Los accidentes automovilísticos en el primer tercio del siglo XX reflejan una etapa temprana del desarrollo del automóvil y de la seguridad vial. Las carreteras eran mayoritariamente de tierra o piedra, diseñadas inicialmente para coches de caballos, no para los nuevos vehículos motorizados. Curiosamente, eran frecuentes los choques contra árboles, como lo demuestra los dos sucesos que se cuelgan hoy en el blog, en las cercanías de CONIL. No existían señales, límites de velocidad ni educación vial reglamentada. Los árboles junto a los caminos eran un elemento omnipresente y muy peligroso. Los neumáticos eran de caucho macizo o con cámaras poco fiables; los caminos con el firme muy irregular hacían que el conductor (chauffeur) perdiera el control. Aunque los coches eran lentos, 40-60 km/h., en carreteras estrechas y escasamente pavimentados era una velocidad peligrosa.
Imagen ilustrativa de una accidente de auto, no correspondiendo a ninguno de los dos siniestros que se detallan, sólo a efectos de ambientación. Fuente: “El blog de los Cuentos Perdidos de Tolkien”, 24 mayo 2018.
Fuente: “EL SOL”, Madrid, sábado, 7 de abril de 1923.
Fuente: “ABC”, Madrid, martes 4 septiembre 1923.



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