MARÍA DEL VALLE.
María del Valle, la hija de los dueños de la “Venta del Respiro”, como vulgarmente dieron en llamarla la mayoría de sus concurrentes, llevaba el nombre de la santa patrona de la población donde había nacido y se había criado.
Vino al mundo, en parto distócico[1], en el edificio ventorrillo que sus progenitores poseían en las afueras de la localidad de su naturaleza. Las dificultades de orden quirúrgico que hubo que vencer, ante todo, para salvar a su madre y, luego, para procurar su propia viabilidad, hicieron que fuera hija única de aquel matrimonio y que el mismo la cuidara con mimos de los prodigados a los seres que nos son más queridos y estimados.
A la hora en que la conocemos, esto es, en la ocasión en que la sabemos amada entrañablemente por el empleado de más confianza de sus padres -hijo, al propio tiempo, de sus compadres de boda-, era una jovencita de dieciocho a diecinueve años, de estatura aventajada, aunque bien proporcionada, que la hacía aparecer como de más edad. Era, también, airosa y esbelta, como palmera bien cuidada; hermosa y fragante, como una flor mañanera; gallarda y gentil, como una ave canora. De cara guapetona, aunque tostada por el sol y por las brisas de la montaña; de cabello negro y rizoso, que realzaba su buen parecido, y de ojos grandes y oscuros como el fondo sin fin de una cima.
Su presencia atraía, como el azabache electrizado atrae y retiene a la paja; su mirada, serena, como las tranquilas aguas lacustres, y dulce, como una caricia materna, ejercía irresistible influencia en el ánimo ajeno, cautivándolo como la luz a la pesca nocturna. Su conversación, placentera, como una deleitosa puesta de sol, gustaba como una agradable fiesta veraniega.
¿Presentación de la venterita con cualidades que exceden de lo verdadero? …
¿Realce de unos méritos con demasiado encarecimiento? …
¿Arrobamiento del ánimo, perdiendo la moderación al sacar la expresión de los vulgar, corriente y ordinario? …
¿Elevación de la persona a mayor mérito que el real y verdadero? …
¿Insegura rectitud en el modo de expresar una estimación? …
¿Prevención, tal vez, en favor de la solterita? …
Dibujo pastoril de la obra original, p. 55.
Nada de lo interrogado. En la expresión de cómo fuera la enamorada de Ansaldo, no hay absolutamente nada de dudoso ni de quimérico. Podrá haber -lo habrá, lo hay, seguramente- y en eso sí que estamos ciertos, carencia de habilidad en la manera de darla a conocer, desmañamiento en la especificación y torpeza en el modo y forma de explicar; pero en el fondo, es decir, en cómo era la mujercita que tratamos de describir, no hay nada que no sea realidad pura y efectiva.
¿Tratar de agradar, por mera vanidad, con medios estudiados, por el placer de verse admirada y requerida? …
No: nada de coqueterías. Ni tenía edad suficiente para esas decisiones de otra clase de mujeres, ni el medio en que se desarrollaba su pacífica vida podía entrenarla en esa clase de ficciones. Lo que hubiera en el alma de la venterita era todo natural y espontáneo.
¿Arrogancia, exceso de estimación propia? …
¿Fausto, ostentación, pompa vana? …
Tampoco; de ello, ni pizca: ingenuidad, sencillez y lisura en el trato general y en el modo de proceder. Allí, en aquel alma sencilla y candorosa, ni había, ni cabían el orgullo ni la vanidad: naturalidad; solo naturalidad. Y la prueba de todo ello la daba a todas las luces la propia interesada vigilando, como un simple guarda, su ganado, esparcido por llecos[2] y mohedas[3]; sujetando como un hábil pastor a una oveja atona[4] que salva la vida al corderillo de la compañera muerta o desaparecida; ordeñando una vaca o una cabra, sencillamente como un asalariado, o fabricando un queso, como una moza de servir.
No fue una vez sola la que se le vio barriendo tranquilamente la bosta[5] del ganado, extendida bajo el alpende[6] que cubría la fachada de la delantera de la Venta que daba a la carretera, o tendiendo la ropa recién lavada por ella misma, para su secado.
Solícita y diligente en las faenas domésticas, al igual que sus padres, de los que lo había heredado y aprendido, no desdeñaba ni desconocía la realización de ninguno de los quehaceres propios de sus negocios ni de su hogar.
[De ambientación] Una pastora con su rebaño, de Julien Dupre. Fuente: “meisterdrucke.es”.
Por todas estas cualidades, de todos los de por allí tan conocidas y apreciadas, se hacía más digna, si cabe, de elogios y de estimación.
Carecía de toda cultura ajena a sus menesteres y su educación e instrucción se reducían a lo más común y ordinario: unas reglas generales de religión cristiana y un mal deletreo en escritos impresos.
No obstante estas deficiencias, cuando escuchaba un requiebro de los atrevidos, sabía disimular el desagrado que le producía, sin llegar a lo despreciativo ni altanero.
A las lisonjas y alabanzas de sus atractivos que se permitía Ansaldo, por las circunstancias que ya conocemos, contestaba con una sonrisa de simple agradecimiento, que hechizaba al mancebo, avivando la pasión de amor que por ella sentía, y cuando la requería para una contestación que pusiera en su ánimo alguna esperanza de correspondencia, contestaba una cosa así o parecida:
-¡Caracoles, Ansaldo, y qué de prisa caminas! No por mucho madrugar amanece más temprano. ¿Quien piensa en eso?
Otras veces, acosada moralmente por las expresiones del enamorado, que, espoleado por su pasión, perdía poco a poco y en el mejor de los sentidos de la frase, su poquedad característica, le argüía:
-¡Caray!, amiguito: afloja un poco el dogal; que podamos salir bien del ahogo.
No pudo nunca sacarle más explicaciones: nada que pudiera traducirse en esperanzas ni compromiso de relaciones de casamiento; pero nada, tampoco, que denotara menosprecio, indiferencia o despego. Educación instintiva, nacida de un alma pura y sencilla y por pura y sencilla perfectamente adorable: esa era María del Valle, nuestra bella y hechicera venterita.
NOTAS DEL TRANSCRIPTOR: [1] Un parto distócico es un parto que no progresa de forma normal y requiere intervención médica, a diferencia del parto eutócico, que es natural. Fuente: IA de Google. / [2] Lleco.- Dicho de la tierra o de un campo: sin roturar. Fuente: Diccionario RAE. / [3] Moheda.- Monte alto con jarales y maleza. Fuente: Diccionario RAE. / [4] Oveja atona.- Que cría un cordero de otra madre. Fuente: Diccionario RAE. / [5] Bosta.- Excremento del ganado vacuno o caballar. Fuente: Diccionario RAE. / [6] Alpende o alpendre.- Cobertizo. Cubierta voladiza de cualquier edificio, y especialmente la sostenida por postes o columnas, a manera de pórtico. Fuente: Diccionario RAE. /
CONTINUARÁ CON “VISITA”, el 06 marzo 2026.
*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 53-57. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f.


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