viernes, 27 de marzo de 2026

HISTORIAS DE LUIS BRICEÑO, 53.

SÁLVEME USTED … PADRINO.

La gresca había sido tremenda, como de las mayores que se habían registrado entre aquellas familias de antagonismos irreductibles. Los insultos fueron tantos y tan frecuentes como los chaparrones de agua en un recio y prolongado temporal.

Hubo innumerables agresiones, aunque, afortunadamente, no pasaron de rotura y desgarrones de prendas, lucimiento de reconditeces, arranque de cabellos femeninos y masculinos, equimosis, contusiones y desgarros más o menos superficiales de la piel, mordiscos sanguinolentos y otros deterioros físicos por el estilo.

Desde sus comienzos, los vecinos timoratos más cercanos a aquella especie de campo de Agramante, dándose cuenta de que esas reyertas, como casi todas las revueltas personales, se sabe cuándo y cómo empiezan, pero nunca cómo y cuándo acaban, avisaron presurosos a los agentes de la autoridad.

-En el barrio gitano se están peleando unos contra otros. Son tantos y están tan furiosos, que no sabemos lo que puede pasar. 

[Sólo con intención de ambientación] Pila bautismal en la Parroquia Santa Catalina, la <pila verde>, en cerámica vidriada, procedente de alfares trianeros, entre los siglos XV y XVI. quizás donde imaginó el autor que se refugió el gitanillo de la narración. Autor: Rafael Coca López, 11 octubre 2021. 

Y allá acudieron, por un lado, unas parejas de la Guardia Civil; por otro, un inspector de policía, con varios del Orden Público, que, a mandoble limpio y cintarazos sin cuento, disolvieron, más o menos laboriosamente, la mas peleona.

¿Quién no teme a la leña, sobre todo si ésta lleva la procedencia de la que repartían los pacificadores de nuestro relato?

Hubo contendiente que no paró de correr hasta el pueblo inmediato.

Uno de los fugitivos, huyendo, desorientado, de la quema que se había iniciado en su campamento, se refugió en la iglesia parroquial, que aseaban monagos y sacristanes.

Asustado y temeroso, no sabiendo cómo burlar a sus perseguidores, se hurtó a la vista de todos, metiéndose de lleno en la hermosa pila bautismal, acurrucándose entre los pliegues de su vestidura.

De ella lo sacó precisamente el jefe de la fuerza pública, conduciéndole, maltrecho y chorreante, hasta la Inspección de policía.

Por el camino, le decía el gitanillo, presa de la mayor angustia y lleno de temor:

-¡Sálveme usté … , padrino! Sea usté indulgente con su ahijado. Padrino, ¡sálveme usté!

El policía, airado y violento, por la desfachatez del detenido, le respondió:

-A callar, majadero, impostor. Conque padrino, ¿eh? … Buen ahijado me daba Dios.

A estas increpaciones, arguyó el aludido, algo más tranquilo y confiado:

-Padrino, sí señor. La pura realidad. Porque usté, tan cabayero, no será capá de negá que acaba de sacarme de pila. ¡Y que ha sío delante de testigos! 

Fuente: “AMAPOLAS Y JARAMAGOS: cuentos, anécdotas, narraciones y chascarrillos”, por Luis Briceño Ramírez, p.p. 113-114. Primera edición, Gráficas Morales, Jaén, 1.940. 

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