sábado, 3 de octubre de 2026

PINCELADAS HISTÓRICAS EN LOS PROGRAMAS DE MANO DE FERIAS.

La Guerra de la Independencia Española (1808-1814) supuso uno de los episodios más trascendentales y dramáticos de la historia contemporánea de España. La invasión napoleónica no solo alteró el equilibrio político del país, sino que transformó profundamente la vida cotidiana de ciudades, villas y aldeas que se vieron arrastradas por el conflicto. Mientras los grandes acontecimientos militares y políticos ocupaban las páginas de la historia nacional, innumerables poblaciones sufrieron en silencio las consecuencias de la ocupación extranjera, las requisas, la escasez y la violencia derivada de la guerra.

Conil de la Frontera no fue una excepción. Su posición estratégica en la costa gaditana y la proximidad a Cádiz, último gran bastión de la resistencia española, convirtieron a la villa en escenario y testigo de unos acontecimientos que marcarían profundamente a varias generaciones de conileños. Durante más de dos años, sus habitantes padecieron las cargas de la ocupación francesa, afrontando privaciones, abusos y tensiones que dejaron una huella imborrable en la memoria colectiva del municipio.

El siguiente artículo recoge, a través de documentos y testimonios de la época, una aproximación a aquellos difíciles años de ocupación, mostrando cómo los grandes sucesos de la historia se reflejaron en la realidad cotidiana de Conil y de sus vecinos. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] “Los desastres de la guerra: Así sucedió”, Francisco de Goya y Lucientes., Aguada bruñida, aguafuerte, buril, punta seca sobre papel avitelado, ahuesado, 156x209mm. Muestra a unos soldados franceses expoliando reliquias y objetos litúrgicos del interior de un edificio religiosos tras agredir a un sacerdote [ALGO SIMILAR DEBIÓ PASAR EN Conil, en el Convento de la Victoria]. Fuente: Museo del Prado, Madrid. 

“LA OCUPACIÓN FRANCESA DE CONIL”, por FRANCISCO GONZÁLEZ UREBA / Feria de El Colorado, 2001.

«”El día 23 de marzo de 1808, entraban las tropas francesas en Madrid y el día 2 de mayo se produjo la sublevación del pueblo madrileño. El movimiento de insurrección se extendió por toda la geografía española y los sublevados, al tiempo que, manifestaban su descontento por la presencia militar extranjera, organizaron unas formas de gobierno que tendrían vigencia durante todo el siglo XIX. Las juntas.

El 6 de junio la Junta Suprema de Sevilla declara formalmente la guerra a los franceses. Andalucía, tras la victoria de Bailén, había quedado libre del ejército invasor, pero a primeros de noviembre, Napoleón cruzaba el Bidasoa con un ejército de 250000 hombres y la Junta Central se trasladaba de Aranjuez a Sevilla el día 17 de diciembre de 1808. Las victorias francesas de Medellín y Ocaña, abrían las puertas de Andalucía al ejército invasor. A primeros de enero de 1810, una expedición. militar encabezada por José I, hermano del emperador Napoleón, se dirige a la conquista sistemática de Andalucía. El mando militar corresponderá al general Soult. En apenas quince días las tropas francesas ocupaban toda Andalucía, salvo Cádiz.

El 24 de enero de 1810, la Junta Central se traslada de Sevilla a la Isla de León y el 29 acuerda disolverse y nombrar un Consejo de Regencia que acabará replegándose a la ciudad de Cádiz.

El día 5 de febrero de 1810, el ejército francés, al mando del mariscal Víctor, llegaba a la Bahía, instalando su cuartel general en El Puerto de Santa María y el día 7 las tropas invasoras estaban en Chiclana. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] “Muerte de Velarde el 2 de mayo de 1808”, por Manuel Castellano (1864). Fuente: Museo de Historia de Madrid. Wikimedia Commons. 

Desconocemos por la inexistencia de actas capitulares de aquella época, el día exacto de la entrada de los franceses en Conil, que tuvo que ser sobre el 8 ó 9 de febrero, pues Alcalá de los Gazules lo fue el día 10.

El acta del día 9 de junio recoge que <al tiempo de la entrada de las tropas en este pueblo en número crecidísimo se sufrieron destrozos y un total abandono de todos los bienes muebles>. El Ayuntamiento, instalado entonces en el edificio que hoy ocupa la Policía Municipal [plaza de Santa Catalina, junto a la ermita del Jesús], fue incendiado, sufriendo importantes daños. El convento de los frailes Mínimos de la Victoria fue suprimido y sus frailes exclaustrados. Los bienes del duque de Medina Sidonia fueron intervenidos por su fidelidad a Fernando VII.

En los meses posteriores, Conil quedó convertido en un campamento militar, con las tropas francesas acuarteladas en el suprimido convento, en la Casa Chanca, en las haciendas del Mayorazgo y Huerta del Jardal, y los mandos y oficiales alojados en la casa del Corregidor, en la calle del Hospital número dos.

La villa quedaba obligada a abastecer a la tropa, suspendiéndose el comercio y las faenas agrícolas. Las quejas de los vecinos no tardaron en elevarse al Consejo Municipal, presidido por Don Diego Crespo, denunciando <los desórdenes que cometían las tropas, matando los ganados y atropellando huertas y plantíos, además de muchos otros excesos>.

Dieron comienzo las requisas que continuaron durante toda la ocupación. Primero los carro, los bueyes, caballos y asnos. Luego la paja, la cebada, trigo y harina. Hasta tuvieron lugar requisas de sacos, imprescindibles para transportar el grano.

Las bodegas fueron diezmadas de vino y vinagre, y aquel primer año de ocupación apenas si hubo vendimia, ya que las uvas se las consumieron en verde.

Para atender a la tropa se habían abierto varias cantinas y ventas, repartidas por la villa. Una de ellas instalada en la calle Chiclana número 1, conocida por la <taberna del Infierno>, fue el lugar de celebres algaradas y numerosas peleas, que incluso terminaban con la muerte de alguno de los intervinientes. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] “Los Desastres de la Guerra”, Francisco de Goya y Lucientes; Lámina n.º 39, “¡Grande hazaña! ¡Con muertos!”; Real Academia de Nobles Artes de San Fernando, 1863, Madrid. Fuente: “commons.wikimedia punto org”. 

Agotadas las arcas municipales, se recurrió a la venta de bienes del municipio. Pero siendo esto insuficiente, de implantaron contribuciones especiales a los vecinos según sus posibilidades. Esto dio lugar a una grave malversación de los fondos y a una distribución injusta de los cargos impuestos a los vecinos.

Las actas capitulares contienen numerosas referencias a esta situación, expresando la angustia y miseria en que vivía la población. El día 4 de junio, el Ayuntamiento se quejaba de <Las calamidades consiguientes a la pequeñez y suma pobreza de este pueblo con motivo de la escasez de especies de subsistencia>.

En esta misma acta de 4 de junio, se pone de manifiesto que los vecinos de la villa estaban organizando una resistencia ante el enemigo, al expresar la existencia de <atropellamiento contra tropas militares>.

Las autoridades francesas ordenaron al Ayuntamiento la organización en la villa de la milicia cívica, compuesta por conileños, con expresión de nombres, oficiales, sargentos, cabos y soldados, etc., haciendo responsable a la municipalidad de la más leve omisión que resulte en la organización de la expresada milicia.

De esta manera, hacían responsable al Ayuntamiento de la represión de estos desmanes que se cometían contra la tropa francesa, advirtiendo <la pena en que se incurrirían aquellas personas que impidieran o descuidaran a las municipalidades en la justa defensa contra los guerrilleros o cuadrillas de bandidos o insurgentes, estos serían considerados cómplices de los atentados que se cometieran y por tanto, juzgados por las Juntas Criminales>. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Reproducción del acta del Cabildo de 11 de junio de 1811, donde se recoge una orden del Comisario Regio Don Joaquín María Sotelo, desde El Puerto de Santa maría, sobre la recogida de mieses. Fuente: Archivo Histórico Municipal de Conil de la Frontera, libro 54-1, pp. digitalizadas 30-31. Gentileza Isabel González Ramírez. 

Hay documentación de la época que atestigua que con motivo del atentado que sufrió un oficial francés, en el que perdió la vida, fueron arrestados 10 vecinos de la villa. Se dio orden de ejecutarlos uno a uno si no se delataba a los autores del crimen. Una comisión municipal se dirigió a Jerez de la Frontera, para pedir clemencia para los arrestados ante el Comisario Regio Sotelo, ya que los detenidos eran unos infelices que nada de culpa tenían. La suerte que pudieron correr estos vecinos es desconocida por la ausencia de documentación que nos lo aclare.

Un caso significativo del proceder empleado con los vecinos para obligarlos a pagar las contribuciones especiales fue el padecido por el cura Don Diego Camelo. Sucedió que éste se negaba a pagar más dinero, pues decía que no le quedaba ni para mantener a su anciana madre de 76 años. Lo metieron en la cárcel por orden del corregidor Don José Moreno Pacheco. No pagaba y después de 2 días fue devuelto a su casa. Le pusieron dos soldados franceses para incordiarlo, coaccionando con causar daños a su madre, destruir todos los enseres de la casa y por fin la pobre anciana obligada a pedir por el vecindario reunió el dinero que le pedían.

Don José Moreno, corregidor, hombre de agrio carácter, de proceder despótico, insultante y retador, se hizo blanco de todas las antipatías y odios del vecindario.

Solía emplear la siguiente frase cada vez que los vecinos acudían a él para pedirle una rebaja en los impuestos: <Paga y calla, que si es menester hasta las entrañas te tendremos que sacar>. Zamarreaba a cualquiera por lo más mínimo, daba puntapié incluso a las mujeres, rompiéndole un brazo a una de ellas al caer por las escaleras del Ayuntamiento después del empujón que le dio.

Son muchas las anécdotas que podrían contarse, pero alargaría este artículo en exceso. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Interior del patio del Hospicio de la Misericordia, varias de cuyas habitaciones o cuartos individuales, se adaptaron como celdas de cárcel para los detenidos del Ayuntamiento. Fuente: Colección fotografía Pepe Gil Román. 

Solamente concluir que los acontecimientos vividos por los conieños durante los 28 meses de ocupación supusieron, sin caer en exageración, la página más negra de toda la historia de la población. La pérdida de vidas humanas, la ruina económica y los odios entre familias permanecieron en la memoria de los vecinos durante años.

El día 27 de agosto de 1812, los franceses abandonaron la villa definitivamente. En el mes de octubre se abrió un proceso contra el corregidor Don José Moreno y todos los concejales del último año de ocupación, por considerarlos colaboracionistas con el enemigo, autores de tropelías y excesos con los vecinos y traidores a la nación.

Seis meses estuvieron detenidos, incomunicados, en el Hospicio de la Misericordia, que había sido habilitado para cárcel. Al final sólo quedaron procesado Don José Moreno, Don Antonio Borrego, Don Francisco y Don Manuel Ramírez, Don Juan Muñoz y el Secretario Don Fernando Pantoja.

Celebrado el juicio fueron absueltos de los cargos que se les imputaban al quedar demostrado que tuvieron que actuar obligados por las autoridades militares francesas y que si su conductas parecieron odiosas a los vecinos, gracias a su intervención libraron al pueblo de males mayores.

Luego se iniciaron los famosos <expedientes de purificación> contra los que se habían destacado como afrancesados, unos con motivos, otros sin él, pero al fin la paternal y benigna idiosincrasia de nuestro pueblo, olvidó todo, concediendo perdones y relegando al pasado histórico aquellos trágicos sucesos. 

[Ambientación; imagen no contenida en el artículo original] Firma y rúbrica de José Moreno Pacheco, tomada de un acta de sesión de la municipalidad de Conil del 24 de febrero de 1811. Fuente: Libro Capitular 54-3, hoja digitalizada 105. Gentileza Isabel González Ramírez. 

No podríamos finalizar esta breve reseña de la ocupación francesa de Conil sin mencionar la gran batalla librada el 11 [5] de marzo de 1811 en el Cerro del Puerco, en la zona comprendida entre las actuales urbanizaciones de Roche y Novo Sancti Petri. La batalla librada por tropas españolas e inglesas aliadas contra las francesas acantonadas en Chiclana, fue un intento de romper el asedio a que estaba sometida la ciudad de Cádiz. El ataque anglo-español no tuvo todos los resultados deseados por falta de coordinación entre los dos ejércitos. En la batalla perdieron la vida 3500 soldados de ambos bandos. Todo un desastre dado los escasos resultados obtenidos.

Por último, las Cortes de Cádiz, promulgaron la famosa Constitución liberal de 1812 y decretaron la abolición del régimen señorial vigente en Conil desde el siglo XIV.”» 

*** Fuente: Blog de Pepe Gil, “Programas de Feria de Conil y El Colorado”. Archivo Municipal de Conil, Isabel González Ramírez. 

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