lunes, 19 de octubre de 2026

MERGABLUM Y LA VÍA HERCÚLEA, 1 de 3, por FRANCISCO JAVIER GUZMÁN ARMARIO.

Numerosos historiadores de la Antigüedad han preconizado tradicionalmente que el mundo antiguo es un universo rural controlado desde los núcleos urbanos. En la ciudad reside el poder político, se elevan los templos, prosperan los mercados estables, bullen las ágoras y los foros con el trajín de la vida cotidiana. Y en todos estos espacios lo público se manifiesta como el estandarte de una sociedad organizada.

A las ciudades llega la producción del campo, y desde ellas se distribuyen o redistribuyen los productos de primera necesidad, ya sea en forma de donativos ofrecidos a la población por los potentados, trueque, compra-venta o comercio al por mayor. El protagonismo histórico en la Antigüedad, pues, pertenece a lo urbano.

Sin embargo, debemos recordar el dato que el eminente historiador británico Keith Hopkins[1] (famoso por aplicar los métodos de la Sociología al estudio de la Historia) nos ha proporcionado recientemente: que el 90% de la población total de aquellos lejanos siglos vive en el campo, dispersa en una miríada de poblados, aldeas y alquerías que, por ejemplo, en los textos grecolatinos, aparecen bajo la denominación de pagi, castellae, turres … Tales núcleos de habitación, por ser rústicos, no tenían por qué hallarse en el interior: perfectamente podían ubicarse en la costa (el mar fue, en el imaginario romano, una prolongación de lo rústico, de lo incivilizado), en cualquier caso siempre enclavados en lugares estratégicos para el control del territorio y la explotación de los recursos. 

[Original del artículo] La basílica de Baelo Claudia, y presidiéndola la estatua de Trajano con la toga de magistrado. Imagen “retocada” por ChatGPT. 

Todo lo anterior responde a un patrón de gran éxito en el mundo antiguo: la creación de un sistema jerárquico de asentamientos, en el que el mayor de ellos (civitas, urbs, oppidum) controlaba a los núcleos menores y secundarios (alquerías, poblados), inmersos estos en el mundo rural. Un ejemplo muy claro lo tenemos en nuestra provincia de Cádiz, en el ámbito cultural turdetano inmediatamente anterior a la conquista romana. A principios del siglo II aC., cuando Roma ha vencido a Cartago en la II Guerra Púnica[2] (218-202 aC.) y ha expulsado a los cartagineses de la Península Ibérica, el oppidum de Hasta Regia (en Mesas de Asta, topónimo identificado por algunos autores con la mítica Tartesos), ciudad con 42 hectáreas a intramuros, tenía sometida a una población menor llamada Torre Lascutana: probablemente un recinto campesino fortificado, en las cercanías de la actual Alcalá de los Gazules. Los habitantes de este agrupamiento humano secundario se hallaban en régimen de servidumbre respecto de Hasta, y no poseían la propiedad de la tierra ni eran dueños de sus frutos. O dicho de otra forma: contribuían de forma importante a mantener a los hastenses con sus labores agrícolas y de paso servían de avanzadilla de sus señores a través de las fértiles vegas y fecundos montes que les separaban de ellos.

La información sobre esta peculiar relación la encontramos en el epígrafe en lengua latina más antiguo que se conserva para la Península Ibérica (hoy día exhibido en el Louvre): el Bronce de Lascuta[3]. En este documento militar se expone que:

“El general Lucio Emilio, hijo de Lucio, imperator, decretó que de los siervos de Hasta, aquellos que habitasen en la Torre Lascutana sean libres, y mando que también pudieran tener y poseer la tierra que en aquel tiempo poseyesen, mientras el Senado y el Pueblo romano lo quisieran ...”

Estamos en el año 189 aC. Un lustro antes Roma ha tenido que afrontar una rebelión generalizada de las ciudades ibéricas sometidas, en las que los núcleos turdetanos (Hasta Regia, Carmo) han jugado un papel director. Dicho epígrafe, pues, sanciona el castigo que le corresponde al perdedor: arrebatarle su territorio y el dominio sobre las aldeas y emplazamientos rústicos que la proveen de recursos.

La ciudad, ya nos lo recuerdan Cicerón o Vitrubio[4], es el soporte de la civilización. Pero no todo era ciudad en la época antigua. Si consideramos que una población de unos 10.000 habitantes (Itálica en tiempos de Adriano, Pompeya en sus mejores momentos) ya podía ser considerada, entonces, como una localidad relevante, igualmente hay que señalar que el hábitat disperso agrupaba a millones de personas en el Imperio Romano. Es la no-ciudad, que ha destacado el profesor Cristóbal González Román[5]. 

[Original del artículo] Acueducto norte y cisterna de Baelo Claudia. Imagen “retocada” por ChatGPT. 

Es decir, de la misma forma que la gente vivía en ciudades a la romana, como esa joya arqueológica llamada Baelo Claudia[6], verdadero privilegio para los gaditanos del presente, también habitaba en aldeas, cortijos, poblados de mayor o menor tamaño y granjas … A veces, un sitio destinado al culto (santuarios, lugares sagrados), o un emplazamiento con facultades para que allí se desarrollaran mercados estacionales o permanentes, generaba con el tiempo un resultado urbano o cuasiurbano. En Baelo, que albergó a 2.000 almas, aproximadamente, contemplamos los restos de un teatro excesivamente grande para esa población. O sea, que atendía a las necesidades lúdicas de una población extra, tal vez la suma de los temporeros que acudían a trabajar en la pesca del atún y en la elaboración de salazones y de garum más los habitantes rústicos de las aldeas adyacentes. 

NOTAS:

[1] Keith Hopkins (Londres, 20 junio 1934 – Londres, 8 marzo 2004), historiador y sociólogo británico; profesor en la Universidad de Cambridge. Biografía. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre. 

[2] Segunda guerra púnica.- Fue el conflicto militar decisivo entre la República de Roma y el Imperio cartaginés por la supremacía en el Mediterráneo. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

[3] Bronce de Lascuta.- Inscripción en latín arcaico hallada en las proximidades de Alcalá de los Gazules, que atestigua la presencia romana en nuestra provincia. (detalle) Fuente: Soledad, 19 agosto 2023. Cosas de Córdoba.

[4] Marco Tulio Cicerón o Marco Vitruvio Polión.- Fueron dos grandes figuras romanas del siglo I aC. que destacaron en campos distintos, el primero en la oratoria y la filosofía, y el segundo en la arquitectura y la ingeniería. Fuente: “discovery.researcher.life”.

[5] Cristóbal González Román.- Catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Granada. Semblanza (ver pp. 15-19, Ángel Padilla Arroba). Fuente: “Gratias tibi agimus” [Te damos gracias], homenaje al prof. Cristóbal González Román. Editorial Universidad de Granada.

[6] Baelo Claudia.- Ciudad romana situada en la ensenada de Bolonia, en la actual población homónima, a unos 22 km. de Tarifa. Más. Fuente: Wikipedia, la enciclopedia libre.

Continuará el 26 de octubre de 2026

*** Fuente: “Boletín LA LAJA: Amigos del Patrimonio Natural y Cultural de Conil”, n.º 7, pp. 10-13, diciembre 2006. 

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