VIENE
DEL
6
de mayo de 2025
Los
días pasan y el deterioro de los restos del barco hará imposible
recuperar la carga, y elementos útiles de su maniobra o vida a
bordo. En el torpedero se ha establecido una rutina de vigilancia que
parte de LA CARRACA, visita al <CLAN
MACKENZIE>, prosigue
hasta cabo Trafalgar y regresa, si las condiciones lo permiten, al
fondeadero frente a CONIL:
“En
las primeras horas de la mañana de hoy me hice a la mar para
desempeñar la comisión que V.E. tuvo a bien ordenarme, dirigiéndome
hacia las LAJAS DE CONIL en donde se encuentra varado el vapor inglés
<CLAN
MACKENZIE>. Me
aproximé a dicho vapor cuando me fue posible y pasé a estar casi
atracado a la popa para reconocer perfectamente cuanto ocurriese a su
bordo, no arriando embarcación alguna por no permitirlo la mar
tendida que reinaba. De la inspección practicada pude observar, que
dicho buque está completamente abandonado, sin gente a bordo, ni
embarcación alguna a su cuidado.” Fuente:
Archivo General de Marina Álvaro Bazán, AGMAB. Navegación
mercantil. Buques. 7147/25/1. Informe
23 de enero de 1913.

[Ambientación]
Vista
de la costa, desde Faro
de cabo Roche
a Conil
pueblo;
página 279,
“Derrotero
de las costas
de Portugal y SW de España”, Instituto Hidrográfico de la Marina,
1990. Servicio de Publicaciones de la Armada (Gentileza
del Dr.
Salas).
Si
los barcos hablaran, ¿qué se dirían el vapor y el torpedero en
aquellos días? Tuvo que impresionar el encuentro con el honorable
vapor semihundido. Aquello ya representaba las formas imprecisas de
un buque naufragado. Sus fracturas dejaban que la mar de fondo
penetrara hasta lugares, que antes eran parte de la vida de la
tripulación. Ahora el oleaje producía un oscuro y quejumbroso
gruñido al penetrar por los huecos y mecía, a su capricho, cabos y
algunos restos atrapados en el interior:
“Su
salvamento no es posible por estar partido en tres trozos, desde la
aleta de estribor a popa, la parte central, y en la parte de babor
del puente para proa. El agua le tiene inundada por completo las
bodegas, siendo por lo tanto dificultosa la extracción de la carga
que aún tiene a su bordo, conserva las plumas salladas y guarnidos
sus aparejos.” Fuente:
Archivo General de Marina Álvaro Bazán, AGMAB. Navegación
mercantil. Buques. 7147/25/1. Informe
23 de enero de 1913.
Seguramente,
si la mar penetraba en su interior y las bodegas estaban
completamente inundadas, el volumen de mercancía y otros elementos
que los temporales arrastraron hasta la cercana playa tuvo que ser
importante. No extraña, por tanto, el entusiasmo que el naufragio
del <CLAN
MACKENZIE> despertó
entre los habitantes, no sólo de CONIL, sino de otras villas más
lejanas.
No
obstante, el acceso al buque encallado no era tan sencillo. Primero
porque poseer una embarcación no estaba al alcance de la mayoría y
segundo, porque una vez en el lugar del naufragio sólo se tenía
acceso a las partes que se encontraban sobre la superficie, y siempre
que la mar lo permitiera. El comandante del Torpedero N.º 45 escribe
al respecto:
“Por
sus proximidades como dejo dicho no había embarcación alguna, y una
vez inspeccionado el barco, me dirigí al fondeadero de CONIL en
donde esperaba el ayudante de Marina con quien comuniqué.” Fuente:
Archivo General de Marina Álvaro Bazán, AGMAB. Navegación
mercantil. Buques. 7147/25/1. Informe
23 de enero de 1913.
Como
se lee a continuación, se confirma que aproximarse al <CLAN
MACKENZIE> no
era tan sencillo:
“Dicha
autoridad me manifestó, que habiendo sido abandonado por la Compañía
de Salvamento el que practicaba en el vapor por considerarlo perdido,
éste había sido abandonado, y que a partir del 13 de marzo,
estableció la debida vigilancia en el barco teniendo a sus
proximidades el falucho <JOVEN FLORENTINA>, que embargó con
tal objeto y en el que embarcó un Contramaestre de puerto para dicho
servicio, teniendo que retirar dicha embarcación por los temporales
últimos.” Fuente:
Archivo General de Marina Álvaro Bazán, AGMAB. Navegación
mercantil. Buques. 7147/25/1. Informe
20
de marzo
de 1913.

[Ambientación]
Vista
de la costa, desde pueblo
de Conil
a Torre
Nueva en El Palmar de Vejer;
página 279,
“Derrotero de las costas
de Portugal y SW de España”, Instituto Hidrográfico de la Marina,
1990. Servicio de Publicaciones de la Armada (Gentileza
del Dr.
Salas).
Como
colofón a la POLÉMICA SOBRE EL SAQUEO DE LA CARGA se supo, que un
paisano llamado FRANCISCO
GUTIÉRREZ Y GUTIÉRREZ
fue acusado de HURTO de varias prendas y otros efectos que iban a
bordo del buque. No sabemos en qué estado quedó la causa del
susodicho ciudadano.
El
<CLAN
MACKENZIE> fue
objeto varias operaciones de RECUPERACIÓN de la carga hasta que la
mar hizo imposible el acceso a sus bodegas. Durante varios meses, o
quizás algunos años, gran parte de sus restos asomaron sobre la
superficie sirviendo de aviso a los navegantes y como lugar de
descanso para aves marinas. El paso por las inmediaciones, de los ya
viejos hierros oxidados, debían causar a las personas, que
opbservaban el cadáver del buque, un cierto sentimiento de
desamparo. Más tarde, cuando la estructura fue menguando y quedó
bajo la superficie, sólo la rompiente delataba donde el vapor yacía,
hasta que finalmente FUE OLVIDADO.
¿EL
PECIO HOY?
El
<CLAN
MACKENZIE> sigue
señalado en las cartas de navegación como pecio sumergido. El lugar
no tiene demasiada profundidad y hay muy pocos restos. El buque fue
DESGUAZADO EN VARIAS OCASIONES y hoy día quedan dispersos algunos
trozos de chapa y estructura de él.
Si
tenemos en cuenta la profundidad, la inmersión es sencilla pues no
sobrepasa los 12 metros. Pero esa característica, precisamente, la
hace incómoda cuando hay mar de fondo u oleaje.
No
he visto nada que pueda identificar. Las piezas más grandes son
trozos de chapa que apenas se distinguen del fondo de piedra. Aún
así no deja de emocionar el encuentro con estas piezas, que sabemos
un día formaban parte del majestuoso buque.
EL
DESGUACE DEL <CLAN
MACKENZIE>
La
ubicación de este gran vapor era muy conocida. Sis restos sobre LAS
LAJAS DE CONIL estuvieron a la vista durante
años, lo que favoreció que fuera desguazado de manera sistemática,
al menos, desde 1957. La poca profundidad del lugar facilitó que
desapareciera en gran parte aunque, todavía hoy, es posible ver
algunos de sus restos bajo el agua.

[Ambientación]
Detalle
de la carta náutica de Trafalgar, con
la localización de las Lajas de Conil.
Fuente: “aceiteraen punto com”.
A
medida que se recuperaba, la chatarra del buque se fue depositando en
una parcela del muelle de Levante de Cádiz, de 600 m²,
comprendida entre los norayes 21 al 23. El desguace del <CLAN
MACKENZIE> no
estuvo exento de polémica en la época. El USO DE EXPLOSIVOS para
fragmentar la estructura del buque motivó la PROTESTA de la COFRADÍA
DE PESCADORES DE CONIL DE LA FRONTERA. El 5 de octubre de 1929,
MANUEL
CIFUENTES,
patrón mayor de dicha entidad, envía un escrito a la Ayundantía
Militar de Marina de Barbate. En él se expone la preocupación de
los pescadores por la desaparición de la pesca en la zona:
“Habiéndose
presentado en esta cofradía una representación de pescadores de
este puerto, lamentándose de que en fecha reciente es casi nula la
producción pesquera, hasta el extremo de venir de vacío las
embarcaciones de pesca que se hacen a la mar, cuya causa la atribuyen
al empleo de explosivos que se vienen utilizando en los trabajos de
extracción del buque llamado <CLAN
MACKENZIE> hundido
en esta costa, LAJA DE CONIL.” Fuente:
Archivo Naval de San Fernando.
Legajo
10131. Carpeta 5, L.BUI: 132 (1947-1997), 5 de octubre de 1959.
La
zona donde se encuentra el <CLAN
MACKENZIE> es
muy rica en pesca. Alrededor existen varios puntos habituales para
faenar: <Las Veredillas>, <Los Cerrillos>, <Patría>
y <La Muela> estaban siendo afectados por esa técnica y los
pescadores protestaban alarmados “al
ver pescado muerto encima del agua a consecuencia de los explosivos.”
El
27 de octubre la Armada resuelve el asunto posicionándose con los
pescadores. No sólo prohibió el uso de explosivos, sino que
solicitó a la cofradía, información sobre los perjuicios
ocasionados a los pescadores:
“De
momento y hasta nueva orden queda terminantemente prohibido el empleo
de dinamita en los trabajos de extracción del buque inglés
denominado <CLAN
MACKENZIE>.”
Y
ordena
a la Ayudantía de Barbate manifieste a la Comandancia Militar de
Marina de Cádiz la siguiente información:
“Cuantía
de los perjuicios ocasionados y número de armadores y tripulantes
afectados con el empleo de la dinamita.” Fuente:
Archivo Naval de San Fernando.
Legajo
10131. Carpeta 5, L.BUI: 132 (1947-1997), 27
de octubre de 1959.

[Ambientación] Detalle
de un trozo de nuestro litoral. Fuente: Carta Esférica de la Costa
de España desde Cabo San Vicente hasta Punta Europa, 1786. Vicente
Tofiño de San Miguel.
Cuando
tiene lugar esta reclamación el <CLAN
MACKENZIE> estaba
siendo desguazado por un tal IGNACIO
DOMÍNGUEZ DE VIDAURRETA Y ZÚÑIGA.
No sabemos si asociado con CARLOS
CALVO CHOZAS
o por su cuenta. En cualquier caso no debe escandalizarnos el uso de
explosivos como técnica para el desguace, pues era un procedimiento
habitual en esa época.
Según
se desprende de la documentación consultada sobre el <CLAN
MACKENZIE>, en
noviembre de 1962, pasó a propiedad de una empresa llamada
<Novaferrum, S.A.>. Dos años más tarde esta empresa solicita
permiso para proseguir con los trabajos de extracción y recuperación
de los restos materiales del buque.
El
24 de septiembre de 1964 la Capitanía General del Departamento
Marítimo de Cádiz autoriza una nueva campaña de desguace sujeta a
una serie de condiciones. Se limita la actuación entre los meses de
septiembre de 1964 a abril de 1965, evitando así coincidir con la
campaña de la almadraba. Se autoriza el uso de explosivos con el
compromiso de la empresa de indemnizar a los pescadores, y se someten
los trabajos a vigilancia por parte de las autoridades de la Armada.
La consulta documental no ha arrojado más información del <CLAN
MACKENZIE>. No
cabe duda de que este magnífico buque fue deshecho a conciencia. Su
última evidencia permanece en forma de unas pocas chapas bajo el
agua de las LAJAS DE CONIL.
FINAL
DE ESTA ENTRADA
Fuente:
“BAJO
LAS COLUMNAS DE HÉRCULES: naufragios de vapores mercantes, Cádiz y
Ceuta, 1837-1939”,
Alejandro
Gandul Hervás.
Ediciones Suroeste, 2024. ISBN:
978-84-122907-8-3.