CONVALECENCIA.
«”El enfermo, físicamente aliviado del accidente sufrido, ha abandonado el lecho.
A la hora en que le encontramos, se halla repantigado en el mejor asiento que posee, al respaldo de su casa-habitación. Le envuelven las sombras de unos árboles frutales, plantados por sus tío algunos años antes de que él hubiera nacido.
El viento sopla acariciante. La temperatura es deliciosa. El conjunto de árboles y plantas floridas que abarca su mirada es también agradable y pintoresco. Hay gama de colores, olor a rosas y jazmines, cielo claro y despejado de nubes y bullicioso cantar de pajarillos, cuyas sonoras melodías apagan, atenuándolo, el suave susurro de las aguas que ruedan despaciosas por la cuneta de la carretera.
El convaleciente permanece en quietud material; pero no reposa. Su espíritu no aprecia, ni ve, las bellezas naturales que le rodean: está ausente.
Concentrado en la pasión amorosa que le embarga, con toda la fuerza de un primer amor tan mal correspondido, sufre en su interior alteraciones de explicación nada corriente.
En ocasiones, le domina una fuerte congoja, una intensa pena, un gran sentimiento: aflicción aguda que le llena de hondos pesares. A ratos, nota un cansancio tan pronunciado como si se hubiera fatigado en actividades físicas violentas. A veces es presa de pronunciado desmayo, de intensa fatiga, de angustia acentuada y extrema aflicción del ánimo: congoja que, para su alivio, le hace romper en copioso llanto.
Sufre accesos que le inducen hacia soluciones enérgicas, comienzos de arranques de violentas aptitudes, principios de resoluciones decisivas; mas todas estas manifestaciones se ahogan al nacer en su mente el recuerdo de aquellas palabras finales de María, tan profundamente grabadas en su alma: “Aprende a sufrir. El propio sufrimiento, purificando tus sentimientos, te dará fuerzas para conllevar la pérdida de tu ilusión” …
[Ambientación] El joven, Ansaldo, pensativo en el jardín. Fuente: Imagen creada por ChatGPT.
Ilusión perdida, es verdad. Esperanza desvanecida al primer contacto verdadero, tenido con la realidad, pero. A positivo su desengaño fue aquella creencia una figuración de sus sentidos, no. Él nunca le dijo claramente hasta aquel momento aciago de la rotunda negación de correspondencia, la pasión que por ella sentía, creía habérsela dada dado a entender con el mismo de sus atenciones con el halago de sus sentimientos, con la rápida acción de todo aquello que entendía que le era grato, pero nada más lo creyó bastante, lo consideró suficiente, entendió que no necesitaba otro paso. Que si hacía falta algo en todo ello, lo acarrearían las circunstancia, el ambiente, la acción familiar.
Desencanto terrible, mucho mayor que resistencia.
He ahí su hondo sentimiento, su gran pesadumbre, la extremada inquietud que lo dominaba.
De todo esto nacía su abstracción, su ensimismamiento llevado al punto de no escuchar las llamadas de la madre, invitándole a acudir a la comida, ni notar la presencia de la misma al no ser respondida.
-Te creía consolao con mis promesas de actuación pa aliviá tu pesaumbre; pero me he equivocao. Por lo visto no tiés fe en el cariño de la que te trajo al mundo.
-Sí madre, sí, te quiero todo lo que se puede querer a una madre buena, cariñosa, santa, si puede ser, como yo te creo; pero … también la quiero a ella; te lo repetiría mil veces; no lo puedo cambiar. Después de lo recién pasado, quisiera olvidarla, quisiera pasar como si para mí no existiera, como si se hubiera muerto y no volviera a verla nunca. Mas no puedo: tal es la fuerza de este mi primer amor.
-Bien agarrao se ve que lo tienes. Yo no te digo que lo largues de una vez; pero, aunque esta tormenta la tome yo como de verano, fuerte, pero corta, es menesté, por si las moscas, que la vayas arriando, ya que tiés lugá de recogerla así que la fruta esté más madura.
-¿Que largue mi cariño hacia esta mujer que me enloquece? … Pues ... ¿y aquellas seguridades tuyas, flaquean ya? …
-¡Qué van a flagueá! En buenas manos está el pandero pa que no suene. Lo que tiene es que, como persona de más experiencia, conozco las cosas mejor que la juventú. ¿Tú no ves ese desplante de la negativa que me has contao? ... Pues estoy por decirte que si no tuviera quien la regalara el oído con esa clase de labia que la deja embobalicá, es posible que no se hubiera registrao tanto descaro. Deja el arroyo corré que si en el invierno gasta la fantasía de su abundancia, ya vendrá el verano que lo deje seco y triste como una rama desprendía del tronco que le daba jugo.
-¿De modo que sigo creyendo en que debo tener esperanza? ... ¡Ay, Dios mío, si así fuera! … Por esa mujer, madre, soy capaz de los mayores sacrificios y abnegaciones: soy capaz de todo. ¡Entérate bien, madre, de todo! Si ese muñeco, si ese títere, con toda su palabrería, es una rama que se me atraviesa en la vereda, se corta, se quema y en paz.
[Ambientación] Diálogo en el jardín. Fuente: Imagen creada por ChatGPT.
-¡No, ese no es el camino a seguí! Con la violencia, aunque salga bien, se ofende a Dios, se ofende al prójimo, se sufren las naturales consecuencias y, además, se le deja el campo libre a la causante. No; ya te he dicho que me dejes hacé. Ten confianza en mí. Te lo repito una vez más. Come, cuídate. Anímate. Haz de tripas corazón. Aprende de una vez a dominarte. Muéstrate resignao. Si pudieras indiferente, mejó. ¿No aseguras que tiés voluntá pa el sacrificio? … Pues mano a la obra, que al día siguiente de sembrá no se recoge la sementera.
-¡Madre! …
-¡Hijo! … Obedéceme, vuelvo a repetírtelo, y seguramente adelantarás mucho de lo que hasta ahora tiés perdío. Hoy bien estás de convaleciente: mañana, a trabajá.
Ha cesado el diálogo.
Madre e hijo han penetrado en el hogar.
Las gallinas escarban la tierra y picotean en ella.
Un pavo lanza varios clo, clo, estridentes y agudos, mientras sacude la membrana eréctil que le cubre el pico, y luego estira un ala, rígida, que llega a rozar el suelo, como haciendo vana ostentación de su gallardía.
Los pajarillos continúan el diálogo de sus gorjeos.
El agua de la cuneta rueda cantarina.
El sol, desde el cénit, parece presidir los encantos de la naturaleza, incendiándolo todo con sus esplendorosos rayos.“»
CONTINUARÁ CON “JURAMENTO DE AMOR, 1ª parte”, el 11 junio 2026.
*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 89-92. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f.































