… HASTA A JESUCRISTO EN PERSONA.
San Pedro presta su cotidiana guardia como clavero perpetuo del reino de los Cielos.
Terminadas las expediciones extraordinarias de bienaventurados que llegaban de cierta parte de un planeta allí bastante conocido, por los constantes sacrificios de sus habitantes y naturales, en honor y defensa de la más Sacrosanta de las Causas, se han reducido sus jornadas al quehacer ordinario. Normalizada, pues, su ocupación cotidiana, le permite dormitar, de bruces sobre su mesa de trabajo, cual lo hace en el instante que de él nos ocupamos.
Acompañado de uno de los espíritus celestiales que le sirven como si dijéramos de ayudante de campo, le visita inopinadamente Nuestro Señor Jesucristo, que le saluda cariñosamente, diciéndole, luego, en dulce tono familiar:
-Pedro, te es ya conocido el hecho de que allá, en la Tierra, hay una nación que por su rancio abolengo católico, por su profundo sentimiento cristiano, por su arraigada fe en los altos designios de la Providencia Divina, y por sus constantes y cruentos sacrificios en defensa de la Sacrosanta Religión Católica, entre otras loables circunstancias, goza de todas mis predilecciones.
-Señor -le responde el apóstol-: vuestra Divina Bondad es universalmente conocida.
-Bien, Pedro, bien. Pero no es eso, no. De allí tengo noticias confusas y contradictorias. Quiero conocerlas por mi cuenta, Pedro, y necesito tu opinión: piensa y habla.
[Imagen de ambientación, generada por IA Google- ChatGPT] San Pedro dormita en su guardia celestial.
San Pedro medita unos instantes. Luego, dice, dirigiéndose a su divino Maestro:
-Vuestra Sagrada Excelsitud, elevándome a la Sublimidad de sus consejos, me honra en extremo. Mi gratitud hacia mi Señor vivirá lo que yo: Obedezco, con la íntima satisfacción de siempre, y me permito aconsejarle: mande allá al Santo Ángel que le acompaña y que le informe de cuanto vea.
Unos instantes después aparece en España un singular personaje, en figura de turista. Hace su presentación a las autoridades que se la requieren. Lleva documentación en regla. Obtiene toda clase de facilidades. Recorre pueblos y capitales. Visita las regiones desvastadas por la barbarie de los sin Dios y sin patria y, por último … desaparece.
-Señor -da cuenta el espíritu celeste al Hijo de Dios Padre-: allá, en la nación de vuestras Augustas predilecciones, se reparan con toda urgencia, todos los desperfectos que la mano ciega causó. Se recobran los ornamentos sagrados que la piedad ocultó a la rapiña de tanto desaprensivo; se sacan de los escondrijos donde la fe los escondió, y se entronizan con fervor digno de todo encomio, las imágenes que el creyente pudo librar de la fiereza indómita del populacho; se trabaja febrilmente en la restauración inmediata de la Iglesia Católica; se reanuda con entusiasmo celo y eficacia el culto católico … Va volviendo la normalidad a todos los aspectos del vivir, y, como caso excepcional, merecedor de toda alabanza, se manifiesta con marcada evidencia, el nacimiento y rápido desarrollo de un culto idolátrico, ardiente y fervoroso, profundo y arraigado, casi extraterrenal, hacia la figura preeminente que, de acierto en acierto, va conduciendo, con pie seguro y marcha veloz, aquel pueblo hacia Dios y hacia la Patria, recobrada, tras titánicos esfuerzos y dolorosos sacrificios, del dominio de los enemigos de todos …
[Imagen de ambientación, generada por IA Google- ChatGPT] El Santo Ángel en la España devastada.
-Bien, muy bien, mi fiel amigo. Conocía todo eso de que tan bien me informas. Por eso no era mi deseo, no. Yo necesito conocer algo que no sea la simple apariencia … Pedro, atiéndeme: requiero tu colaboración personal.
-Alabado sea el Señor: disponed, como siempre, de mi humilde santidad. Bendito sea, por los siglos de los siglos, el nombre de Jesús.
-Déjate de adulaciones, Pedro. Persónate en la Tierra y, ya en ella, en mi nación predilecta. Mira y escucha fuera de la capa superficial de las cosas y de los hechos. Sé afortunado. En tu misma guardia te espero. Adiós.
Segundos después hace su aparición en España el Santo Apóstol. Va de simple obrero, tocado con boina grana. Viste camisa azul y pantalón negro, como su corbata. Lleva cinturón de correa, con bordados de costura a máquina. Le atraviesa, exteriormente, a manera de bandolera, otra correa hebillada, lo mismo que la del cinturón.
Es recibido brazo en alto y mano abierta, como el que manda parar un vehículo en marcha. Es ademán que significa mando, saludo, obediencia, adhesión y acatamiento a la Buena y Santa Causa.
El original obrero, en sus diferentes visitas a diversos centros oficiales y oficinas, ve, oye, observa, examina y escucha todo. Saluda, por fin, en la misma forma que a la entrada y … sale. Ya en la calle y en sitio no concurrido, desaparece como por disipación, cual se desvanece la pequeña humareda que produce una cerilla al inflamarse.
[Imagen de ambientación] Autoridades. Fuente: “memoria.cat”, El primer franquismo de Manresa en un clic (1939-1959).
San Pedro comparece ante el Salvador del Mundo y le informa:
-Señor, cumpliendo el cometido que me confiara, he visto allá, en la nación hispánica, una especie de militarización en todas las personas. Niños, jóvenes, mujeres y hombres hasta de edad provecta, caminan con idéntico ritmo, desarrollando función común bajo una misma obediencia. Cada obrero es un personaje; cada preso un protegido. La mujer, incorporada al manso bullicio del vivir, comparte con el hombre todas las actividades, todos los cometidos … El niño, recogido en lugares adecuados, es alimentado, vestido y educado con cuidos maternales. El paciente es asistido con solicitud fraternal, y al trabajador, en general, luego de la depuración de sus actuaciones, se le proporciona ocupación acomodada a sus aptitudes. Allí se procura por el mando mayor y por todos sus leales colaboradores que no haya familia sin hogar ni hogar sin lumbre.
-Bien, bien, bendito Apóstol. Agradezco tus buenos oficios, mas veo que tampoco me has comprendido … Bueno, Apóstol querido, torna a tu guardia. Cumpliré mis deseos personalmente: allá voy yo.
Y, efectivamente, allá, a la Tierra y a España, marchó, de nuevo el Hijo de Dios.
Pasaron los minutos, pasaron las horas y hasta algunas fechas, según dicen los bien enterados de esas cosas, sin noticias ni novedad.
Ya pensaban San Pedro y el Santo Ángel acompañante, hasta en poner el hecho en conocimiento expreso del Dios Padre, cuando recibieron, dirigido al Santo Apóstol, el siguiente mensaje:
-Pedro: mándame unas pesetas y un aval político, pues aquí lo escudriñan todo y detienen hasta … al mismísimo Jesucristo en persona.
*** Fuente: “AMAPOLAS Y JARAMAGOS: cuentos, anécdotas, narraciones y chascarrillos”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 103-106. Primera edición, Gráficas Morales, Jaén, 1.940.

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