viernes, 23 de octubre de 2026

UN PASEO POR EL ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE CONIL: CAUDALES EN LOS PÓSITOS (1742).

El documento que se presenta a continuación, fechado en Sevilla el 26 de junio de 1742, constituye un interesante testimonio de la preocupación de las autoridades borbónicas por asegurar el funcionamiento de los pósitos, instituciones destinadas a facilitar el acceso de los labradores a la simiente y garantizar las reservas de grano necesarias para hacer frente a las necesidades de los pueblos. / Su autor es don Ginés de Hermosa y Espejo, Caballero Comendador de Enguera en la Orden de Santiago, Brigadier de los Reales Ejércitos, Asistente de Sevilla e Intendente y Superintendente General del Reino de Sevilla, un alto funcionario que durante su mandato prestó especial atención a la administración económica y al control de los recursos públicos. Había sido nombrado intendente de Sevilla en 1737 y Asistente de la ciudad en 1738. / La orden parte de una situación que el propio Hermosa describe con claridad: <la escasez de las cosechas de los años anteriores había reducido los caudales de los labradores y, como consecuencia, también los de los pósitos>. Ante la proximidad de una nueva cosecha, teme que los deudores dispongan de sus granos antes de satisfacer las cantidades pendientes y ordena a las Justicias y Regidores que procedan con rapidez a la reintegración de los fondos. 

[Ambientación] Estampa cotidiana en la plaza Santa Catalina de Conil, con la majestuosa Torre de Guzmán como testigo. Fuente: Imagen creada por ChatGPT (Se ha tomado como base una fotografía de “Conil en la Memoria”, p. 36, 2004, colección particular Foto Pastor). 

El mandato resulta particularmente revelador por el minucioso control que establece: se exige un inventario del trigo y dinero existente, diferenciando lo que se encuentra en depósito de lo adeudado; deben identificarse deudores, fiadores y repartidores, y se conceden solamente dos días para presentar la relación. Si no se produce el reintegro, se prevén apremios, embargos, venta y remate de bienes, llegando incluso a contemplarse la presencia de tropa militar a costa de los responsables. / El texto permite, por tanto, asomarnos a un aspecto poco conocido de la vida económica de Conil a mediados del siglo XVIII: la estrecha vigilancia ejercida sobre el Pósito, la dependencia de la economía local de las cosechas de cereal y la responsabilidad que recaía sobre las autoridades municipales en la administración de estos fondos. No se trataba únicamente de recuperar una deuda: estaba en juego la conservación de un instrumento considerado esencial para el abastecimiento y para la propia actividad agrícola de la comunidad. / El documento forma parte, además, de un conjunto de actuaciones de Ginés de Hermosa relacionadas con Conil en estos mismos años. En junio de 1742, apenas unos días antes de este mandato, había ordenado también combatir la compra especulativa de cebada destinada a ser revendida a precios más elevados, práctica que consideraba perjudicial para el común de los vecinos. / Más allá de su contenido administrativo, estas páginas nos ofrecen así una valiosa imagen de la política de control y protección del abastecimiento de cereales en la Andalucía del siglo XVIII, al tiempo que dejan constancia de las dificultades económicas que atravesaban los labradores y de la firmeza con que la administración borbónica trataba de hacer cumplir sus disposiciones. 

Conjunto de las dos páginas de que consta el documento de hoy. Fuente: A.H.M. de Conil de la Frontera. Libro Capitular 49, de 1741 a 1755, pp. Digitalizadas 151-152. 

Transcripción literal (respetando la ortografía, puntuación, mayúsculas y formas verbales originales; la “f” larga se transcribe por “s”) :

«”DON GINES DE HERMOSA Y ESPEJO, COMENDADOR DE ENGUERA,
en el Orden de Santiago, Señor de las Villas de Autillo, de Campos, y Casti
ñeira en Galicia, Brigadier de los Reales Exercitos de su Magestad, Assistente, y Maestre de Campo General de esta Ciudad de Sevilla, Intendente, y Superintendente General de su Reynado, y Juez Privativo de los Positos de él, &c. 

Encabezamiento solemne, ampuloso y cargado de títulos, típico de la cultura administrativa del Antiguo Régimen. Fuente: A.H.M. de Conil de la Frontera. Libro Capitular 49, de 1741 a 1755, pp. Digitalizadas 151-152. 

Por quanto por la escasez de las Cosechas, que de algunos años à esta parte se han experimentado en esta Andalucia, se han atrasado los caudales de sus Labradores, y por consiguiente los de los Positos; y siendo estos el beneficio del comun de los Pueblos, en que deben manifestarse los mayores esfuerzos en las Justicias, y Regidores: y siendolo tambien en mi con mas especialidad en los que comprehende mi jurisdiccion, para que tengan el alivio de sembrar, y panadear en los tiempos oportunos; y estando el tiempo tan adelantado, que por diferentes partes se estan ya cortando los Panes, y espirando las obligaciones contraidas à favor de los Positos; y mediante à la abundante Cosecha, con que Dios nos ha favorecido, y recelandome, de que los Labradores, Pelentrines, ò Pegujaleros extravien sus granos, y dexen por este medio frustrado en parte el reintegro, he tenido por conveniente poner el debido remedio, para que se logre con anticipacion, en cuya inteligencia, y para el mejor acierto, y que enteramente se reintegren los dichos Positos, sin el gravamen de Executores: 

[Ambientación] Dos vecinos conversan bajo el Arco de la Villa (Puerta de Vejer), con la casa del Peoro al fondo. Fuente: Imagen creada por ChatGPT (Se ha tomado como base una fotografía de “Conil en la Memoria”, p. 40, 2004, colección particular Francisco González). 

Despacho el presente, por el qual ORDENO, y MANDO à las Justicias, y Regidores de LA VILLA DE CONIL [anotación manuscrita] que luego que le reciban, hagan, que por el Escribano de su Cabildo à la continuacion se ponga testimonio remoto de el caudal, que hasta el presente debe tener el Posito en trigo, y maravedis, con distincion de lo en ser, y en deuda, y de las personas que lo deban, sus Fiadores, y Repartidores, y de qué años provienen; disponiendo le haya de dar en el termino preciso de dos dias; y passado, y no haviendolo hecho, por la misma razon han de quedar responsables las dichas Justicias, Regidores, y Escribano à los daños, y perjuicios que por su omision se le causaren à el Posito; y dada que sea, hagan que los dichos Deudores, ò sus Fiadores, y en su defecto sus Repartidores, ò Abonadores vayan reintegrando, y reintegren sin demora alguna lo que estuvieren debiendo de atrasado, y corriente, con las creces, y recreces correspondientes, segun sus obligaciones; practicando à este fin las mas vivas, y eficaces diligencias, y los apremios, y embargos equivalentes en sus bienes, vendiendo, y rematando los que bastaren para ello, sin cargo, ni termino alguno; y en caso de tener el Posito Caudal en maravedis, le hagan poner, y pongan de prompto, y manifiesto, y que se emplee en trigo nuevo de buena calidad à los precios mas baxos que se pudiere, con intervencion de dicho Escribano de Cabildo, quien ha de dar fee de las fanegas, precios, y 

Parte central del documento donde se particulariza las “órdenes” para LA VILLA DE CONIL. Fuente: A.H.M. de Conil de la Frontera. Libro Capitular 49, de 1741 a 1755, pp. Digitalizadas 151-152. 

personas à quienes se compre, y ha de llevar la cuenta, y razon formal con los Diputados que se nombraren, y haciendole constar en los Autos que se formaren, sin fraude, ni engaño; pena que de justificarlo procederé à lo que haya lugar: y llegado que sea el dia quinze de Agosto, que vendra de este año, remitan testimonio à la Escribania de Positos de el cargo de Don Pedro de Morales, en que conste el caudal que quedó reintegrado el año proximo passado, y en deuda; lo que se repartió, vendió, ò panadeó, y distribucion de su producto, creces naturales que tuvo, y las que ha ganado, y lo que ahora debe tener, y tuviere, sin remitirse à declaraciones de los Depositarios, ni de otra alguna persona, porque precisamente han de dar fee de haverlo visto entrar en dicho Posito, ser suyo propio, no prestado, ni de otros efectos, porque en otra forma no se admitirá. Y no estando totalmente reintegrado para dicho dia, comparecerá en esta Ciudad [Sevilla] à mi disposicion el Alcalde mas antiguo, pena de cien ducados, y ademas despacharé Ministro con Tropa Militar à su costa à sacarle la multa, y executar lo que dicho es: à lo que no darán lugar las dichas Justicias, y Regidores, si con el zelo, y actividad, que se requiere, se aplican à la mejor direccion de este negocio, al que assista el dicho Escribano de Cabildo sin escusa, ni pretexto alguno, baxo de la dicha pena, y apercebimientos.

Dado en Sevilla en veinte y seis de Junio de mil setecientos y quarenta y dos. / Don Ginés de Hermosa y Espejo. / Para la reintegración del caudal del Posito de [a continuación aparece manuscrito:] LA VILLA DE CONIL.“» 

*** Fuente: Archivo Histórico Municipal de Conil de la Frontera. “Ordeno y mando de Don Ginés de Hermosa y Espejo”, del 26 de junio de 1742. Libro Capitular 49, de 1741 a 1755, pp. Digitalizadas 151-152. Agradecimiento: Isabel González Ramírez. 

miércoles, 21 de octubre de 2026

ROSAL-IA: “LA CURIOSA VIAJERA DE LA MEMORIA”.

No busquen a Rosal-IA en los padrones municipales, ni en los libros parroquiales, ni en los viejos censos de habitantes. Nunca nació, nunca vivió en ninguna calle de Conil y, sin embargo, conoce muchos de los rincones por donde transcurrió la vida de sus vecinos.

Rosal-IA es un personaje de ficción. Una curiosa incansable, de “cierta” edad, enamorada de la historia cotidiana, de esas pequeñas escenas que rara vez aparecen en los grandes libros, pero que son las que verdaderamente construyen la memoria de un pueblo. Le fascinan las fotografías antiguas porque sabe que cada una de ellas encierra mucho más de lo que muestra el objetivo del fotógrafo.

Cuando observa una imagen, no pretende adivinar la Historia con mayúsculas. Prefiere imaginar las historias con minúsculas: qué conversación mantenían aquellos hombres que esperaban frente a una taberna, por qué sonreía un niño mientras miraba a la cámara, qué preocupaciones llevaba una madre al mercado, qué ilusión despertaba una fiesta o qué silencios escondía una plaza al caer la tarde.

Rosal-IA tiene una ventaja imposible para cualquier historiador (que nadie se ofenda): puede reunir en un instante miles de datos, comparar documentos, recordar costumbres olvidadas y conocer el contexto de una época. Pero también tiene una limitación que nunca oculta: no puede sustituir a las fuentes históricas ni inventar hechos para convertirlos en verdad. Allí donde termina la documentación comienza la imaginación, y siempre procura que el lector sepa distinguir una de otra.

Por eso, cada una de sus narraciones nace de un equilibrio entre la realidad y la fantasía. Las fotografías, las fechas, los edificios y los personajes conocidos son el sólido cimiento sobre el que se construye un relato que intenta devolver vida, emociones y movimiento a un instante congelado hace décadas.

Rosal-IA no escribe para demostrar cuánto sabe, sino para despertar la curiosidad de quienes leen. Su mayor satisfacción sería que, después de cada historia, alguien mirase de nuevo una vieja fotografía de Conil con otros ojos, preguntándose quiénes fueron aquellas personas, cómo era su vida y qué parte de nosotros sigue habitando en ellas.

Así nace esta serie de relatos, titulada «Las cosas de Rosal-IA». No pretende reescribir la Historia, sino pasear por ella con respeto, sensibilidad y una buena dosis de imaginación. Porque, a veces, una fotografía antigua no necesita hablar para contar una historia; solo necesita que alguien se detenga a escucharla. Y esa es, precisamente, la tarea que Rosal-IA se ha impuesto.


¡BIENVENIDOS A ESTA NUEVA SERIE DE ENTRADAS!

Tendrán una periodicidad semanal, apareciendo en los blogs:

“todoconil.blogspot.com”

“conildelafronteraenlaprensa.blogspot.com”

y en el muro: https://www.facebook.com/rafael.cocalopez.10 

LAS COSAS DE Rosal-IA: LOS NÁUFRAGOS DEL “SANTA AMALIA” (1890).

Dicen los viejos que el mar nunca devuelve un hombre igual a como se lo llevó.

Ocurrió en los primeros días de enero de 1890. Llevaba tres jornadas soplando un levante furioso, de esos que levantan la arena hasta esconder el horizonte y hacen que la mar parezca hervir. Los pescadores de Conil habían varado sus barcas sobre la playa y observaban, impotentes, cómo un bergantín mercante luchaba contra las corrientes frente al cabo. Nadie supo nunca con certeza su nombre. Unos dijeron que era el Santa Amalia. Otros juraban haber leído en la popa Nuestra Señora del Rosario. Lo cierto es que, poco antes del amanecer, una enorme rompiente lo lanzó contra los bajos de piedra que guardan la costa como dientes ocultos.

Las campanas de la parroquia comenzaron a tocar a rebato. Los hombres corrieron con sogas, cabos y escalas. Las mujeres preparaban mantas calientes y pucheros de caldo mientras los niños miraban desde las dunas, sin comprender del todo aquel revuelo. Uno tras otro fueron llegando los marineros naufragados: empapados, exhaustos, cubiertos de sal y arena. Algunos besaban el suelo nada más poner pie en tierra. Otros lloraban sin vergüenza. Habían pasado casi diez horas luchando contra un mar que parecía empeñado en llevárselos para siempre. Entre ellos viajaban gallegos, asturianos, portugueses e incluso un muchacho de Génova que apenas hablaba castellano. Los vecinos los acogieron como si fueran hijos perdidos.

Durante varios días el Hospicio de la Misericordia abrió todas sus dependencias. Los religiosos cedieron habitaciones, los comerciantes prestaron ropa limpia y los pescadores compartieron cuanto tenían. No abundaba la riqueza en Conil. Pero nunca faltó el pan para quien llegaba del mar.

Cuando los náufragos recuperaron las fuerzas, el alcalde propuso inmortalizar aquel encuentro. Era una costumbre que empezaba a extenderse: reunir a todos, en este caso en el arcado patio interior, y encargar una fotografía. No era barato. Ni mucho menos. Pero aquel día merecía quedar para la memoria. Así se reunieron: en el centro, los sacerdotes que moraban en el Hospicio; junto a ellos, las autoridades municipales; a su alrededor, los marineros salvados. Algunos todavía llevaban prendas prestadas por los vecinos. Otros conservaron las camisetas de rayas con las que habían abandonado el barco. En el lateral derecho se mezclaron muchachos curiosos que nadie tuvo corazón para apartar, que se habían colado buscando salir en aquella máquina prodigiosa que prometía detener el tiempo. El fotógrafo pidió que nadie respirara. Aquellos largos segundos parecieron eternos. Un marinero portugués no pudo contener una ligera sonrisa. Otro sujetó con fuerza la gorra entre las manos. El párroco, bajó discretamente la vista antes de que sonara el disparador. La imagen quedó hecha.

Al despedirse, los marineros ofrecieron dinero. Los religiosos, autoridades y curiosos lo rechazaron.

—Aquí no se cobra por salvar vidas —respondieron el alcalde y el párroco al unísono.

Solo aceptaron una pequeña maqueta del barco, tallada en madera por el carpintero de a bordo durante las semanas siguientes. Durante muchos años permaneció colgada en el comedor del Hospicio. Las viudas preguntaban por ella. Y siempre había alguna anciana dispuesta a señalar la fotografía.

¿Veis a aquel con la gorra en la rodilla, sentado en el suelo a la derecha, con un pañuelo atado al cuello? Fue el primero que alcanzó la playa.

Y aquel de enorme bigote, casi calvo, sentado en el extremo izquierdo, … No sabía nadar. Lo trajeron dos pescadores con una mar que daba miedo verla.

Con el tiempo, la maqueta desapareció. Quizá se perdió durante alguna reforma. Quizá alguien la guardó para protegerla. Nadie lo sabe. La fotografía, sin embargo, sobrevivió. Y cada vez que alguien la contempla vuelve a repetirse el mismo milagro: hombres de lugares distintos, unidos por una desgracia compartida, descubren que en un pequeño pueblo blanco de la costa gaditana encontraron algo más valioso que un puerto.

Encontraron una casa. 

*** Fuente: Narración obtenida con la ayuda de Rosal-IA, alias utilizado para designar la moderna herramienta de Inteligencia Artificial, en este caso, ChatGPT. La fotografía pertenece a la colección particular de Francisco González Ureba, y fue publicada en la página 17 de “CONIL EN LA MEMORIA”, 2004. Naturalmente, se trata de un relato de ficción inspirado en la fotografía. Sin embargo, respeta el espíritu de la época y de un pueblo marinero como Conil, donde el auxilio a los náufragos era casi una obligación moral antes que una heroicidad. Puede ser que los lectores de este blog, o muro, disfruten leyéndolo y, por un momento, lleguen a creer que aquella imagen guarda realmente una historia como esta.  

martes, 20 de octubre de 2026

LA LEYENDA DEL COLORADO (1984).

La tradición oral y la documentación histórica coinciden en situar el origen del topónimo El Colorado en torno a la antigua venta que daba nombre al lugar. Ya aparece registrada con esa denominación en planos catastrales de 1873, aunque su origen ha dado lugar a diversas interpretaciones. Algunas leyendas lo relacionan con el paso de un soldado británico durante la Guerra de la Independencia, mientras que otras lo atribuyen al color de pelo o de piel del primer propietario del ventorrillo. Sin embargo, la explicación más respaldada por la documentación señala que el nombre hacía referencia desde un principio a la familia Olmedo y a su establecimiento, extendiéndose con el tiempo para designar toda la zona.

Esto es lo que nos cuenta Isabel González Ramírez, responsable del Archivo Municipal, en su trabajo de junio de 2000: “Apuntes de la Feria del Colorado en el Archivo Municipal de Conil (AMC)”. 

[Ambientación] Imagen idealizada de aquel “guiri”, soldado inglés, que curado de sus heridas se asentó en este rincón conileño, dando nombre, por su aspecto, a esta zona. Fuente: Ilustración creada por ChatGPT. 

Sobre estas tradiciones y su posible relación con la Batalla de Chiclana trata el siguiente recorte de prensa [Transcripción libre de Rafael Coca López:]

«”EL COLORAO. / Sería una buena idea investigar sobre los orígenes, el uso y la evolución de algunas palabras que con cierto hábito se usan en Chiclana. / A pocos kilómetros de Campano se asienta la población de El Colorao, o el pago del Colorao. ¿Por qué no se le llama el Verde o el Amarillo? / Parece ser que su origen se remonta a la Batalla de Chiclana [5 de marzo de 1811] que tuvo lugar en los alrededores del Cerro de la Barrosa [Torre del Puerco] y de los pinares de Campano. Tras duras horas de enfrentamientos cuerpo a cuerpo entre aliados y franceses, muertos y heridos quedaron en el campo de batalla. F[élix] Arbolí habla de 1.400 entre las tropas aliadas y 2.000 bajas en las filas invasoras. La historia nos cuenta como quedó abandonado entre la maleza el cuerpo de un soldado inglés que fue recogido y curado de sus heridas por una familia de campesinos, aquel hombre de piel y cabellos rojizos fue llamado cariñosamente, por la buena gente del lugar, «el colorao». Nombre más corto y fácil de pronunciar que el suyo, extranjero. / El relato finaliza diciendo como aquel hombre, una vez curado, contrajo matrimonio quedándose a vivir en aquella zona, construyendo una venta y posada que fue conocida como la venta del «Colorao», en cuyo entorno se formó el poblado que lleva su nombre. / A los que participaron en la batalla Fernando VII les concedió la Cruz donde se lee «Chiclana» y «5 de Marzo de 1811». Al Teniente General Manuel Lapecie [Manuel Lapeña Rodríguez y Ruiz de Sotillo] se le concedió la Gran Cruz de Carlos III y a Sir Thomas Graham, que mandaba las tropas inglesas [y portuguesas], en agradecimiento por su actuación le concedió el título de Duque del Cerro de la Cabeza del Puerco y unas extensas pertenencias que comprendían pinares y playa. En un principio aceptó tal distinción, pero al conocer la traducción de su título y lo que ello significaba, rehusó. / Francis.“»

Reproducción de la colaboración de Francis refiriéndose al origen del topónimo “El Colorado”. Fuente: “EL TROVADOR: revista informativa y cultural de Chiclana”. 

*** Fuente: “EL TROVADOR: revista informativa y cultural de Chiclana”, núm. 5, p. 21, Colaboraciones, agosto 1984.  

lunes, 19 de octubre de 2026

MERGABLUM Y LA VÍA HERCÚLEA, 1 de 3, por FRANCISCO JAVIER GUZMÁN ARMARIO.

Numerosos historiadores de la Antigüedad han preconizado tradicionalmente que el mundo antiguo es un universo rural controlado desde los núcleos urbanos. En la ciudad reside el poder político, se elevan los templos, prosperan los mercados estables, bullen las ágoras y los foros con el trajín de la vida cotidiana. Y en todos estos espacios lo público se manifiesta como el estandarte de una sociedad organizada.

A las ciudades llega la producción del campo, y desde ellas se distribuyen o redistribuyen los productos de primera necesidad, ya sea en forma de donativos ofrecidos a la población por los potentados, trueque, compra-venta o comercio al por mayor. El protagonismo histórico en la Antigüedad, pues, pertenece a lo urbano.

Sin embargo, debemos recordar el dato que el eminente historiador británico Keith Hopkins[1] (famoso por aplicar los métodos de la Sociología al estudio de la Historia) nos ha proporcionado recientemente: que el 90% de la población total de aquellos lejanos siglos vive en el campo, dispersa en una miríada de poblados, aldeas y alquerías que, por ejemplo, en los textos grecolatinos, aparecen bajo la denominación de pagi, castellae, turres … Tales núcleos de habitación, por ser rústicos, no tenían por qué hallarse en el interior: perfectamente podían ubicarse en la costa (el mar fue, en el imaginario romano, una prolongación de lo rústico, de lo incivilizado), en cualquier caso siempre enclavados en lugares estratégicos para el control del territorio y la explotación de los recursos. 

[Original del artículo] La basílica de Baelo Claudia, y presidiéndola la estatua de Trajano con la toga de magistrado. Imagen “retocada” por ChatGPT. 

Todo lo anterior responde a un patrón de gran éxito en el mundo antiguo: la creación de un sistema jerárquico de asentamientos, en el que el mayor de ellos (civitas, urbs, oppidum) controlaba a los núcleos menores y secundarios (alquerías, poblados), inmersos estos en el mundo rural. Un ejemplo muy claro lo tenemos en nuestra provincia de Cádiz, en el ámbito cultural turdetano inmediatamente anterior a la conquista romana. A principios del siglo II aC., cuando Roma ha vencido a Cartago en la II Guerra Púnica[2] (218-202 aC.) y ha expulsado a los cartagineses de la Península Ibérica, el oppidum de Hasta Regia (en Mesas de Asta, topónimo identificado por algunos autores con la mítica Tartesos), ciudad con 42 hectáreas a intramuros, tenía sometida a una población menor llamada Torre Lascutana: probablemente un recinto campesino fortificado, en las cercanías de la actual Alcalá de los Gazules. Los habitantes de este agrupamiento humano secundario se hallaban en régimen de servidumbre respecto de Hasta, y no poseían la propiedad de la tierra ni eran dueños de sus frutos. O dicho de otra forma: contribuían de forma importante a mantener a los hastenses con sus labores agrícolas y de paso servían de avanzadilla de sus señores a través de las fértiles vegas y fecundos montes que les separaban de ellos.

La información sobre esta peculiar relación la encontramos en el epígrafe en lengua latina más antiguo que se conserva para la Península Ibérica (hoy día exhibido en el Louvre): el Bronce de Lascuta[3]. En este documento militar se expone que:

“El general Lucio Emilio, hijo de Lucio, imperator, decretó que de los siervos de Hasta, aquellos que habitasen en la Torre Lascutana sean libres, y mando que también pudieran tener y poseer la tierra que en aquel tiempo poseyesen, mientras el Senado y el Pueblo romano lo quisieran ...”

Estamos en el año 189 aC. Un lustro antes Roma ha tenido que afrontar una rebelión generalizada de las ciudades ibéricas sometidas, en las que los núcleos turdetanos (Hasta Regia, Carmo) han jugado un papel director. Dicho epígrafe, pues, sanciona el castigo que le corresponde al perdedor: arrebatarle su territorio y el dominio sobre las aldeas y emplazamientos rústicos que la proveen de recursos.

La ciudad, ya nos lo recuerdan Cicerón o Vitrubio[4], es el soporte de la civilización. Pero no todo era ciudad en la época antigua. Si consideramos que una población de unos 10.000 habitantes (Itálica en tiempos de Adriano, Pompeya en sus mejores momentos) ya podía ser considerada, entonces, como una localidad relevante, igualmente hay que señalar que el hábitat disperso agrupaba a millones de personas en el Imperio Romano. Es la no-ciudad, que ha destacado el profesor Cristóbal González Román[5]. 

[Original del artículo] Acueducto norte y cisterna de Baelo Claudia. Imagen “retocada” por ChatGPT. 

Es decir, de la misma forma que la gente vivía en ciudades a la romana, como esa joya arqueológica llamada Baelo Claudia[6], verdadero privilegio para los gaditanos del presente, también habitaba en aldeas, cortijos, poblados de mayor o menor tamaño y granjas … A veces, un sitio destinado al culto (santuarios, lugares sagrados), o un emplazamiento con facultades para que allí se desarrollaran mercados estacionales o permanentes, generaba con el tiempo un resultado urbano o cuasiurbano. En Baelo, que albergó a 2.000 almas, aproximadamente, contemplamos los restos de un teatro excesivamente grande para esa población. O sea, que atendía a las necesidades lúdicas de una población extra, tal vez la suma de los temporeros que acudían a trabajar en la pesca del atún y en la elaboración de salazones y de garum más los habitantes rústicos de las aldeas adyacentes. 

NOTAS:

[1] Keith Hopkins (Londres, 20 junio 1934 – Londres, 8 marzo 2004), historiador y sociólogo británico; profesor en la Universidad de Cambridge. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. 

[2] Segunda guerra púnica.- Fue el conflicto militar decisivo entre la República de Roma y el Imperio cartaginés por la supremacía en el Mediterráneo. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

[3] Bronce de Lascuta.- Inscripción en latín arcaico hallada en las proximidades de Alcalá de los Gazules, que atestigua la presencia romana en nuestra provincia. (detalle) Fuente: Soledad, 19 agosto 2023. Cosas de Córdoba.

[4] Marco Tulio Cicerón o Marco Vitruvio Polión.- Fueron dos grandes figuras romanas del siglo I aC. que destacaron en campos distintos, el primero en la oratoria y la filosofía, y el segundo en la arquitectura y la ingeniería. Fuente: “discovery.researcher.life”.

[5] Cristóbal González Román.- Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Granada. Semblanza (ver pp. 15-19, Ángel Padilla Arroba). Fuente: “Gratias tibi agimus” [Te damos gracias], homenaje al prof. Cristóbal González Román. Editorial Universidad de Granada.

[6] Baelo Claudia.- Ciudad romana situada en la ensenada de Bolonia, en la actual población homónima, a unos 22 km. de Tarifa. Más. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

Continuará el 26 de octubre de 2026

*** Fuente: “Boletín LA LAJA: Amigos del Patrimonio Natural y Cultural de Conil”, n.º 7, pp. 10-13, diciembre 2006. 

domingo, 18 de octubre de 2026

LA CASA CHANCA DE CONIL ANTES Y DESPUÉS DEL MAREMOTO (1755).

Información del plano:

Título: Planta de parte de la Chanca de Conil. / Autor: desconocido. / Fecha: 1755. / Escala: 1:557 / Descripción física: un plano en papel, manuscrito, 31x42cm, plegado 31x20cm. / Fuente de adquisición – Signatura: Archivo Ducal Medina Sidonia. Legajo 1322. /Signatura IECA: IECA1988025006. //

Plano de parte de la planta de la Chanca de Conil, antes del maremoto. Fuente: Catálogo Digital de Cartografía Histórica. Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. 

Transcripción literal de los textos del plano:

«”PLANTA DE PARTE DE LA CHANCA DE CONIL, asi de lo vajo, como de los altos donde los havia, ANTES DEL TERREMOTO.

[Flechas orientación:] Norte, Sur, Oriente, Occidente.

Patio primero. / Patio segundo.

[Escrito invertido] Baras madera [¿?]

[Escala:] Pies castellanos.

[Ángulo inferior izquierdo:] No se señalan los Hornos, Salero, Enramadas, Pilas de Poniente mas que xxx ni lo restante hasta el Huerto, xxx por haverse comprehendido xxx parte el estado en que ha xxxdado.”» 

Información del plano:

Título: Casa Chanca de Conil, después del terremoto. / Autor: Antonio Rodríguez Portillo [Antonio Santos García]. / Fecha: 1755. / Escala: s/e. / Descripción física: un croquis en papel, manuscrito, 31x42cm, plegado 31x20cm. / Fuente de adquisición – Signatura: Archivo Ducal Medina Sidonia. Legajo 1322. /Signatura IECA: IECA1988025007. //

Croquis de la Chanca de Conil, después del maremoto, con detalle de los daños ocasionados. Fuente: Catálogo Digital de Cartografía Histórica. Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. 

Transcripción literal de los textos del plano, de arriba a abajo y de izquierda a derecha:

«”5 Cassas a espaldas de la Chanca caydas enteramente / enrramada quebrantada / enrramada muy quebrantada con el motivo de los golpes de las Barcas / xxx / orno quebrado / Casa Chanca / Pared del Jardin cayda enteramente / Pared del segundo patio cayda enteramente / Bastimento caydo, y Cavalleriza enteramente caydos / La serca del Jardin por Poniente y xxx caydas / Puerta cayda enteramente / Pilas caydas enteramente del segundo patio / La Cruxida cayda / Almagasen de redes enteramente caydo / Portada y xxx quebrantada / Pilas caydas enteramente / Cañon de los Bentureros caydo enteramente.//”» 

*** Fuente: Catálogo Digital de Cartografía Histórica. Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía. 

sábado, 17 de octubre de 2026

PINCELADAS HISTÓRICAS EN LOS PROGRAMAS DE MANO DE FERIAS.

Entre los numerosos personajes que han contribuido a forjar la historia de Conil de la Frontera, pocos alcanzaron la relevancia económica y social de Sebastián Sánchez Franco, I Conde de las Cinco Torres. El artículo que reproducimos a continuación fue elaborado en 2002 a partir de documentación conservada en el Archivo Histórico Provincial y en las Actas Capitulares del Ayuntamiento de Conil, constituyendo una valiosa aproximación a la vida y obra de este destacado conileño del siglo XVIII.

Más de dos décadas después de su redacción, el texto mantiene intacto su interés por la abundancia de datos que aporta sobre la trayectoria vital del Conde, su ascenso social en el Cádiz de la Carrera de Indias y, especialmente, sobre el importante legado arquitectónico y benéfico que dejó en su localidad natal. Muchas de las edificaciones mencionadas siguen formando parte del paisaje urbano de Conil y constituyen un testimonio tangible de la huella que este personaje dejó en la villa.

Su lectura permite comprender mejor una época de profundos contrastes, marcada por las oportunidades económicas que ofrecía el comercio americano y por la existencia de importantes iniciativas de carácter asistencial promovidas por particulares. Asimismo, ofrece una visión detallada de las fundaciones piadosas y obras de beneficencia que Sebastián Sánchez Franco impulsó para favorecer a los vecinos más necesitados de Conil.

Con el propósito de preservar y difundir este interesante capítulo de nuestra historia local, recuperamos ahora este trabajo, respetando su contenido original como reflejo de la investigación histórica realizada en aquel momento. 

[Ambientación: imagen no contenida en el artículo original] Fachada de la Casa Hospicio de La Misericordia, principal aporte al patrimonio conileño del Conde de las Cinco Torres. Fuente: Captura de pantalla en Google Maps, con imagen de diciembre de 2024, pero “eliminación” de elementos extraños gracias a ChatGPT. 

“LA CASA HOSPICIO DE LA MISERICORDIA: fundación del conde de las Cinco Torres”, por FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA / Feria de El Colorado, 2002. 

«”Entre los hijos de Conil que adquirieron fama y lustre en el pasado, cabe hoy recordar a Sebastián Sánchez Franco, Conde de las Cinco Torres.

Nació en Conil en 1720, del matrimonio formado por Pablo Sánchez Lobo y María Franco, ambos naturales de la villa y residente en la misma. Su infancia transcurre en Conil en un período de gran pobreza y necesidad y sus padres no tenían medios, por lo que a temprana edad marcha a Cádiz a buscar mejor fortuna. Cádiz vivía entonces una época de florecimiento económico y comercial por sus relaciones con las Américas y ser la vía de entrada de todos los procedente del Nuevo Mundo. Es aquí donde Sebastián hace fortuna con el comercio y el tráfico marítimo en lo que se llamó la Carrera de Indias y donde conoció a quién sería su socio y compañero durante toda su vida, Francisco Espinosa de los Monteros.

Fallece este Francisco Espinosa bajo testamento otorgado ante el notario de Cádiz, Francisco Pacheco y Guzmán, el día 30 de noviembre de 1771, dejando toda su fortuna a su amigo y socio Sebastián, ya que carecía de herederos. De esta manera, Sebastián ve incrementada su ya cuantiosa fortuna, llegando a tener más de 30000 pesos de renta anual.

Por sus servicios a la Corona, obtuvo en el año 1773 del Rey Carlos III, la merced de un título de Castilla con la denominación de Conde de las Cinco Torres y el privilegio de poder vincular sus bienes y establecer tres mayorazgos con los mismos, con la finalidad de mantener el prestigio y lustre alcanzado entre sus parientes y asimismo, sostener las numerosas obras pías y fundaciones benéficas que instituyó por medio de sus disposiciones testamentarias.

[Imagen del artículo original] Retablo del altar mayor de la Misericordia, en donde se ubica la imagen de la virgen titular de la capilla. En la parte superior se encuentra el Crucificado de Marfil, con su mirada al cielo. Fuente: Francisco González Ureba. 

La denominación de Conde de la Cinco Torres lo fue en clara alusión al magnífico edificio de casas por él construido en lo que hoy es Plaza de España, en la ciudad de Cádiz, edificio conservado hasta nuestros días y que coronado por cinco torres miradores.

Para pasar temporadas de descanso y para residir en la villa de Conil cuando la visitaba, mandó el conde construir una casa que con muchas modificaciones y añadidos aún se conserva y es conocida en Conil por la <Casa del Peoro>, en donde se ubica el <Bar Parada> [actualmente el <restaurante Feduchy>]. Esta casa se encuentra descrita en las escrituras fundacionales de los diversos mayorazgos y textualmente se la describe así: <casa de nueva fábrica que elaboró Don Sebastián Sánchez Franco, Conde de las Cinco Torres, extramuros de la villa de Conil, a la entrada de la Puerta de ella, haciendo frente a la misma, lindando por el Sur a la Carrera Larga [actual Pascual Junquera], por el Norte, a la calle de San Sebastián, y por el fondo, con casas del vínculo de Doña Ana Amar, la que construyó en sitio que compró a Don Francisco López Fiesco y Doña Antonia Miñada, por dos escrituras otorgadas en dicha villa, en el año pasado de 1777, ante José Antonio Moreno, Escribano Público de la misma, en la que sobre su puerta principal se encuentra colocado el escudo de armas de dicho señor Conde y es casa para que pueda habitarla el poseedor del Mayorazgo de Cinco Torres, en las estaciones de tiempo que le parezca residir en dicha villa, o disponer de su uso como tenga por conveniente>. 

[Imagen del artículo original] Fachada principal del Hospicio de la Misericordia. En la parte central el pórtico de entrada al templo, y a sus lados, las entradas a los dos patios interiores, siendo el más alejado el perteneciente al Colegio Jesús, María y José. Fuente: Francisco González Ureba. 

También labró el señor conde, en el año 1779, <una casa con capilla, obra pía para habitación de 30 familias pobres, la cual hace frente a la anterior, formando cuatro frentes, con cincuenta y cinco varas de fachada y cuarenta y cinco varas de fondo, que componen su terreno, y que construyó Don Sebastián en un pedazo que le concedió el Excmo. Señor Duque de Medina Sidonia, señor de la villa: y el de más que ocupa lo hubo y compró a distintos interesados sobre lo que se formalizarán varias escrituras en dicha villa de Conil por los años 1775 y 1776, poniéndole el nombre de Casa de Misericordia, como obra pía de este Mayorazgo y que se ha de conservar por carga y como pensión de él>.

Igualmente construyó otra casa inmediata a la antecedente, construida en un martillo que sobró de los citados terrenos y a la que llamó <Casa para Rentas>, destinada a viviendas para alquiler. Esta casa es hoy día la conocida en Conil por <Casa del Conde> y es la situada junto al antiguo mercado de abasto.

[Imagen del artículo original] Fachada principal de la casa solariega del Conde de las Cinco Torres, en fecha de la redacción del artículo, es decir, 2002. Fuente: Francisco González Ureba. 

Dispuso el conde en su testamento, hecho en virtud de <poder para testar> por su primo hermano Nicolás Sánchez Cortés, natural, también, de Conil <que la Casa de Misericordia de Conil, obra pía de este vínculo, la hayan de habitar en las respectivas viviendas que tiene para ello, treinta familias pobres de las más necesitadas de la villa, prefiriendo siempre en todos tiempos a los parientes suyos; habiendo de dar el poseedor del vínculo a cada una de dichas familias, cincuenta reales vellón cada mes, para ayuda a sus alimentos previniendo que de las treinta familias se ha de elegir un vecino que haga cabeza, y sirva de casero, cuidando del gobierno, quietud y limpieza de la casa, y la observancia de las horas regulares, con todo lo demás que concierne al esmero y vigilancia que se debe tener para mantener la tranquilidad de vida; al que en lugar de los cincuenta reales se le han de dar ochenta siendo de su cargo el dar noticia al Poseedor de lo que ocurra en la Casa digno de mención, pues a éste le queda la facultad de admitir, despedir o que subsistan los treinta vecinos o familias a correspondencia de cómo se comporte cada cual. // Que los poseedores futuros de este vínculo de las Cinco Torres han de nombrar un capellán que habite en dicha Casa de Misericordia, en la vivienda destinada en ella para tal fin, para que cuide de la iglesia o capilla, donde se ha de celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, por él y los demás sacerdotes que quisiere, siendo de su cargo que se junten los pobres y los habitantes de la dicha villa y Casa, y recen después del toque de la oración el Santo Rosario, todos los días del año, y las noches del Jueves y Viernes Santos tributen algún que otro Ejercicio propio a los que nos representa Nuestra Santa Madre Iglesia, con asignación a dicho capellán de seis reales diarios, el que ha de tener la obligación de los domingos y demás días festivos, de celebrar la Misa en dicha capilla, aplicándola por el alma del fundador y sus parientes, por lo que se le han de agregar tres reales más de los seis y por lo tanto serán nueve reales en semejantes días; y acabado que sea el Santo Sacrificio de la Misa; al tiempo de ir a la Sacristía, antes de desnudarse de las sagradas vestiduras, ha de aplicar un responso por el alma del fundador y sus parientes>.

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Entrada a la cripta, en losa de mármol con el escudo de armas del Conde de las Cinco Torres. Fuente: “INVENTARIO DE BIENES, Parroquia Santa Catalina de Alejandría, Virgen y Mártir” (Conil de la Frontera), código fotográfico DSC_0137, José Antonio Alba Zájara, septiembre 2020. 

Este espléndido edificio ha sufrido con el transcurso del tiempo, modificaciones sin importancia que lo hacen llegar hasta nuestros días en su respetable estado de conservación, a lo que sin duda ha ayudado el uso de colegio y casa parroquial al que desde hace muchos años se viene destinando el edificio.

En el centro de la capilla se hizo construir el señor Conde una cripta para su enterramiento, con losa de mármol blanco en la que figura su escudo de armas. / Pero falleció en Cádiz el día 29 de agosto de 1781 y recibió sepultura en la cripta de la Iglesia Oratorio de San Felipe Neri, donde poseía capilla propia.

Persona piadosa y bondadosa, al ser soltero y no tener herederos forzosos, dispuso innumerables legados en dinero efectivo para todos sus parientes, allegados y servidumbre de su casa en su última voluntad; vinculando el resto de sus bienes y propiedades con objeto de que <se perpetuasen en su familia y mantuviese ésta lustre, esplendor y presencia, y tuviese posibilidad de socorrer, no sólo a los que con la misma tuvieren algún vínculo de parentesco, sino también a los extraños, en obsequio de Dios, Nuestro Señor, y con el fin, igualmente, de que se mirase en proporción de servir a Nuestro Católico Monarca y sus sucesores>.

Y para terminar indicar a los lectores que los datos vertidos en este artículo proceden de los fondos del Archivo Histórico Provincial y de las Actas Capitulares del Excelentísimo Ayuntamiento de Conil de la Frontera.“» 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Imagen de la fachada de la Casa del Peoro, fechada en diciembre de 2024, en donde no queda rastro del escudo de armas del Conde de las Cinco Torres, tal como describe su escritura registral. Fuente: Captura de pantalla en Google Maps, junio 2026. 

NOTA: [Información heráldica no contrastada] El escudo del Conde de las Cinco Torres presenta en un campo de azur, cinco torres de plata, o de oro, dispuestas en aspas. En la entrada a la cripta, se aprecia una silueta circular difusa que rodea el centro. Corresponde a una corona decorativa de laurel o palmas esculpida en relieve bajo, un ornamento funerario y de honor muy común en las criptas coloniales y del siglo XVIII. Debido a la erosión o a que la pieza quedó inconclusa al no albergar finalmente los restos del conde, el relieve interior de las cinco torres apenas arroja sombra, mostrándose como una superficie plana y desgastada.

*** Fuente: Blog de Pepe Gil, “Programas de Feria de Conil y El Colorado”. Archivo Municipal de Conil, Isabel González Ramírez.