TO ESO ES … MÚSICA.
Un nuevo rico de los de la post-guerra de 1914-18 [Primera Gran Guerra], alardeaba de su dinero, ganado, sin duda alguna, en la forma fácil y generalmente turbia y egoísta que muchas personas pusieron en práctica para conseguirlo, exhibiendo un buen fajo de billetes del Banco de España, envuelto, a guisa de cartera, de que carecía, en una hoja usada de papel de música, probablemente por su gran consistencia y reciedumbre.
Esto lo hacía en forma bien mal disimulada, frente a la fachada del edificio en que habitaba cierta damisela, por la que sentía pronunciadas inclinaciones.
Para realizarlo, se aprovechaba de unas sillas que, de un café inmediato, utilizaban sus clientes, para tomar el sol.
Corrían días bastante desapacibles del crudo y frío invierno. Acababa de pasar un fuerte temporal de agua y viento. Espesas nubes habían ocultado el sol durante muchas fechas. El viento sopló con furia de huracán. La temperatura bajó ostensiblemente. La humedad calaba los huesos y las personas tuvieron que guarecerse en el hogar, del que no se salía nada más que a lo puramente indispensable.
Aquel día lució, por fin, el sol, rompiendo el velo, menos tupido, de nubes, que lo habían ocultado, y eran muy muchas las personas que acudieron, acá y allá, a recibir el beneficioso baño de sus esplendentes rayos.
Junto al nuevo rico había un su convecino, de su misma antigua profesión de corredor de granos y legumbres, que rabiaba interiormente, al presenciar los necios alardes del vanidoso, para “lucir” sus riquezas y, sobre todo, para que en ellas reparara la damisela de sus preocupaciones, sentada, también, a pleno sol, en uno de los balcones de su domicilio.
[Ambientación] El nuevo rico, alardeando de sus riquezas, no sabía que su vecino estaba a punto de darle una lección. Fuente: Imagen creada por ChatGPT.
El compañero del nuevo rico, no pudiendo soportar, callado por más tiempo, aquellas ridiculeces, resolvió hacerlas patentes ante los demás, ¡diciendo al autor de las mismas:
—To eso es ... música.
El interesado, dándose por aludido y rojo de ira, por aquella imprudente intromisión del atrevido en sus intimidades, le increpó duramente, a lo que respondió con calma irónica el su excompañero, explicando la frase:
—No te sulfures por tan poco, compañero. Lo que dije iba dirigido a este otro amigo, que me preguntaba que qué era ese papel en que envuelves tus riquezas, y que yo, por deseos de satisfacer su curiosidad, le expliqué, señalando la envoltura:
—To eso es... música.
Hay quien asegura que la damisela del balcón cercano, acusó recibo de la recogida de la escena, con la expresión de una leve sonrisa, que no pasó desapercibida para algunos espectadores.
Fuente: “AMAPOLAS Y JARAMAGOS: cuentos, anécdotas, narraciones y chascarrillos”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 149-150. Primera edición, Gráficas Morales, Jaén, 1.940.

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