¡COPO!
Las distracciones de los pueblos, especialmente en los de corto vecindario, constituyen, a no dudar, un problema de difícil solución, sobre todo, de noche, y, más aún, en esas noches largas, que parecen interminables, del crudo y despacible Invierno.
Desaparecieron, puede decirse, los saltimbanquis, las caravanas de húngaros, con sus animales amaestrados, y las compañías de cómicos de la lengua, que iban de pueblo en pueblo. Todo ello muy modesto, muy humilde, muy insignificante; pero que, al menos, y siquiera por unos días, significaban una interrupción del aburrimiento tedioso reinante en las pequeñas localidades: algo que llevaba algún recreo al ánimo, sacándole de la monotonía persistente en que el aburrimiento extremado suele aprisionarnos.

[Ambientación] Cabra amaestrada. Fuente: José D. Díez.
El cinematógrafo, que con la gramola y, sobre todo, con la radio, constituyen, en estos tiempos, el casi único elemento de distracción, en las pequeñas y grandes poblaciones, representa todavía un lujo poco asequible a las disponibilidades de la mayoría de los vecinos de las pequeñas poblaciones.
He aquí el por qué, descontando cuatro veladas, desarrolladas dentro del marco rutinario del humilde y modesto ambiente pueblerino, y cuatro excursiones animadas del deseo de diversión, no hay más que el casi inevitable desviamiento hacia el vicio, que mientras se contiene limitado en el copeo o en la simple distracción de la baraja, es perfectamente tolerable, pero cuando descarrila hacia el “monte” o la ruleta …
El “monte”, esto es, la baraja o los naipes.
Terrible vicio, aunque sea en pequeño, ya que el que lo toma como habitual quehacer no se distrae, sino que se pervierte.
Al de los naipes, en su modalidad de “monte”, jugaba una porción de vecinos de lo más principalito de cierta pintoresca población andaluza, situada en la vertiente de un poblado valle, que desemboca en una de las más importantes vías férreas del sur peninsular.
Para disimular su vicio, lo practicaban en finca situada entre frondosa arboleda y circundada de plantas enramadas tupidamente, donde el gorjeo de las aves canoras se confundía con el armonioso dúo del rumor de la brisa, allí constante, y el murmullo continuo de arroyuelos, que vierten sus aguas en la cascabeleante corriente del Guadiaro …
A ese apartado rincón selvático del feraz campo andaluz, llegaron en cierta ocasión unos amigos que buscaban casa donde pasar con sus familiares la temporada veraniega.

[Ambientación] Foto de carnet, arrancada de la cartilla militar, de un capitán de la Guardia Civil, en tiempo de Alfonso XIII (por supuesto no tiene ninguna relación con la “timba” narrada). Fuente: “todocoleccion.net”.
Siguiendo indicaciones de algunos vecinos de la localidad, visitada al efecto, se aventuraron de acá para allá, hasta dar en la finca de referencia.
En su delantera, bajo la sombra proyectada por la corpulenta arboleda, había una larga mesa y, en su alrededor, una veintena de personas, pendientes de los naipes, que manejaba una de ellas, vestida precisamente de uniforme cuartelero de una de las instituciones más gloriosas del elemento oficial.
Los que “tiraban de la oreja a Jorge” (1), concentrada su atención en “verlas venir”, no se daban cuenta de la insospechada presencia de los forasteros, y éstos, sorprendidos ante la “apasionada distracción” de los reunidos, no sabían qué determinación adoptar.
Por fin, uno de éstos, haciendo llegar su persona al mismo borde de la mesa, frente al que “tallaba” (2), y extendiendo la mano hacia la “banca”, pronunció con clara y seca voz la siguiente palabra, al mismo tiempo que depositaba junto al primer “albur” su cartera:
-¡Copo! (3)
El que “tallaba”, suspendió su faena y ante su propio estupor y el de todos los que le rodeaban, vio que la cartera que “apuntaba” era sencillamente el carnet personal de un capitán de la Guardia Civil.
NOTAS DEL TRANSCRIPTOR: (1) En el juego de naipes, "tirar de la oreja a Jorge" es una expresión coloquial que significa jugar a las cartas, especialmente en el contexto de juegos de azar prohibidos o clandestinos. El origen de la frase se relaciona con el gesto de "tirar" o agarrar los extremos o puntas de las cartas, que pueden parecerse a las orejas. La frase se utilizaba en épocas donde el juego de naipes estaba mal visto o prohibido, y para referirse a él se usaba esta manera de hablar. // (2) En algunos juegos de naipes, "tallar" es sinónimo de llevar la baraja o cortar y repartir las cartas en el turno de un jugador. Este término se refiere a la acción de tomar las cartas, mezclarlas y distribuirlas entre los participantes, preparando así el juego para el siguiente turno.// (3) En los juegos de naipes, "¡Copo!" es una exclamación que se utiliza para anunciar que se han formado las cartas con el mismo valor (un "póker" o "cuarteto") con un conjunto de cuatro cartas del mismo rango. Es una señal para declarar que se posee esta poderosa combinación de cartas en juegos como el póker. [Las tres notas, creadas por IA Google].
*** Fuente: “AMAPOLAS Y JARAMAGOS: cuentos, anécdotas, narraciones y chascarrillos”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 97-98. Primera edición, Gráficas Morales, Jaén, 1.940.