viernes, 16 de enero de 2026

HISTORIAS DE LUIS BRICEÑO, 48.

¡NADA, HOMBRE, NADA!

Sevilla se hallaba en plena fiesta primaveral.

La renombrada fiesta abrileña se celebraba bajo un cielo clarísimo, completamente despejado. A través de su limpia y transparente atmósfera, derramaba el sol verdaderos torrentes de luz cegadora, que arrancaba a muchos edificios destellos brillantísimos, haces de luz que deslumbraban la mirada.

Una brisa acariciadora, saturada de gratos perfumes, hacía agradable y deliciosa la temperatura, especialmente en las primeras horas mañaneras, pletóricas de encantos.

En el hermoso Prado de San sebastián, donde las casetas e instalaciones de la feria ofrecían perspectivas sugestivas, con la superabundancia de exhornos del mejor gusto, la animación resultaba indescriptible.

En todas partes se apreciaba un constante derroche de buen humor, de sana alegría y de honestas complacencias.

Los sones de guitarras, de palillos y de típicas canciones, eran constantes, como frecuente el consumo de la exquisita manzanilla sanluqueña y el deliciosos caldo jerezano.

[Imagen de ambientación, generada por IA Google- ChatGPT] Esplendor de la Feria de abril en el Prado de San Sebastián de Sevilla. 

El desfile de vehículos de todas clases y de peatones, parecía interminable, abundando todavía los ricos y ostentosos coches tirados por briosos caballos, enjaezados con sonoros y vistosos arreos, y las bellas amazonas, remembranzas de lo típico y genuino de estas singulares fiestas, todo color, todo animación, todo alegría.

Y todo este conjunto de extática[1] contemplación, presidido por la singular belleza giraldina, enmarcado en la espléndida guirnalda de la arboleda de los parques, jardines y alamedas, y saturado del perfume de las flores y plantaciones que parecen abrazar la pradera …

De bruces sobre la adornada baranda sur del Puente de Triana, a espaldas del paso de los grupos bulliciosos de trabajadores y de cigarreras que van y vienen en constante rebullir, hay un macareno jacarandoso, alegre y desenvuelto, despejado y decidor, que, mirando hacia la dormida corriente de las aguas del río, cual dama que se acicala ante el mejor espejo, grita de pronto, repetidas veces, con voz sonora y retumbante, extendiendo sus manos hacia el abismo, cual si persiguiera el eco de sus exclamaciones:

-¡Nada, hombre, nada!

Los transeúntes, haciendo alto repentino en su regocijado caminar hacia el ferial o de él, miran, alarmados, hacia donde parece señalar el macareno y, al mismo tiempo, escrutan, interesados en la posible desgracia, las aguas espejantes[2] del río, como buscando la víctima.

El grupo, ya numeroso, aumenta, sin cesar.

[Imagen de ambientación, generada por IA Google- ChatGPT] Macareno en el Puente de Triana. 

Un guardia de servicio en las inmediaciones del puente, tras no escasos esfuerzos, consigue acercarse al autor de las alarmantes exclamaciones, que continúa, impertérrito, en la misma actitud que al comienzo de la escena, gritando:

-¡Nada, hombre, nada!

El guardia, un poco nervioso y algo violento por la situación, aparta enérgicamente de la baranda al protagonista del suceso y le interroga con toda la solemnidad que le presta la autoridad que representa:

-¡Oiga usted! … ¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que pasa?

El interrogado, zumbón y chancero, y como satisfecho del resultado que se propuso, contesta, con la mayor tranquilidad y con toda calma:

-Pues … nada, hombre, nada. 

NOTAS DEL TRANSCRIPTOR: [1] Extática.- Que está en éxtasis, o lo tiene con frecuencia o habitualmente. Fuente: Diccionario RAE. [2] Espejante.- Del verbo espejear; relucir o resplandecer como un espejo. Fuente: Diccionario Abierto y Colaborativo (?). 

*** Fuente: “AMAPOLAS Y JARAMAGOS: cuentos, anécdotas, narraciones y chascarrillos”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 99-100. Primera edición, Gráficas Morales, Jaén, 1.940. 

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