
y
decretaron la abolición del régimen señorial vigente en
Conil desde el siglo XIV.”»
***
Fuente: Blog de Pepe Gil, “Programas de Feria de Conil y El
Colorado”. Archivo Municipal de Conil, Isabel González Ramírez.