ANSALDO.
Transcurridos los primeros días de la vuelta de Ansaldo a sus añorados lares; pasada la intensidad de las emociones producidas por la definitiva vuelta del ausente; calmado ya el apresurado latir de aquellos corazones, intranquilos y apesadumbrados por la separación del ser querido; satisfecha en éste la sentida apetencia de verse de nuevo entre las cosas y lugares de toda su complacencia y satisfacción íntima, y festejado el retorno con la sana alegría y natural regocijo que en términos generales produce el cumplimiento de un vehemente deseo, hubo precisión de pensar con toda seriedad en algo positivo que despejara la claridad del mañana tan oscuro e incierto en tantas ocasiones, al propio tiempo que se diera empleo aprovechable a las pujantes actividades del nuevo hombre, malgastadas, hasta entonces, en tareas de tan escasa utilidad.
Procurándolo, se deliberó lo conveniente en la intimidad familiar y, de este largo considerar el pro y el contra de la decisión, nació el acuerdo de acudir a los compadres vecinos, los cuales, atendiendo cumplidamente la solicitud amistosa que al efecto se les hiciera, confiaron a Ansaldo los servicios de mostrador de la Venta, menester que evidenciaba la excelencia de la vieja amistad que unía a entrambas familias.
[De ambientación] Ultramarinos, … Fuente: Facebook Pricipado de Asturias.
Ahora bien: el acto de los familiares de Ansaldo, consiguiendo poner al mismo en contacto directo con los negocios de los dueños de la Venta y con los mismos en su íntimo vivir, ¿tenía más alcance que el que a primera vista se podía apreciar? ¡Cualquiera lo sabía! ¿Quién que humano sea es capaz de penetrar en la intención ajena?
Escasa era la vecindad de aquellos contornos. Hecho indudable. Mas si era corta -cortísima, si se quiere- la población de las cercanías, tenía poco de limitada la creciente concurrencia al conocido Establecimiento, y, entre los más asiduos visitantes al mismo, no dejaron de comentarse las circunstancias.
¿Quién es capaz de ponerle puertas al campo? ¿Quién pude evitar esas conversaciones sobre personas o sucesos de la vida ordinaria, máxime si, desarrollándose dentro de la plática sencilla y corriente, como queremos suponer las del caso a que nos referimos, no desciende a los bajos fondos de la murmuración? …
Ansaldo introducido, por decirlo de algún modo, en el hogar y en el manejo de intereses del dueño de la Venta; éste, con una sola hija, guapa y acomodada, ya casadera; un solo joven, soltero, en todas aquellas proximidades: Ansaldo. Afecto personal, recíproco, fortalecido por el trato; proximidad de dos electricidades contrarias (la condición orgánica que distingue, en este caso, al hombre de la mujer), pero que, como las físicas, tanto de atraen …; combustible o leña junto al fuego, que se expresa vulgarmente, son circunstancias inconfundibles que se prestan, como el hilo a tantas labores, a toda clase de comentarios.
¿Cómo no hablar de todas esas cosas, y de otras más por el estilo, si el propio Ansaldo con la manera de conducirse daba pie y más pié para todo ello?
[De ambientación] Tienda de ultramarinos en los años 40. Fuente: “petreraldia.com”.
Cualquier observador, por superficial y desinteresado que fuere, no dejaría de notar en el joven una marcada propensión, que no sabía disimular, a agradar a la moza y a su familia. A mil leguas, cual reza la expresión andaluza, se notaba que se desvivía por complacerlos en todo y, sobre todo, en ser afable, cariñoso y dulce, con dulzura rayana en la adulación, con María.
¡María! … Hora es ya de que consignemos, y con la satisfacción íntima con que lo hacemos, por cierto, que la bella y sugestiva hija de este ventero, flor la más rica y hermosa de aquella especie de jardín natural de la sierra, se llamaba así: María, tal como la mismísima Madre de Nuestro Señor Jesucristo, Señora Nuestra.
Pues bien: respecto a los fundamentos, principios o bases que provocaban, facilitándolas, las conversaciones de que nos ocupábamos, puede decirse más: puede añadirse que la sola presencia de María infundía al mozo pronunciado deleite espiritual: lo denunciaba al menos psicólogo su expresión de embobamiento; su gesto de embeleso; su actitud de suspenso, absorto admirado. Ni sabía dominarse, ni hacía por disimularlo, ni lo podía negar. Sólamente el hecho de nombrase a la damita -tal parecía-, hacía que se le subiera a la cara el mayor calor de su cuerpo; la estancia de ella en el mismo paraje, le hacía perder la conciencia de sus quehaceres, que infaliblemente interrumpía, por premiosos que fueren, para quedarse atento a su voz, fijo en sus ademanes, pendiente, sólo, del deseo de complacerla. No era menester, siquiera, que la viera: bastaba que escuchara su voz o que sintiera sus pasos, que llegó a distinguir a la perfección para que paralizara sus actos, atento exclusivamente a la ocasión de rendirle melosos parias.
Nada se sabía hasta los momentos en que se trazan estos renglones, de que sus requerimientos y cortesías se tradujeran en declaración formal de amores, mas se necesitaba no ser mujer o persona de alguna experiencia para no darse cuenta de que todas aquellas obsequiosas expresiones de sujeción a la voluntad de la joven, para servirla o complacerla, no eran otra cosa que desbordes de la irresistible propensión del mancebo hacia la tierna y atractiva hija de sus patrones.
[De ambientación] Antigua tarjeta romántica. Fuente: “todocoleccion.net”.
Duda de que Ansaldo llegó a prendarse vivamente de amor por la joven venterita, no había a quien se le ofreciera. Pero sí podía asegurarse que fue pasto de conversaciones entre las personas que más conocían a aquellas familias, la opinión o parecer de que estas últimas, sobre todo la del joven enamorado, no eran ajenas a la pasión amorosa del mismo.
La madre del joven, conocida de antiguo de los comentaristas, por las facilidades y servicios que les tenía prestados antes de que la Venta existiera, poseía entre ellos consolidada fama de muy hábil y sagaz en extremo. La posibilidad de aprovechar aquel ventajoso partido que la diosa Casualidad le deparaba, se suponía fundadamente que no había escapado a su avisada inteligencia.
Consiguiendo aquel enlace matrimonial, tenía asegurado el mejor porvenir de su hijo y la más tranquila vejez para los suyos y para ella misma. Después de todo, ¿tenía algo de particular que una madre cariñosa, como ella era, velara por el mañana de su único hijo? ¿Que la acción llevaba envuelto un poco de egoísmo? Bien: admitido. Pero, ¿qué humano es tan desinteresado que por cualquier tiquismiquis eche a rodar, así como así, la posibilidad, por no decir su futuro bienestar?
Por todos estos supuestos, se daba por sentado, no sólo que alumbrara aquellos amores, sino que los fomentara por todos los buenos medios a su alcance, hasta verlos consagrados y benditos al pie del altar.
Sobre estas actuaciones y manejos de la madre de Ansaldo, no había más versión exacta que lo referido por una vendedora de telas sueltas y confecciones, muy frecuentadora del establecimiento, que aseguraba formalmente haber sorprendido cierto día el siguiente diálogo, sostenido entre las madres de los dos mocitos objeto de estas disquisiciones:
[De ambientación] Antigua fotografía de boda en blanco y negro de la casa Ibáñez de Gandía. Fuente: “pinterest.com”.
-Sí: Ansaldo es muy amable y atento con TOOS nosotros. Se conoce que cuando etuvo en el servicio militar lo educaron bien en estos menesteres; con nosotros, está siempre dispuesto a complacernos en cuanto deseamos.
-¡NATURÁ! En casa hemos hecho por él lo que hemos PODÍO y, respecto a USTÉS, de alguna manera tiene que pagar a quienes tan bien lo miran. Pero ahora voy por otro camino: me refería a lo que parece que va habiendo entre ambos. ¡Qué buena pareja para quererse!
-¡Por Dios, comadre, no llegue USTÉ tan lejos! Mi hija es aún una niña.
-Tampoco digo yo que se casen mañana. Pero, dígame USTÉ, comadre, ¿no es VERDÁ que sería un matrimonio dichoso y FELÍ? … Él se va viendo que la quiere con pujanza; si ella llega, que llegará, a corresponderle, ¡que Dios los bendiga!
-¡Jesús, comadre, y qué cosas TIÉ USTÉ esta mañana!
En cuanto a Ansaldo, aparte de sus amoricones, más o menos expresivos, más o menos vehementes, para con la chica, no se sabía de sus confesiones amorosas, formales, otra cosa que el siguiente monólogo, escuchado, primero, y luego, referido por unos arrieros que seleccionaban su mercancía, a la sombra de un rincón de la arboleda que, aparte de la fachada que daba a la carretera, casi rodeaba el edificio-establecimiento:
-¡Dios mío! … ¡Dios mío! …. La amo con TOA mi alma. Es otra clase de cariño, pero la quiero como a la mismísima Virgen del Valle, nuestra patrona; como a mi propia madre. ¡Haz que ella me quiera, también, Dios bendito! … Te lo PÍO DE TÓ corazón … Dámela, Dios de la bondad, que ya sabré agradecértelo con mis constantes devociones.
CONTINUARÁ CON “MARÍA DEL VALLE”, el 20 febrero 2026.
*** Fuente: “LA FUERZA DE UN PRIMER AMOR: novela de notorio matiz ingenuo, de escasa traba episódica y de carácter sentimental”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 47-51. Diario Jaén, Talleres Gráficos, s/f.




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